CAPITULO XIII
Había pasado toda la noche cuando Haka pudo abrir los ojos, vio a Kaze a su lado en la cama. Estaba jugando a pasarse de una mano a otra una esfera de aire, la cual ella apenas podía ver pero que en cambio él si que podía y estaba empezando a acostumbrarse a ello como si fuese algo normal. Pudo comprobar que se encontraba en su propia cama, tumbada en la cama con un camisón puesto y con una colcha azul pálido por encima. Al ver que Kaze estaba tan concentrado no sabía si debería decir algo, pero fue él quien lo dijo.
- ¿Ya estás despierta, bella durmiente?- le dijo él sin dirigirle una sola mirada.
- Si… - afirmó ella confusa- ¿Qué ha pasado?
- El profesor de dejó inconsciente de un golpe.- Aclaró Kaze- También a Inabi, pero ya se ha recuperado y está por ahí causando problemas.
- Bueno, la próxima vez estaremos los cuatro.- dijo ella incorporándose- Tenemos que avisar a Daichi de que se una en el próximo combate, ha sido entretenido.
- Hay un problema respecto a Daichi…- dijo Kaze.
- ¿Qué pasa?- preguntó ella temiéndose lo peor- ¿Qué le ha pasado?
- Se ha marchado de la casa por su cuenta.- explicó Kaze- dejó una nota en su cuarto diciendo que iba con Zen. Ponía que no confiaba en Ankoku y que por ello iría con Zen a todas partes si fuera necesario.
- ¿Se ha vuelto loca? Ese capullo es demasiado para ella.- preguntó Haka- ¿Qué es lo que hará el profesor al respecto?
- Nada.- respondió secamente Kaze.
- ¿Cómo nada? ¿La ha dejado irse así sin más?
- Ella ha salido por la ventana a través de una planta que ella misma invocó.- Explicó Kaze- Pero no obstante, estoy seguro de que la hubiera dejado marchar igual.
- ¿Qué la hubiera dejado marchar igual?- preguntó ella.- Se supone que estamos aquí para aprender a dominar nuestra magia porque somos los elegidos. ¿Si nos vamos que nos queda?
- Nos queda el futuro. – Respondió Kaze- nosotros debemos salvar el mundo. Eso significa que no podemos morir hagamos lo que hagamos.
- Claro que podemos morir- cortó ella- La profecía dijo que debemos entrenar aquí y aprender la magia con el profesor. Si no cumplimos esa parte de la profecía lo cambiaremos todo, y entonces podemos morir antes de lo esperado.
- Quizás tengas razón pero tu y yo no podemos hacer nada, Haka.
- Claro que podemos- ella le dirigió una mirada con sus ardientes ojos- vamos a buscarles.
- ¿Estás loca? – respondió Kaze- Si hacemos eso nosotros mismos también correremos un peligro de poder morir.
- Debemos estar los cinco. Eso es lo importante para cumplir la profecía y desde que se fue Zen las cosas se están resolviendo de un modo diferente. Incluso podría haber muerto en el entrenamiento con el profesor, ese golpe ha estado a punto de matarme.
- El profesor no nos matará.- aclaró Kaze- Te ha golpeado secamente en un punto estratégico para dejarte inconsciente, nada más. Aquí estamos seguros.
- Piensa lo que quieras, yo me largo- sentenció Haka levantándose de la cama.
- Espera- Kaze se levantó de la silla y la sujetó firmemente. Sus ojos verde azulados se cruzaron con los ojos rojo fuego de Haka.- No puedo permitir que vayas.
- ¿Tienes idea de lo que puede pasarle a Daichi si la dejamos sola?- una llama de fuego se acumuló en la mano de la muchacha.- Si me lo vas a impedir te advierto que no te lo pondré fácil.
- No está en mis principios luchar contra mujer- explicó Kaze.- Pero no me dejas más remedio por lo que…- el muchacho cerró los ojos- Voy contigo.
- ¿Qué?- respondió anonadada Haka haciendo desaparecer su bola de fuego- ¿de verdad vas a venir?
- Si, voy contigo- dijo Kaze- vayamos a buscar a Inabi para que venga con nosotros e informemos al profesor.
- No quiero meter a Inabi en esto- dijo ella- odia demasiado a ese capullo como para dejarle ir con nosotros.
- Tienes razón, es mejor evitar peleas innecesarias.- razonó Kaze- pero no obstante es mejor avisar al profesor.
- No es necesario avisar a nadie- dijo el profesor desde la puerta.- Vosotros dos no iréis a ningún sitio solos.
- ¿Cómo?- preguntó Haka- ¿Y Daichi y Zen si pueden?
- Ellos están con Ankoku.- respondió el profesor- confío plenamente en él para la protección de Zen, y por lo tanto de Daichi.
- ¡Pero profesor!- reprochó Kaze- ¡Yo he visto el combate que efectuó contra él! ¿Cómo es posible que confíe en él?
- Tú viste el combate, pero no escuchaste porque se efectuó. Vino a pedirme que le dejase entrenar a Zen. Yo me negué a que se lo llevara porque no pensé que fuese tan buen mago, por eso combatimos, todos mis poderes contra solo su poder de agua. Me derrotó limpiamente, pero no obstante, como ya dije, nunca me hubiera matado.
- Pero no obstante está confiando en…- Haka quiso decir “ese capullo” pero el profesor la cortó con algo que la sorprendió.
- ¿En quien mató a Denki?- contestó Tsuyoi.
- ¿Cómo sabe eso? –preguntó Haka sorprendida- ¿Cómo sabe lo de mi hermano?
