
APELLIDO: Fukuro
ELEMENTO: Viento
EDAD: 17 años
LE GUSTA: Dejarse llevar.
NO LE GUSTA: Ser el mayor.
TÉCNICAS: Ninguna.


CAPITULO 5
Daichi vio irse a Inabi de la habitación mientras ella y Kirei arrancaban las enredaderas que habían brotado por las paredes y las metían en las bolsas. Algunas eran fáciles de arrancar, pero otras se habían aferrado fuertemente con sus raíces a las paredes, y quedaban pequeños brotes. La gran rama que había atacado a Haka, se mantenía cercana a la puerta, achicharrada en el suelo y ahogada por el agua que inundaba parte del pasillo y las habitaciones. Daichi se preguntaba como había podido hacer ella eso, si estaba dormida cuando todo eso brotó en su lecho. Su camisón blanco estaba algo sucio de tierra surgida al arrancar las plantas de raíz. No comprendía que había sucedido, porque el profesor había dicho que no había nada especial en la sopa, pero ella había hecho eso, solamente esa noche, ninguna noche anterior le había pasado, y no le parecía que encima esas cosas ocurriesen cuando sus compañeros también daban signos de tener realmente poderes, Daichi seguía convencida de que no tendría que ser una sopa normal. Mientras pensaba, se detuvo en un pequeño hierbajo que sobresalía bajo la alfombra blanca que ahora parecía verde grisaceo por la humedad y el tono natural que su poder había hecho crecer por toda la habitación. Agarró el pequeño brote y entonces una voz le paró:
- ¿No escuchas el dolor de esos brotes cuando los arrancas?- dijo el anciano empujando la puerta y viendo todo el desastre- Tus sueños acabaron por hacer lo que tu no hacías ayer por la tarde.
- ¿Mis sueños han…? – Daichi no daba crédito a lo que escuchaba, ¿eran sus sueños los que habían hecho eso? Arrancó el pequeño brote y lo tiró a la bolsa que Kirei y ella estaban llenando- No puede ser… Los sueños son solamente…
- Claro que si, solamente sueños donde lo que pasa no es real, pero, ¿recuerdas lo que te dije ayer? ¿Recuerdas que has soñado anoche?- preguntó el viejo.
Daichi hizo esfuerzos por recordar, no le costó mucho saber que dijo ayer el viejo. Tenía que aprender a escuchar, las plantas y la tierra hablan, pero es algo que el oído humano no puede apreciar. Hablar con ellas y escucharlas, eso era lo que tenía que hacer, pero en sus sueños estaba dormida, no podría haber hablado.
- No necesitas mover los labios para hablar- dijo el viejo- de echo, ellas no tienen labios- miró las enredaderas y con la palma de su mano sobre una, cerró los ojos y esta se recogió dentro del agujero del que había surgido e incluso este se cerró sin ningún problema.
- ¿Como ha…?- iba a preguntar el como lo había hecho, pero el viejo no la dejó terminar la pregunta.
- Pidiéndoselo- dijo el Sugüi- por favor, es como les gusta. ¿Le has pedido por favor que viniesen en tus sueños, verdad?
- ¿Qué? No recuerdo que he soñado esta noche…- dijo Daichi pensativa.
- Pues piensa un poco, a ver que encuentras en tu mente.-dijo el profesor- Retírate Kirei, creo que es mejor que sea yo quien arregle esto. Quería que fuese ella misma quien le pidiera a las plantas que se vayan, pero necesita replantearse todavía como lo ha hecho. Haré esto con mi magia.
- De acuerdo profesor Tsuyoi- dijo Kirei.
Lanzando una bola de fuego de su mano hacia la bolsa de hojas y hierbajos arrancados y reduciéndolos a cenizas, Kirei finalizó su trabajo en esa habitación y se retiró dejando la puerta entreabierta. Daichi vio como Sugüi cerraba los ojos y apoyando sus manos en una de las paredes hacia que las plantas tomasen un tamaño mucho mayor, y el agua desaparecía. Acto seguido, todas las plantas recogían y la habitación volvió a ser humilde y como nueva. Daichi estaba sorprendida por el poder del viejo, no solo había retirado las plantas si no que había secado el suelo. Se preguntaba el como lo había hecho, pero el viejo ya estaba respondiendo.
- Les pedí que absorbieran todo el agua- explicó- por eso crecieron. Luego les pedí que volviesen a sus lugares.
- Usted controla este poder también ¿verdad?- preguntó.
- No, domino un poco de cada elemento. Se puede decir que soy un mago bastante experimentado en todos los campos. Por eso puedo educar a cada uno de vosotros cinco, por eso se lo que debe de hacer cada uno.
- ¿Y que debo hacer, profesor?
- Recuerda tu sueño, reflexiona sobre lo que has soñado. Cuando lo hagas, te darás cuenta de porque han aparecido las plantas.
- ¿Usted sabe lo que he soñado?- preguntó Daichi sorprendida- ¿Cómo sabe que tiene que ver con mis sueños?
- Te dormiste y tu habitación era una habitación, al despertar era una selva. Ayer estuviste toda la tarde rodeada de plantas, intentando hablarles, pero no escuchabas sus palabras. Potenció tu magia a tal punto que en tus sueños si que te escucharon.- el anciano profesor sonrió y se acercó a la puerta, diciendo un reflexiona antes de irse y cerrarla.
¿Pero que había soñado? Recordaba haber hablado con Kaze la noche anterior, le había dicho como todos morirían en la guerra. Como ellos cinco eran los últimos que iban a quedar, y por eso estaban aprendiendo a usar la magia. Recordaba que soñó con lo que le dijo, vió a sus familiares irse, armados, vistiendo túnicas de guerra especiales para soportar la magia, y partiendo hacia la guerra. “¡Venid aquí!” Recordó que les dijo a ellos, pero como no le hicieron caso volvía a repetir esa frase una y otra, y otra, y otra vez, y diciendo cosas parecidas para invocarles y que se girasen a mirarla, aunque haya sido en vano, porque cuando se dio cuenta, estaba sola en la oscuridad, todo de color negro a su alrededor. Daichi miró a su alrededor, no estaba nadie y estaba muy tranquila porque apenas escuchaba ruidos en la casa. Parecía que todos estaban algo ocupados con lo que estuviesen haciendo. Volvió a recordar entonces, parte de su sueño, vio como su familia se iba, pero era Kaze quien aparecía en su sueño.
