Wednesday, January 24, 2007

Prólogo I

PRÓLOGO I

(Hace 1 año)

Ankoku iba vestido con un jersey de lana azul claro y unos vaqueros oscuros. Llevaba en aquel entonces el pelo por los hombros, no se podía considerar corto, pero tampoco era lo suficientemente largo para que pudiese atarse el pelo en una coleta. Había acompañado a su novia Haka a casa. Aunque él tuviese los dieciocho años recién cumplidos, la joven Haka no, y aún tenía que volver a las nueve en punto a su casa. La joven de quince años, sin embargo, le invitó como otras muchas veces a entrar a su casa, ya que había llegado un poco antes de la hora. Ankoku, como uno más de la familia aceptó a entrar, como ya hizo en varias ocasiones.

- Ankoku, ¿Qué tal estás? ¿Has cuidado de mi hermanita?- le preguntó un joven Inabi de once años.

- Si, tranquilo, la he tratado bien.- Ankoku le dirigió una sonrisa al pequeño- No me atrevería a entrar a esta casa si ella sufriera.

- Y yo te mataré si así fuera, Saigo- dijo un muchacho de 14 años apoyado frente a una puerta.- No pienses que no puedo por tener solo cuatro años menos que tu.

- No será necesario llegar a tanto, Denki- respondió con alivio Ankoku.- De todos modos no esperes que me deje morir a manos tuyas.

Denki tenía el pelo corto, y puntiagudo de color rojo fuego. Era muy parecido a Inabi pero mucho más mayor y serio. Siempre pareció no estar a favor de la relación entre su hermana y Ankoku. No obstante, Haka que veía que el ambiente estaba un poco caldeado, le llevó a su cuarto para hablar los dos a solas.

- Perdona a mi hermano, Denki es así.- Haka le cogió de las manos y se sentó en la cama mientras él hacía lo mismo.

- No pasa nada- le sonrió Ankoku jugueteando con su pelo.- Los hermanos pequeños son un coñazo, yo también tengo uno.

- Nunca me has hablado de él ¿Cómo se llama?- Afirmó la chica- de hecho, nunca me hablas de tu familia, ni siquiera me la has presentado.

- Es que aun tienes 15 años. Mis padres no lo aceptaran, prefiero presentarte a ellos cuando seas un poco mas mayor.

- Pero ya llevamos seis meses juntos- protestó ella.

- Cariño- sonrió él- no importa eso…

- Si que importa- refunfuñó ella.

- Lo que importa es que quizás esté una temporada sin verte-dijo él.

- ¿Qué? ¿A que viene eso? ¿Porqué…?

- El profesor que me está impartiendo clases básicas me ha dicho que no tiene nada más que enseñarme, que viaje por el mundo y me entrene. Estaré unos meses fuera.

- …No… no puedes irte… yo…-Haka se había quedado estupefacta, no sabía que responder ante tal noticia.

- Yo quiero que esperes por mi.- sonrió Ankoku- volveré y seré un gran mago de agua capaz de hacer cosas mejores que esta.

Ankoku le soltó las manos y junto sus dos manos formando en su interior una esfera de agua que pronto dejó de ser una esfera y formó la figura de un corazón. Le entregó la figura de agua y Haka la sujetó en sus manos. Era agua en sus propias manos, la joven estaba asombrada por la magia.

- Es asombroso…- dijo ella mirando ilusionada la figura.

- Por eso, amor mío, quiero que me esperes.- Le susurró Ankoku con cariño.

- Claro que lo haré- le respondió ella abrazándole y besando sus labios con cariño.

No tardaron en llamar a la puerta y entrar alguien por ella. Era el padre de Haka.

- Vaya, perdón, ¿molesto algo?- dijo el hombre un poco inquieto.

- No, no- dijo Haka separándose de Ankoku rápidamente- pasa papá…

- La cena está lista- dijo el hombre- Ankoku, ¿puedo hablar contigo a solas?