- Los oráculos profetizaron que Denki podría ser uno de los cinco elegidos del mal. Por eso tu padre ordenó a Ankoku que Denki muriese.
- ¿Qué mi padre hizo…?- Haka no paraba de estar sorprendida por las cosas que escuchaba.
- Oye, no me estoy empanando bien de la movida… ¿Quién es el tal Denki?- preguntó Kaze.
- “Haka la mayor, Denki el mediano, e Inabi el pequeño. El fuego y el rayo, son elementos hermanos por naturaleza, ¿Pero quien sería el tercer hermano? El enviado de Moholva.” Así fue como los oráculos profetizaron el mal que habitaba en él.- explicó el profesor.- El pueblo se levantó en revueltas pidiendo al señor Funken que le matase. Pero tu padre, Haka, no tubo el valor de hacerlo, por eso le pidió a Ankoku que lo hiciera. Creyó conveniente que debía ser alguien cercano a la familia para que ni tu, ni Inabi sospecharais.
- Pero Denki no podía ser…- ella no podía creerlo todavía.
Haka empezaba a sentirse eufórica, parecía que por fin la persona que le había traicionado lo había hecho por una buena causa, por ella. Todo era como si en un puzzle, del cual acababa de reunir todas las piezas, se encajaran solas, para ella. Estaba temblando, los nervios le podían, nunca ella se paró a pensar porque había matado a Denki, y en cambio ahora todo encajaba, las palabras de Ankoku: “Si, le maté. Pero lo hice por vuestro bien. El viejo no os ha explicado muchas cosas, seguro que él sabe porque Denki tenía que morir.”
- Los oráculos nunca dijeron que él fuese un elegido del mal, pero si un aliado al que no podríais enfrentaros fácilmente. – aclaró el profesor.
- Pues ya es un motivo más para que vaya- finalizó Haka- Llevo mucho tiempo equivocándome con Ankoku, tengo que pedirle perdón por todas las veces que le he llamado “ese capullo”.
- Y yo iré con ella, profesor- sentenció Kaze- si confía en nosotros déjenos ir.
- Sois todavía dos niños y apenas sabéis nada de la magia que albergáis dentro.
- Somos jóvenes- retocó Kaze- y como jóvenes tenemos que hacer locuras en la vida para aprender de nuestros errores.
- Tú mismo lo has dicho, es una locura- respondió Tsuyoi- ¿Por qué os voy a permitir ir?
- Porque te derrotamos en el entrenamiento.- sonrió Kaze.
- ¡Apenas estaba aplicándome al 100%! –protestó el anciano- y no podríais hacer nada si no os hubiera ayudado Kirei.
- Eso es cierto- amortiguó Kaze- pero ¿a quién le importa? ¡La victoria fue nuestra! Déjanos irnos como premio por haberte derrotado.
- Yo ya he dicho mi respuesta.
- ¡Si no nos deja ir nos fugaremos!- amenazó Haka.
- Vigilaré la puerta noche y día para que no salgáis de esta casa.- dijo el profesor abandonando la habitación con un portazo.
- Bueno, ya está avisado… ¿Nos vamos?- dijo Haka abriendo la ventana.
- ¿No has oído que no…?- preguntó Kaze.
- Le avisamos, ¡el que avisa no es traidor.- Aclaró Haka.- Puedes volar, ¿no es así? Pues vuela por la ventana.
- ¿Y tu?- ¡Tu no puedes volar!- respondió Kaze.- Y no puedo llevarte en brazos, el peso es demasiado, no creo que pueda.
- Saltaré, y tú me cogerás.- aseguró Haka.
- Está bien, lo intentaré…
Kaze voló por la ventana, como ya estaba aprendiendo a hacer y consiguió salir al exterior. Apoyó sus dos pies en la fina hierba y vio que no había moros en la costa. Haka, aprovechó que Kaze había salido para cambiarse. Se puso una camiseta negra de tirantes con la cual iba enseñando gran parte de su espalda y unos vaqueros ajustados que hacían remarcar su trasero. Se puso las botas más cómodas que encontró en su armario y asomó su cuerpo por la ventana. Se apoyó sobre el alfeizar y miró hacia abajo. El miedo le podía, y no se atrevía a saltar, pero Kaze la incitaba a ello porque podían ser descubiertos de un momento a otro. El fuego ardía en su interior, cerró los ojos e intentó volver atrás, pero entonces su pié trastabilló y vio como su cabeza iba a estamparse contra el suelo cuando entonces todo se iluminó en luz, fuego, y se mantenía sostenida en el aire. Kaze la miraba boquiabierto. Dos luminosas alas de fuego brotaban de la espalda de Haka y la mantenían flotando. Sin saber porque, Haka se alegró de haber escogido esa camiseta con la que enseñaba media espalda; quizás esas alas le hubieran quemado otra camiseta y hubiera sido terrible, sobre todo delante de Kaze. Planeó hasta el suelo y su miedo se desvaneció, las alas de fuego desaparecieron al instante.
- ¿Cómo has hecho eso?- preguntó Kaze que no daba crédito a lo que acababa de ver.
- ¿Si te digo que no tengo ni idea me crees?-respondió ella.
- El viaje nos ayudará a conocer mejor nuestros poderes- sentenció Kaze- ¿hacia donde nos dirigimos?
- Hacia el norte, a la ciudad de Ankoku y Zen. Seguro que han ido hacia allí.
- ¿estás segura que se dirigirán hacia allí?- preguntó Kaze.
- No. Pero hay cosas que me gustaría investigar.
FIN DEL CAPITULO XIII