- No es una familia, solo son lazos de sangre lo que te une a ellos.- le decía este acercándose a ella en la oscuridad, y tomando su mano derecha con cariño.
- No es cierto- protestó ella- ellos no morirán, yo no me quedaré sola.
- No estás sola, estoy contigo- sonrió el Kaze del sueño.
- Y yo también lo estoy- dijo un Zen apareciendo a su izquierda y agarrando su segunda mano.- somos una familia ahora.
- ¡Hermana! ¿el profesor nos cuidará a partir de ahora?- dijo un Inabi apareciendo junto a una Haka delante de ella.- Pero estaremos juntos, es lo importante.
- Claro Inabi- sonreía la Haka del sueño- ahora tenemos mas hermanos que cuidar, están Kaze, y Zen.
- ¿Y yo?- preguntó Daichi sorprendida que se olvidase de ella.
- Dai, también.- le sonrió Haka-Vamos Inabi, el profesor nos espera.- dijo la Haka desapareciendo en la oscuridad, con Inabi corriendo tras ella.
- ¡No os vayáis, somos una familia, acabáis de decirlo! ¿no? ¡Esperad!- gritaba Daichi intentando correr tras ellos dos, pero las manos de Zen y Kaze la sujetaban.
- No somos una familia- le dijo Kaze con un traje tan negro como la oscuridad que les rodeaba- solamente somos los últimos magos, como tu dijiste, estamos solos.
- Acabas de decir que estamos juntos- dijo Daichi mirando a Kaze, pero este desapareció en su propia mano.
- No estás sola Dai- le sonreía Zen a su izquierda.
- Zen…- Daichi se abrazó a él- tu no desaparecerás ¿verdad? No me dejes sola.- pero bastó con apretar mas fuerte la mano que estaba agarrando para darse cuenta de que no había nadie allí.
Miró a su alrededor, todo de color negro, nadie con ella. Sus ojos rompieron en lágrimas, y clamaba ayuda, pidiéndoles que regresaran.
- ¡Zen, Kaze, Haka, Inabi!- gritaba- ¡Venid, venid conmigo! ¡No quiero estar sola, por favor!
- No estás sola- escuchó una voz decir, una voz desconocida, dulce e inocente- estamos aquí.
- ¿Aquí? ¿Quiénes sois?
- Abre los ojos y nos verás…
Entonces, Daichi comprendió. El miedo a la soledad le hizo invocar esa selva. Esa selva que la acompañaba, para que dejara de estar sola. Pero al despertar, todo estaba cambiado, se asustó y gritó. Pensaba que no era su habitación. Y al ver moverse algo, pensó que estaba en peligro, que iba a morir, porque estaba sola en una selva, y entonces acudió una rama en su ayuda. Esa rama que atacó a Haka, sin que Daichi supiera que había pedido ayuda con el corazón, porque se había sentido sola y que estaba en peligro. Pero ahora lo sabía. Estaba sola en esa habitación reflexionando su poder. Estaba sola, y no escuchaba nada en otras habitaciones.
- Tranquilidad- pensó, pero al instante rectificó sus pensamientos, mirando alrededor, pensando en su familia real- no… estoy sola. Esto es la soledad, y no me gusta, quiero que venga alguien, por favor.
Y entonces, del suelo brotó una planta que subió desde el suelo hasta su cama, posando sus hojas más verdes y más altas sobre el regazo de la chica. Ella miró la planta, sabía que lo había echo ella, que ya sabia como, ya tenía la receta. Oyó llamar a la puerta de repente, y entonces volvió a hablar mentalmente con la planta.
- Alguien me busca, ya no me siento sola, puedes irte.- pensó hacia el vegetal.
Y la planta obedeció, pero la persona fue más rápida y vio como la planta volvía a sus raíces y desaparecía dejando el pequeño agujero en nada.
- Perdona, no sabía que estuvieras en camisón todavía- dijo Zen entrando- ¿ese es tu poder? ¿Ya puedes dominarlo? Que pasada.
- Ya ves, no he tenido tiempo aún de cambiarme, pero no pasa nada.- se sonrojó Daichi mirándole con mucho cariño.- ¿Qué querías? ¿Venías a preguntarme algo?
Miró al chico de las dos coletas, esta vez iba vestido con una chaqueta azul abrochada donde podía verse una camiseta azul más clara bajo ella. Sus pantalones eran de tela, del mismo color que la chaqueta, y calzaba dos zapatillas deportivas azules y blancas.
- Estaba con Kaze hasta ahora, pero el profesor se lo ha enseñado, al parecer va a enseñarle clases de vuelo ahora y me quedé solo.
- “Y ha decidido venir a verme”.- pensó la chica para sus adentros- “¿porque sabe que siento algo extraño por él e intento pasar cuanto menos tiempo a su lado? No, no puede saberlo.”
- Y he venido a verte porque tenía que darte las gracias, cuando me despertaste por la mañana.
- No ha sido nada- dijo Daichi mientras que se mordía los labios para sus adentros de haber pensado lo que había pensado- me preocupé por ti, simplemente.
- Siempre me has parecido muy buena chica Daichi- dijo Zen sonriéndole- y según el profesor no era necesaria, pero agradezco de todos modos tu ayuda.
- No se merecen- dijo Daichi sonrojándose un poco más- Puedes llamarme Dai, Daichi suena muy largo.
- Está bien, Dai.- sonrió el chico- Supongo que tenemos que ser amigos mientras estemos en esta casa, he entablado buena amistad con Kaze, y el canijo de Inabi es muy chapas, pero le caigo bien. Haka en cambio me da miedo, no se porque no le caigo bien. Y a ti apenas he pasado tiempo contigo, así que creo que tenía que tener alguna conversación contigo.