- Cla…claro-dijo Ankoku sin saber que decir. Haka no tardó en irse y cerrar la puerta para dejarles hablar a solas.

- Quizás te parezca algo anormal lo que te voy a pedir.- dijo el Sr. Funken, el padre de los hermanos - pero tienes que matar a mi hijo Denki.

- ¡¿Qué?!- se sorprendió Ankoku- ¿Cómo quiere que…?

- Tú deberías saberlo mejor que nadie. ¿ya conoces el destino de tu hermano, verdad?

- Si, por eso me estoy entrenando para ser el mejor mago de agua y cambiar su destino.

- Eso no me importa, yo no se que hará la familia Saigo al respeto, pero si tengo que responsabilizarme de mis hijos.- dijo el hombre- Y ya sabes que todo se cumple.

- Los oráculos dijeron que habrá 5 elegidos del bien y 5 del mal- respondió Ankoku- Mi hermano es uno de ellos ¿Qué tiene que ver Denki en todo ello?

- Pues bien, hoy los oráculos han podido profetizar que Haka y el pequeño Inabi también serán dos de los cinco elegidos.

- ¿Haka una elegida…?- se sorprendió Ankoku- entonces… ella y mi hermano lucharan juntos en el futuro, codo con codo.

- Así es. Aun quedan dos más por profetizar, y en cuanto se descubran los cinco deberán ir a entrenar a la casa del viejo maestro Tsuyoi.

- Pero Sr. Funken, no entiendo, ¿Por qué he de matar a Denki?

- Porque es el mediano de los tres. Su existencia absorbe parte del poder tanto de Inabi como de Haka y no podrán desarrollar todos sus poderes como elegidos si él está vivo.-explicó el padre de Haka- Además… hay parte de los miembros del oráculo que apostarían a que Denki podría ser un elegido del mal. Se ha considerado que mi hijo muera y me han pedido que acabe con él.

- ¿Y porque me lo dice a mi…? ¿Qué tengo yo que ver?- preguntó Ankoku sorprendido- Yo solo estoy aquí por Haka.

- Tu no lo sabes pero Denki te odia porque estás con Haka- contó el padre.

- Me había dado cuenta de que no le caigo especialmente bien.- comentó Ankoku.

- Y no quiero que mi hijo tenga una muerte a traición. Dale un combate y mátale.

- Pero como puede pedirme esto…- se preguntó Ankoku- ¿Cómo puede desear un padre la muerte de su hijo?

- ¿Te crees que lo quiero?- el señor Funken se arrodilló ante Ankoku y golpeó de un puñetazo el suelo- ¡Mi hijo está muerto desde que el oráculo profetizó eso!

- ¡Pues si está muerto entiérrelo y déjame en paz!- Protestó Ankoku- ¿Qué tengo yo que ver?

- Solo quiero que mi hijo tenga una muerte digna y la que él desea tener.

- … no cuente con un sí. No pienso dejar que Haka ame a un asesino.- dijo Ankoku abriendo la puerta.

- Tu nombre permanecerá en el anonimato, eres casi un hijo para mi, por eso te pido algo tan desagradable y duro.

- Si mi nombre permanecerá en el anonimato me lo pensaría… no obstante ¿Qué obtendré a cambio? ¿Qué Haka sufra porque alguien matase a su hermano? No es la forma de la quiero irme.

- ¿Irte a donde?- curioseó el padre de los hermanos.

- De viaje por consejo de mi profesor de magia. Me ha dicho que tengo arte para la magia de agua, pero que necesito entrenar y que él no es un experto que pueda enseñarme gran cosa ya que el agua no es algo que se vea por aquí.

- Conozco al Maestro Wasser en persona- dijo el Sr. Funken- Es el mejor mago de agua que existe, pero vive muy lejos de aquí. Puedo conseguirte un viaje a su ciudad y hacer que te imparta clases personalmente.

- ¿El Maestro Wasser? ¿De verdad? Es un mito entre los magos de agua…-se sorprendió Ankoku- ¿Usted haría eso? ¿Es verdad?