- Pu…pues…- Daichi se sonrojaba cada vez más, no sabía que era eso que sentía por él, pero la hacía sentirse cada vez más incomoda- Claro que quiero que seamos amigos de echo yo… yo…-no sabía que iba a decir, pero se limitó a pensar “yo estoy sola con él, por favor, no se que hacer, que venga alguien”
- ¿Qué es esto? – dijo Zen mirando a sus pies como una enredadera se enroscaba sobre sus pies y le alzaba- ¡Socorro! ¡Dai, que haces!- pero la planta le tenía colgado boca abajo sin que el chico pudiera hacer nada, solamente quejarse.
- ¡Lo siento! ¡No controlo aún mi poder, no quería hacer esto! – dijo ella nerviosa poniéndose en pié e intentando sujetar a Zen. Luego volvió a intentar comunicarse con la planta “suéltale, quiero estar sola con él, por favor, pero a la vez no quiero, pero no quiero que sufra, suéltale y vete, por favor”.
La planta, en cambio, confusa por los sentimientos de Daichi, soltó a Zen de golpe, haciéndolo caer al suelo golpeando su cabeza contra el piso, y volviéndole a coger por un pie y alzarle, y repetir la operación, para al final retirarse. Daichi comprendió que las plantas no entienden los sentimientos humanos, se limitan a cumplir lo que ella pide, y que pidió estar sola por lo que le soltó, pero al decir no quería volvió, y al final la planta cedió al “suéltale y vete”. Zen estaba tumbado en el suelo, con la capucha de su chaqueta puesta, que se le había puesto automáticamente al estar colgado por la planta. Daichi corrió hacia él, se agachó ante él y le colocó su cabeza en su regazo.
- ¿estás bien? – preguntó la chica- lo siento muchísimo.
- Tranquila, veo la inocencia en tus ojos- le sonrió él mirándole sus ojos dos ojos azules como el cielo.
- Vaya…- dijo ella devolviéndole la mirada- tienes los ojos completamente negros… que bonitos.
- Los tuyos son azules y desprenden la bondad, que siempre intentas ayudarme como ya es la segunda vez que haces desde que nos conocemos.- sonrió él aun con la cabeza en su regazo.
- El color negro de tus ojos es extraño, no desprende oscuridad, a pesar de ser negro casi completamente.- dijo la chica absorta en sus ojos.
- Es que el negro es un color que absorbe la luz, por eso no ves oscuridad, porque en mis ojos solo hay luz.
- ¿Luz? – preguntó ella, “¿entonces es eso lo que siento por él?” – Entonces no dejes que apaguen esa luz, porque se apagará algo más con ella.
- ¿El que? – Pregunto Zen mirándola desde el suelo. El chico estaba cómodo, no obstante, con la cabeza sobre las piernas de la chica.
- La esperanza de los últimos, de nosotros cinco, tenemos que permanecer unidos, es lo que creo, somos una familia nueva, aunque no nos conozcamos como quisiéramos.- Quería haberle respondido “mi alma” pero no se atrevió, quería decirle que sentía algo, que le gustaba mucho ver a un chico con dos coletas y pelo azul, que le gustaba verle a él, pero parecía que él no estaba interesado en ella, ¿o si? No, ella no creía eso, solamente quería tener amigos.
- Pues te prometeré que mi luz no se apagará, no dejaré que sufras- le respondió, eso le hizo sentirse mas roja que nunca, pero como siempre, tubo que añadir algo más- ni que sufra Kaze, ni tampoco Inabi tampoco, e incluso no dejaré que sufra Haka aunque sea una borde, pero vosotros también debéis permanecer aquí.
- Prometido, estaré a tu lado siempre que quieras.- dijo ella mas seria que nunca, una seriedad que hizo que Zen tragase saliva conmovido.- Pero habrá momentos en los que no me veas, como por ejemplo ahora, que voy a ducharme.
- Te acompaño si lo deseas.- Bromeó el chico sin saber que ella estaba mas roja por momentos.
- No… no… no es necesario- tartamudeó- de echo no quiero que vengas, se ducharme sola, muchas gracias.
Acto seguido, Zen se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. Le sonrió y se fue de la habitación.
FIN DEL CAPITULO 5
CAPITULO 4
El recuerdo de Denki había vuelto a su mente, se había escapado del pequeño rincón entre el grifo y la puerta del baño de su casa donde Inabi sintió aquel recuerdo por última vez. Fingió su sonrisa de siempre, pero después del desayuno, subió a su cuarto sin decir nada a nadie y se tumbó en la cama boca arriba. Recordaba aquel día de su vida como el último día de la vida de Denki. Hacía ya un año de aquello, pero no podía haber olvidado a su hermano. Sabía que Haka, aunque se hacía la dura, tampoco había asumido esa parte, ninguno de los dos asumía que el hermano mediano de los tres, había muerto. Haka se había vuelto mas fría desde entonces, y él justamente al contrario, se limitaba a estar feliz, o a fingirlo, no quería verse rodeado otra vez de señoras viejas y gordas que le espachurraban y le intentaban animar diciendo “pobrecito, es muy duro perder a tu hermano, pero no estás solo, protege a tu hermana, porque ella cuidará de ti”. El entierro de Denki fue mucho más duro que verle morir ante sus ojos, escuchar una persona y otra, y otra más, que no conoces de nada animándote para seguir adelante. Más sabia que no tenía que hundirse, pero haber visto a Zen inconsciente sobre el agua, le hizo volver a recordar esos ojos blancos de Denki, rodeado del agua del hechizo con el que había sido asesinado. No le asustaba ver un cadáver, sin embargo, si sentirse impotente de no haber podido hacer nada cuando aquel hombre encapuchado le arrojó un hechizo de agua. Sabía perfectamente que desde entonces su hermana odia a los magos que podían usar el agua como elemento, siendo Zen el más cercano a todo ese odio. Más recordó como aquella mañana su hermana le dijo que fuera a buscar al profesor, mientras ella intentaba ayudarle. Eso le hizo ver una gran luz a Inabi, porque conocía a Zen, y sabía que él no era un asesino, sabía que no tenía la constitución del asesino de Denki. No obstante, tampoco estuvo delante cuando las primeras palabras de Haka que escuchó Zen al recobrar el sentido fueron “eres imbecil”, pero eso Inabi no lo sabía, pues ya había sido alcanzado por su propio rayo y había llegado al comedor donde el profesor revolvía con cautela la cucharilla de su café.
- Inabi- oyó llamar a la puerta al profesor- ¿Estás ahí?
- Si profesor- dijo- pase, solo estaba reposando un poco la comida.
- ¿Has sido consciente de lo que has hecho hoy?
- ¿Qué he roto esta vez? – dijo el pequeño intentando recordar- Creo que han causado más desastres Zen y Daichi en sus cuartos, pero claro, como siempre soy yo, pues ya viene todo el mundo a por mi ¬_¬…
- Me refiero a tus poderes.- dijo el viejo intentando contener la risa- has viajado a la velocidad del rayo. ¿Recuerdas lo que te dije ayer en tu entrenamiento?
- Que los rayos se constituyen solamente por 3 sentidos a desarrollar, que hay que desarrollar, que no se pueden comer, y que tampoco es aconsejable que te caiga un rayo encima, si no dominas ese elemento. Pero no me refería a eso.
- Entonces a la cosa esa del azufre y que si oigo un rayo ya no lo voy a ver y esas cosas raras.
- Cuando un rayo se crea se acumula una gran cantidad de azufre en el cielo. Ese es el primer paso.-explicó Sugüi- Luego lo puedes ver caer, una luz en el cielo, y finalmente, lo puedes escuchar al caer, o tocar si tienes la mala suerte. Nunca lo puedes oler cuando lo has visto ni puedes tocarlo o verlo cuando ya has escuchado su trueno.
- Entonces.... ¿Qué tengo que hacer?
- El sentido básico que deberías desarrollar es el olfato, también te lo dije. Es lo primero que se puede hacer ante un rayo. –explicó el viejo.- y hoy tu olfato se ha desarrollado lo suficiente durante unos instantes para que se efectuase tu poder.
- Pero yo no he olido nada antes de aparecer en el comedor- dijo el joven Inabi.
- No todo lo que podemos oler tiene un olor. –dijo Sugüi dejando al niño un poco estupefacto- Tu concretamente lo que has olido hoy es el miedo, tu propio miedo, y tu odio, tu propio odio contenido.
- Yo no tengo miedo, y tampoco odio a nadie, todos los de la casa me caen muy bien.- sonrió Inabi enumerando con los dedos- Haka es mi hermana, no puedo odiarla, y Kaze, Daichi y Zen son muy buenas gentes. La criada está buena que te cagas, y tú me pareces un viejo simpático aunque dices muchas cosas que no entiendo.
- ¿Un viejo simpático?- preguntó Sugüi entre risas- si, supongo que lo soy, y también comprendo que haya cosas que no entiendas, pero no dudes en preguntar. Pero de todos modos, tienes que odiar a alguien.
- Pero no hay nadie a quién odie. Solo a…
- A aquel que mató a tu hermano ¿verdad?- preguntó el anciano dejando al pequeño con la boca abierta- Tu y tu hermana reaccionáis muy bien al miedo, reaccionaron vuestras habilidades porque lo hicieron las de los otros y os asustasteis pensando que podría ser peligroso. Ahí están tu miedo y tu odio.
- Pero esa persona no estaba aquí, no he podido olerla, ni tampoco he olido que mi hermana tuviera miedo.
- No era el odio de Haka, si no tu propio miedo lo que has olido. – dijo el profesor con una sonrisa entre su barba- Al igual que tu odio se ha acumulado al pensar en Ankoku por algo que solo tu sabes y has olido tu propio odio. Es por ese motivo por el que tu poder se ha activado.
- ¿Con miedo y con odio?- preguntó el jovencito- ¿necesito tener miedo y odiar a alguien para poder usar ese poder?
- No. Necesitas desarrollar tu olfato- dijo el viejo recordándole- y el olor a miedo y odio que portabas en ese instante, era tan intenso que lo has captado y ha podido manifestarse. En el ambiente siempre hay azufre, y en ese pequeño instante donde se incrementaron tus sentimientos, pudiste captar una particula de azufre en el aire y tu cerebro se ocupó de activarla automáticamente mediante tu poder interior como mago.
- Aah… ¡vale! ¡Mola! Con odiar muy fuerte a Ankoku puedo potenciar mi olfato ¿no? ¡No dejaré de odiarle! ¡Y si un día acabo con su vida buscaré un método de resucitarle para que exista la persona para que yo pueda odiar y así controlar mi poder!
- Esto… creo que… no me has entendido muy bien…- titubeó el viejo.- Es el olfato lo que tienes que incrementar, no el odio.
- ¿entonces a quién odio? ¡Él es la persona con mas papeletas!- dijo el niño poniéndose en pie sobre su cama.- ¡Le mataré!
- Pero si odio y huelo mi odio puedo potenciar mi olfato y controlar mi poder- dijo el pequeño saltando sobre el suelo- Voy a concentrarme en odiarle mucho, mucho, mucho.
- Pero…- el viejo intentó decirle algo, pero vio como cerraba los ojos, apretaba los dientes, y cerraba con fuerza los puños. El niño desprendía una gran cantidad de odio que incluso Sugüi podía sentir.
- ¡Ya lo tengo!- el niño abrió los ojos y entonces un rayo calló sobre él y desapareció de repente.
El profesor no podía creer que un niño tan pequeño pudiese odiar tanto, aunque al fin y al cabo, esa persona, Ankoku, había matado a Denki, su hermano, pero… ¿tanto odio podía acumular? Para su sorpresa, había vuelto a desaparecer con un rayo.
Cuando Inabi supo donde estaba, ya era demasiado tarde. Había aparecido en la habitación de Daichi, tirado sobre el suelo, con dos pies a cada uno de los lados de sus mejillas, y sin entender como, recibiendo patadas de Kirei gritando.
- ¡Pervertido!- decía Kirei tapándose la falda porque Inabi había aparecido en el suelo, mirando hacia arriba.- ¡Eres un cochino y un…!
- ¡¡Esto no es lo que parece!!- intentó explicarse el pequeño poniéndose en pie y disculpándose- ¡no he aparecido aquí porque quise!
- Es cierto- dijo Daichi- acaba de aparecer junto a un rayo, no creo que sepa dominar aún sus poderes.