- Ya sabes lo que pido a cambio.

Ankoku volvió a su casa. Ya eran las once de la noche cuando llegó a casa, donde le recibió su madre.

- Ank, cielo- dijo ella- ¿de donde vienes?

- De entrenar magia.- mintió el joven.

- Entrenas demasiado- dijo su madre- y tú nunca serás un gran mago legendario como tu hermano.

- Lo seré.-la respuesta de Ankoku fue fría y tajante- Que los oráculos no lo haya predestinado no significa que no lo pueda ser.

- Tienes razón, pero hijo…

- Me voy a ir de casa para entrenar. Lo he decidido, el profesor Sugüi me lo ha aconsejado y voy a aceptar.

- No me gusta que vayas a casa de ese señor a molestarle- dijo la señora Saigo- ya es un hombre mayor y la magia elemental se está echando a perder, ya nadie la usa.

- ¿Pero en cambio está bien que Zen esté destinado a ser un elegido, no es así?

- Bueno pero lo de Zen es porque los oráculos…- se defendió ella.

- ¡Los oráculos dicen esto! ¡Y lo otro! – protestó Ankoku malhumorado por esa conversación- ¡Y si los oráculos nos dicen que tenemos que tirarnos por un puente toda la humanidad se tirará!

- Hijo mío, los oráculos no piden, solo nos dicen lo que ocurrirá. Ya en el pasado se les ignoró y los hechos fueron terribles por hacerlo. Solamente respetamos lo que pasará. ¿Sabes que hoy han profetizado otros dos chicos?

- … -

Ankoku se dirigió en silencio a su cuarto, ya no sabía que mas decir, estaba cansado y malhumorado por el día tan largo que tuvo, pero aun quedaba algo que hacer. Abrió el armario y empuñó una varoja cuya empuñadura era negra. Era un regalo que le hizo su abuelo poco antes de que muriese. La desenfundó suavemente y miró la hoja. Vio sus ojos negros reflejados en el metal del arma, y pensó primero en Haka. La de cosas que haría para protegerla con el arma, y la de cosas que nunca hizo a pesar de tener esa varoja escondida en su armario. Después en su mente apareció la imagen de Zen, su hermano pequeño diciéndole que algún día será como él o incluso mejor, cosa que le frustaba ya que parecía que el destino estaba convencido de que así ocurriría. Después vio la imagen del Sr. Funken pidiéndole que matase a Denki, y vio a mil personas matando a Denki, ya que era lo que los oráculos dejaron entrever que querían que ocurriese, pero que al parecer solo Ankoku era el único que no se dejaba engatusar por ellos. No obstante, también era cierto de que solamente él podía darle la muerte mas justa a Denki.

Se había cambiado de ropa, ya que en esta ocasión vestía de negro cuando llegó a la casa de Haka y vio como el señor Funken esperaba a la entrada. Le entregó un papel, que Ankoku reconoció como un billete de tren, para ir a ver al Maestro Wasser. El señor Funken le acompañó hasta la habitación de Denki y sin decir nada más se fue. Ankoku desenfundó su arma y encendió la luz de la habitación de Denki donde el chico le esperaba despierto empuñando una varoja plateada.

- Mi padre me informó que vendrías. Lo sé todo Saigo, y se que esto no lo deseas, pero creeme, es la muerte que yo quiero tener. Al menos quiero intentar poder matarte.

- Lo siento, ya te dije muchas veces que estarás muerto antes de que te acerques a mi.

- Es ahora cuando hay que demostrarlo.

La varoja de Denki voló rauda y veloz hacia Ankoku que se protegió con la suya propia. La verdad que Ankoku estaba sorprendido ya que Denki tenía un manejo de la varoja impresionante, aunque no supiera hacer un conjuro con ella. El acero de ambas armas chascó en la habitación, Denki saltó hacia atrás callendo sobre su propia cama y Ankoku calló tropezando con una silla que había tras de él.