- Ahí, ahí, Daichi me defiende- sonrió Inabi corriendo a esconderse tras ella para salvarse de Kirei.- ¿Y este garito donde queda?
- Esto es mi habitación- dijo Daichi apenada- he creado esto con mis poderes, parece una jungla, pero Kirei me está ayudando a arreglarlo.
- Pues a mi me gusta- sonrió el pequeño.- Bueno, voy a vacilar un poco al profesor, que me he zapeado otra vez.
- Hasta la vista- le dijo Dai con un sonrisa y despidiéndose. Kirei se mantenía mas fría y se limitó a trabajar sin decirle nada.
Tras salir por la puerta, vio como el profesor abandonaba la habitación del pequeño. Corrió hacia él.
- ¡Profesor, profesor!- le llamó- ¡Lo viste! ¡Me transporté a la habitación de Daichi!
- Si, lo he visto…- dijo el profesor- quizás funcione contigo después de todo lo de odiar. Pero controla ese sentimiento, porque el odio y el amor son los dos sentimientos de los que se puede perder fácilmente el control y que sean ellos quien nos controlen a nosotros.
- Lo que no entiendo es porque aparecí en la habitación de Daichi si nunca estuve ahí.- quiso saber Inabi.
- Porque pensabas en algo que querías y apareciste ahí.
- Estaba pensando en mi odio hacia Ankoku.- dijo el pequeño.
- Pero no querías odiarle, querías otra cosa. Como cuando apareciste ante mi, querías avisarme, pero odiabas y tenias miedo poco a antes. Piensa que quieres, y piensa que sientes, no es lo mismo.
- Entonces ya lo entiendo, quería saber de que color eran las braguitas de Kirei- dijo el pequeño sonrojándose.- Pero no se lo diga, por favor.
- Ja, ja, no deberías pensar esas cosas, eres demasiado joven. En fin, voy a ver como les va a los demás. Práctica un poco más Inabi- dijo el anciano retirándose.- Y procura no usar tu poder para hacer travesuras como mirarle la ropa interior a las chicas o tendré que castigarte.
- ¿Si te digo que eran negras me perdonas por esta vez?- preguntó el niño con inocencia.
- …- el viejo le miró seriamente de arriba abajo- No mas travesuras con tus poderes, es una cosa muy seria.
- Está bien…- dijo el pequeño viéndole ir- adiós profesor.
- Asi que negras ¿eh?- dijo el profesor en un susurro que Inabi no pudo oir- Hasta la vista, entrena.
FIN DEL CAPITULO 4
- ¡Zen!- decía el pequeño - ¿estás ahí? ¡Está saliendo mucha agua de tu habitación!
- ¿Qué ha hecho ese idiota? – pensó para sus adentros Haka- ¿Cómo ha…?
- ¡¡Aaah!!- se oyó chillar una voz femenina, en la segunda puerta de la derecha.-¡¿Que… que es esto…?!
- ¡Daichi!- Gritó Haka reconociendo su voz- ¿Qué le pasa? Inabi, intenta resolver lo de Zen, yo me encargo de Daichi.
- Vale pero…- intentó decir Inabi, pero su hermana ya corría en zapatillas hacia la habitación de su compañera.
Al abrir la puerta, pudo ver como la habitación de Daichi era casi una selva, cubierta de plantas que surgían del suelo, colgaban por las paredes, por el armario. La cama, estaba cubierta de hojas, mas entre ellas, se encontraba Daichi asustada, mirando a todo tranquilamente.
- Ah…buenos dias…- dijo Dai recibiéndola y moviendo sus manos aprisa- Perdoname Haka, siento que te preocuparas por mi grito, pero al despertar me encontré esto así y me he asustado… pero…¿Qué es eso…?
Una planta, crecía y se movía hacia Haka, a gran velocidad. Haka, intentó frenarla, poniendo sus manos adelante, y cuando la planta llegó a las manos de esta, ardió quemada por el fuego que ella desprendía en su ignorancia. La planta, calló al suelo y se encogía formando una llama bailante en el suelo, que crecía a lo largo de la planta. En ese mismo instante, Haka escuchó como Inabi conseguía abrir la puerta de la habitación de Zen, y como un mar de agua surgía de la puerta arrastrándole, llegando al pasillo, e incluso entrando por la habitación de Daichi, alcanzando así a la planta en llamas y apagando su fuego.
- ¿Esto lo hemos hecho nosotros?- preguntó Daichi mirando a Haka que se miraba las manos con miedo- ¿Es por el efecto de la sopa que cenamos anoche?
- No lo sé- dijo Haka asustada- pero es increíble ¿no crees?
- ¡Vamos a ver como están los demás!- dijo Dai levantándose entonces de la cama, con un camisón blanco y poniéndose sus alpargatas en cada pié.
- El profesor debería habernos advertido de esto…-dijo Haka malhumorada.
Daichi, sin embargo, pasó por su lado, dejando la puerta abierta y saliendo al pasillo. Se encontró a Inabi, tirado sobre el gran charco que lo inundaba todo, con la cara asustada mirando hacia la habitación de Zen. Cuando Haka llegó hasta Inabi, para comprobar si estaba herido, vio como Zen estaba completamente inconsciente sobre el suelo de su habitación. Daichi, había entrado y le agitaba para reanimarle, pero Haka estaba más preocupada por su hermano pequeño.
- Es… es… Denki…es como… Denki…- dijo Inabi en un susurro a Haka.
- ¡Cállate!- le gritó Haka- ¡No pienses ni por un instante eso! ¡Bajo a bajo y busca al profesor inmediatamente!
- Pero Zen… Denki… - Titubeó el pequeño.
- ¡Olvidate de Denki por un momento!- chilló Haka furiosa- ¡Ve a por el profesor, rápido!
Inabi se puso en pié, y echó a correr, hacia abajo, pero sin saber como, un rayo apareció y le golpeó haciéndole desaparecer.
- ¡Inabi!- dijo Haka absorta en que no había quedado ni un solo resto de su hermano.
Se suponía que Inabi había sido llevado a la llanura de las tormentas, que más de un rayo le alcanzó en su entrenamiento, puesto que era parte de él, podría soportarlo porque estaba en sus ADN, por eso, Haka no sabía que le hacía flipar mas, que le alcanzase un rayo salido de la nada dentro de una casa, o que su hermano haya desaparecido tras algo así. No tenía tiempo para investigarlo, se preocupaba por Zen, podría morir, y ella lo sabía, porque ya lo había visto en otra ocasión. Entró en la habitación, estaba encharcada hasta arriba, y era muy similar a la de ella. Todas las habitaciones de esa casa parecían estar diseñadas igual y también decoradas. Daichi sujetaba la cabeza de Zen en su regazo, mientras que el cuerpo del chico estaba tumbado sobre el suelo y el agua, humedeciendo el pijama grisacea del muchacho.
- ¿Estás bien?- dijo Daichi a Zen, cuando vio que este abría los ojos.
- Daichi…-dijo Zen algo atontado.- ¿Qué te pica…?
- Eres imbécil- se limitó a decir Haka desde la puerta- Ella se ha preocupado mucho por ti, y creo que si no es por Inabi no lo cuentas, lo menos que deberías hacer es dar las gracias.
- Perdón…- se disculpó Zen mirando hacia los lados- ¿Por qué está todo encharcado? ¿Qué ha pasado aquí?
- La sopa, supongo- dijo Haka mirando hacia Daichi- ella tenía una selva en su habitación, y por accidente casi quemo toda la casa. A mi hermano Inabi le ha caido un rayo encima y ha desaparecido, no ha quedado ni rastro de él.
- ¿Cómo que ha desaparecido…?- preguntó Daichi que no se había percatado de eso.- ¿Está…?
- No, lo dudo, imposible.- dijo Haka- Se que no… pero… no queda nada de él.
- Está bien- dijo Zen sonriendo- ese niño es demasiado molesto como para que nos hayamos podido librar tan fácilmente de él.
- ¿Y que es de Kaze?- preguntó Daichi cayendo entonces en la cuenta- No hemos sabido nada de él en todo el día. Si a nosotros nos ha afectado la sopa, a él también… ¿Está en su cuarto?
- Vayamos a ver- dijo Zen levantando su cabeza de encima de Daichi. Se dio cuenta entonces de lo cómodo que estaba, pero su amigo Kaze le preocupaba.
Haka, Zen y Daichi, se acercaron a la puerta de Kaze. Fue Haka quien puso la mano sobre el pomo y giró, para abrir la puerta. Dentro, pudieron ver como Kaze les esperaba despierto, tranquilamente vestido con uno de sus trajes puesto, cruzado de brazos.
- Bienvenidos- dijo el muchacho- Alborotáis mucho por la mañana.
- Kaze ¿estás bien? ¿Has notado algo extraño?- le preguntaron sus compañeros sorprendidos al ver la tranquilidad que reposaba en la habitación.
- Pues si con algo extraño os reveréis a que mis pies no están tocando el suelo, pues si.- Dijo Kaze señalando como sus pies estaban a unos centímetros del piso.
- ¡Estás volando!- gritaron los tres al unísono flipando con su compañero.
- Me he dado cuenta, y no creáis que me hace mucha gracia.- respondió Kaze con un tono un poco amargo- da la sensación continuamente de que me voy a caer de un momento a otro.
- Al menos, no has desaparecido como Inabi- bromeó Zen. A Haka no le hizo ninguna gracia este comentario pero se mordió la lengua y cambió de tema.
- Deberíamos ir a ver al profesor, que nos explique todo esto, porque no es para nada normal, no es algo que pase todos los días.
Cuando bajaron las escaleras encharcadas, se dirigieron al comedor. Kaze flotaba, hacía como si nadaba por el aire. No es que estuviese maravillado por sus poderes, es que no encontraba otra forma mejor para desplazarse. Por el camino se cruzaron con Kirei que portaba una fregona y un cubo para ponerse a limpiar todo ese lío. Al llegar los cuatro muchachos al comedor, pudieron ver el viejo estaba tranquilamente tomando un café, con una tostada en la mano y charlando con alguien a su lado. La persona que estaba ahí no era otro que Inabi, que se había unido al desayuno y había pasado de volver al piso de arriba.
- Hola chicos – sonrió el pequeño- puedo transportarme si me cae un rayo, que flipe. Mirad donde he llegado a parar.
- ¡Profesor!- chilló Haka enfurecida- ¿Cómo puede estar así de tranquilo con lo que acaba de pasar? ¡Pudimos haber muerto!
- Nadie se muere por ser atacado por una planta, Haka- dijo el anciano tragando un trozo de tostada.- Al no ser que la maneje un mago experto, pero Daichi aún necesita mucho entrenamiento.
- Tal vez no maten pero…- Daichi iba a decir algo, pero sabía que ese viejo ya tenía respuesta.
- Tarzán se crió en la selva, no te va a pasar nada por despertar en tu cuarto decorado un poco al estilo salvaje. Kirei se ocupará de ponerlo todo en orden.
- ¿Y que hay de mí? –protestó Zen- Tengo entendido que casi me ahogo mientras dormía.
- Eres un mago de agua, puedes respirar bajo ella.-le respondió el viejo tras pegarle un trago a su cafe- Has estado horas sumergido, ya deberías haber muerto si fueras normal.
- Ejem- Kaze flotaba al lado de Inabi, acercándose al viejo.-Quiero bajar.
- No tienes más que inclinar tus pies de forma que el talón y solamente el talón sea la parte más cercana al suelo de tu cuerpo. Tu cuerpo se posará instantáneamente.
Kaze siguió las instrucciones y pudo posarse en el suelo.
- Escucha viejo- Haka se acercó a él y cogió por la solapa de la camisa que llevaba ese día el Sr. Sugüi- No estoy dispuesta a aguantar estas tonterías todas las mañanas, no creo en la magia y quiero que paren ya tus trucos de mago.
- ¿Mis trucos de viejo? – sonrió el maestro- Habéis sido vosotros mismos quienes habéis hecho esos conjuros gracias a los frutos de vuestros deseos.
- Nos has envenenado con esa sopa mágica de anoche.- Reprochó Kaze.
- Se llama sopa mágica, pero es solo un nombre. Pero alguien sin conocimientos de magia podría hacerla, no tiene ningún misterio en su receta. Pero la gracia de la sopa es que os ha hecho creer que realmente era mágica y que vuestros deseos mágicos han aumentado desde entonces.
- ¿Entonces no era mágica?- preguntó Inabi decepcionado- ¿Me he comido 4 platos y mi poder mágico no ha aumentado?
- Un mago no se forma por lo que come.- respondió el viejo- Comer es solamente un requisito para sobrevivir. La magia hace gastar mucha energía, y para recuperarla hay que comer. No esperaba que todos despertarais vuestra magia por la tontería de la sopa, pero eso me ahorra ya muchas cosas, sobre todo viendo de que sois capaces.
- …- Haka le soltó y se dio la vuelta- Siento haberme portado así. ¿Dice que es culpa nuestra?
- No tenéis que culparos unos a otros, si no felicitaros. Estáis aprendiendo a dominar vuestra magia, estáis siendo capaces de dominarla, y aunque no lo hagáis, ya habéis demostrado que tenéis realmente ese poder. Sentaos a desayunar.
FIN DEL CAPITULO 3
- Buenas noches – dijo Kaze saludando el primero y sentándose justo enfrente del profesor, presidiendo la mesa del lado inverso.
- Siento la tardanza- dijo Zen pidiendo disculpas y sentándose en la silla libre, junto a la chica del pelo castaño y Kaze.
- Como siempre, hay que esperar por Zen- gruñó la chica pelirroja, mirándole con un poco rabia.
- Si no hubierais tardado tanto con el entrenamiento no me hubiera dormido.- se defendió Zen intentando hacer que ella se arrepintiese de sus palabras.
- Haka, Zen, ya vale, no quiero discusiones en la mesa- protestó el viejo Sugüi- Kirai, trae la comida, por favor.
- Si señor- dijo Kirai retirándose hacia una puerta al fondo del comedor.
- Lo siento Zen.- Dijo por primera vez la chica que se sentaba a su lado, tenía la cabeza hacia abajo, como avergonzada- Es mi culpa, yo he sido la ultima en volver, me costó entender las explicaciones del maestro, mi tarea era muy dificultosa.
- Perdóname Daichi, no quería culparte a ti.- se disculpó Zen, también avergonzado por hablar sin saber.
- Profesor, profesor, profesor- llamó Inabi- ¿Cuándo nos enseñas los hechizos para pelear y defenderse? ¿Cuándo, cuando?
- Tranquilo pequeño- le calmó el profesor- Para hacer magia, primero debéis conocer los fundamentos de la magia.
- Pero yo quiero ya, profesor, ¿de que sirven esos fundamentos?- se quejo Inabi.
- Para aprender a entender a hacer magia- explicó Sugüi- no os lo puedo enseñar si no sabéis de que os hablo.
- Pero son cosas demasiado evidente profesor.- contestó esta vez Zen,- Las enseñanzas que aprendí hoy, era algo que ya sabía.
- Pero eran cosas que no teníais en cuenta- dijo el profesor firmemente.- Y tenéis que desarrollar el punto débil de cada elemento.
- ¿Me está diciendo, señor, que debo aprender a saborear el viento?- preguntó esta vez Kaze.- ¿se puede acaso hacer eso?
Todos estallaron en quejas y alaridos, protestas y lamentaciones y “es imposible” hacer unas cosas u otras. El silencio llegó instantáneamente cuando Kirei entró en la sala con una gran sopera que posó en el centro y empezó a servir uno a uno a los comensales, empezando por el mayor, y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, terminando por el más pequeño.
- Esta sopa es extraña- protestó Haka mirando una sopa de color verdoso- ¿Qué es? ¿Veneno?
- Es algo que os tenéis que comer si queréis ser poderosos- dijo Kirai retirando la olla y llevándosela- Si alguien quiere más que lo pida.
Los niños permanecieron en silencio, mirando el fluido verdoso que flotaba en sus platos, examinándolo con cuidado con la cuchara, como si les fuera a morder. Inabi se tapaba incluso la nariz, como si el olor desprendido por la sopa fuera horripilante, y en cambio, no olía absolutamente a nada. El profesor sonrió al verles con tanto miedo.
- No os pasará nada- dijo el anciano cogiendo su cuchara y hundiéndola suavemente en su sopa- solo es sopa mágica.
- Beba usted primero- dijo Kaze, instando al profesor a que les muestre que realmente no era perjudicial.
- De acuerdo- el anciano sopló, la cuchara estaba humeante y cargada de caldo, pero el humo desapareció como envuelto en la magia del soplido, y el viejo sorbió y tragó la sopa- ¿Lo ven? No es mala, podéis tomárosla.
- Hagamos lo que dice- dijo Kaze, siendo el primero en tomar el primer sorbo.
Los cuatro niños restantes, le miraron perplejos. Kaze había soltado su cuchara de golpe, haciendo que esta cayese al suelo, y se había echado sus manos a la garganta. Zen le sujetó con una mano un brazo, intentando ayudarle de algún modo, pero tenía el presentimiento de que no podía hacer nada por él. A su lado, Daichi, se había agarrado con miedo al otro brazo de Zen, con miedo del anciano que estaba a su lado, pues temía que fuera un brujo maligno. Haka, sin embargo, estaba perpleja, mirando la escena desde su sitio.
- Lo siento- dijo el viejo profesor captando la atención de todos. Kaze, levantó la vista hacia él también.
- Podrías haber avisado- dijo Kaze, pronunciando sus primeras palabras tras recibir el impacto de la sopa.
- Perdone Kaze, y siento que todos os hayáis asustado.
- ¿Qué es lo que pasa?- preguntó Zen sin entender las cosas muy bien.
- Simplemente que…- respondió Kaze- que quema a horrores.
- ¡Idiota, nos has asustado!- le reprochó Haka instantáneamente y pegándole una bofetada que le hizo mas daño que el trago de esa sopa ardiente.
- No era mi intención- la miró Kaze- me ha hecho daño de verdad en la garganta.
- Con un simple soplido el humo desaparecerá- añadió el anciano.
Esta vez, fue Zen quien mojó su cuchara y se la acercó a sus labios. Sopló suavemente y cuando iba a dar el primer sorvo…
- quiero más- le cortó Inabi.
- ¿Qué?- respondieron todos al unísono.
A Zen se le calló la cuchara de la sorpresa en su propio plato, haciendo un leve sonido agudo. Dirigió su mirada a Inabi, del mismo modo que hacía Kaze, Haka y Daichi con los ojos como platos mirando hacia él. El pequeño Inabi estaba lamiendo el plato, con una lengua pequeña y puntiaguda.
- ¿Te lo has comido todo, hermano?- preguntó Haka- ¿Estás bien? ¿Te encuentras bien? ¡Vomítalo, hazme caso y vomítalo!
- Estoy bien.- respondió Inabi- solo quiero más, está bueno.
- Lo está –dijo Kaze que ya había vuelto a la carga y empezado a comer de nuevo.
Al final, todos acabaron comiendo esa sopa. Inabi llegó a repetir hasta una tercera vez. Los otros también repitieron, pero solo una vez. A continuación, Kirai les llevó unas chuletas de cordero, que a diferencia de con la sopa, no dudaron en comerse. Al finalizar, una tarta de nata y fresa les aconteció un esplendido final, donde el profesor terminó por retirarse a dormir, y los chicos permanecieron allí sentados, charlando animadamente. Acto seguido, no tardaron retirarse para sus cuartos, a dormir y a pensar en lo que harían al día siguiente.
Kaze, al llegar a su habitación, la primera a la derecha, frente a la de Zen, se tumbó en la cama y respiró fuertemente. Había inalado aire, un aire ahogado de la poca corriente de ese cuarto. Se acercó a la ventana y la abrió. Aspiro esta vez una nueva bocanada, que le llenó de vida.
- Masticar el aire…- se dijo a si mismo.
Aspiro otra vez fuertemente, e intentó masticar el aire que inhalaba, pero le parecía completamente absurdo su reflejo en el cristal de la ventana intentando masticar algo vacío, lleno de nada. Se miró fijamente, y pudo comprobar, entonces, que tenía un pequeño arañazo en una de sus mejillas. Se tocó la herida suavemente, y sonrió.
- Haka… - dijo en voz baja a su yo del cristal- no entiendo porque ha actuado así… ¿se había preocupado por mí? ¿Me ha golpeado porque pensaba que me pasaba algo malo y al ver que era que era que me quemaba se sintió estúpida por preocuparse y quería pagarlo conmigo? Jajaja, que tonto soy, apenas me conoce, no puede preocuparse por mi, no siente nada por mi… ¿o si?
Su reflejo permanecía callado, moviendo los labios cuando él, pero no respondía. Era normal, solo era un reflejo. Se sintió estúpido ablando solo, no por hablar solo, si no por si alguien le escuchaba hablar, no por hablar solo porque lo hacía a menudo, si no por hablar así de Haka. Se asomó a la ventana, y vio entonces en la ventana de la habitación conjunta, a Daichi con lágrimas en sus ojos, mirando al bosque, en el horizonte, mientras permanecía sentada en el alfeice de su ventana.
- Daichi, ¿Por qué lloras?- preguntó Kaze al verla- ¿estás bien?
- ¿No te has dado cuenta?- respondió preguntándole.
- ¿de que estabas aquí mientras yo hablaba solo? Pues no, pero espero que no cuentes nada de que lo que has podido oír.
- Es una rara costumbre hablar solo pero no he escuchado nada de lo que decías, solo te oía murmurar.- le respondió para aliviarle.
- Bueno… ¿entonces a que no me he dado cuenta?- preguntó Kaze sorprendido.
- Al porqué estamos aquí: Tu, Zen, Haka, Inabi y también yo.
- ¿Porque estamos aquí? – Kaze, era el mayor de los cinco con sus 17 años, pero no se había parado a preguntarse eso. Se sentía impotente que una chica de 15 años le contestara a esa pregunta.
- Porque nuestros padres van a morir. Porque somos los únicos que pueden usar la magia que ese anciano nos quiere enseñar y se molesta por aprendernos.
- ¿Por qué piensas eso? – Respondió Kaze- Hay muchos magos, y nuestros padres, se han ido a la guerra, la gran guerra de la magia donde volverán sanos y salvos.
- Ellos no van a volver Kaze. Todos los magos morirán en esa guerra.- respondió Daichi- ¿Por qué si no ese hombre está entrenando cinco niños hijos de magos, uno de cada uno de los cinco elementos? Porque somos los últimos, solamente por eso.
- Pongámonos en el caso de que tuvieras razón… ¿no crees que es el verdadero motivo por el que entrenarnos y dominar esta magia que tenemos?
- Puede ser…- afirmó ella- ¿Pero no sientes pena por tus padres con lo que acabo de contar?
- Mi madre murió en el parto y con mi padre nunca me he llevado bien. Supongo que no me importa que la palme.
- No pensaba que…- ella quedó sin palabras- no se… quiero decir…lo siento…
- Al ver el tipo de ropa que tengo pensarías que era un niño mimado y que le compraban sus caprichos ¿verdad? – continuó él respondiendo por ella- la verdad que visto así casi por obligación, mas de una vez me gustaría llevar un jersey humilde y simple como los que tu sueles llevar.
- Son de mi abuela- respondió ella. Siempre los llevo.
- Tú te preocupas porque tienes una familia. Yo solo tengo lazos de sangre, por eso todo me da igual.- dijo él finalizando la conversación- Ha sido un placer charlar contigo Daichi, voy a descansar, buenas noches.
- Buenas noches también a ti Kaze, y llámame Dai, me gusta más que me llamen así, si no es molestia.
- Está bien, que descanses Dai.- dijo Kaze cerrando la ventana.
Daichi permaneció un rato pensando allí en el alfeice de la ventana. Tras comprobar que la luz de la habitación de Kaze se apagaba, recordó como cuando ese chico se quemó con la sopa, asustándolos a todos, y como ella se había agarrado inconscientemente al brazo de Zen, buscando una protección. Se quito esos pensamientos de su mente con una fuerte sacudida, y volvió a su cuarto, donde no tardó en ponerse su camisón y dormirse.
FIN DEL CAPITULO 2