- Tengo la ventaja de campo-dijo Denki con una sonrisa- ¿quién conoce mejor que yo mi propia habitación?

Ankoku rozó la parte esférica de su varoja y pudo reunir en su mano una esfera de agua que arrojó con fuerza a Denki, al cual le golpeó en el pecho y le hizo caerse sobre la cama. No obstante, el golpe no fue gran cosa y pudo volver a levantarse y empuñar el acero platero para lanzarse cargando contra Ankoku. Cuando Ankoku le vio lo suficientemente cerca, arremetió con una gran bola de agua sobre él que le hizo caer hacia atrás y esta vez cayendo sobre el suelo. Ankoku le apartó la varoja de una patada y le puso un pie sobre pecho para que no se moviera.

- Adelante, he perdido- dijo Denki cerrando los ojos.

- Lo siento de verdad.- dijo Ankoku.

Ankoku disparó 7 bolas de agua sobre su rival haciéndole mucho daño. No obstante, el suelo se había cubierto de agua, pero Denki aun respiraba lentamente. Fue justamente en ese momento cuando Haka había asomado su cabeza a la puerta de la habitación de Denki a ver que ocurría y no dio crédito a lo que vio. Llevaba en sus manos el mismo corazón de agua que Ankoku le había regalado, pero se le resbaló de las manos al ver lo que vió y se hizo un charco de agua. Ankoku había optado por clavar su varoja en el pecho de Denki para darle así el punto final a su vida. También Inabi había añadido ahora su cabeza tras la puerta a mirar, ya que acababa de despertar por el fuerte estallido del metal en la habitación.

- Haka…- dijo Ankoku mirándola sorprendido- lo siento.

- ¡TE ODIO!- fueron las palabras de ella.

- Haka yo… - intentó decir él mientras sacaba la varoja del cuerpo de Denki- esto tiene una explicación... confía en mi, amor mío…

- Mi amor por ti se ha acabado. No quiero volver a verte nunca. Capullo.

- … Pues volveremos a vernos- dijo él- Contaba con que usases mi hombro para que llorases pero… bueno… mejor me voy- dijo Ankoku saliendo de la habitación.

Ni Inabi, ni Haka hicieron nada para impedirle el paso. Cuando salió de la casa, el padre le estaba esperando.

- …gracias por darle una buena muerte a mi hijo.

- Gracias a ti por hacerme perder a la mujer de mi vida y convertirme en un asesino.- respondió Ankoku.

Tras esto, se despidió fríamente cargando su varoja al hombro y caminando bajo la lluvia de una oscura y fría noche.

FIN DEL PRÓLOGO I


Wednesday, January 17, 2007

Daichi Albefiore



NOMBRE: Daichi
APELLIDO: Albefiore
ELEMENTO: Tierra
EDAD: 15 años
LE GUSTA: La naturaleza y la tranquilidad
NO LE GUSTA: sentirse sola
TÉCNICAS: Comunicarse con las plantas

Nota de la imagen: Proviene de otra imagen la cual me he permitido retocar y darle la forma de Daichi a base de Photoshop. Me ha llevado bastante curro, pero al menos ha cogido forma. Espero os guste. Gracias.

Wednesday, January 10, 2007

CAPITULO 10

CAPITULO 10

Pensaba en que quería estar sola, la situación era tensa e incomoda para todos. El profesor se había curado de sus heridas y comió junto a ellos por la tarde. Para Daichi le parecía que Kaze se portó con valentía en su momento, pero una vez volvió con el profesor se le notaba incomodo por todo, y con miedo de seguir con vida. El pequeño Inabi tardó en bajar a comer, no estaba orgulloso de haberle visto, aunque Daichi no sabía porque la sonrisa del más pequeño no estaba en su lugar correspondiente. A Haka la notaba ausente, y sobre todo bastante borde ya no solo con Zen sino con todos. Zen era el único activo y que mantenía la calma, como ella. Se les veía preocupado al principio, pero tras comer y escuchar la conversación que hubo vio como Zen mas que asustado estaba intrigado y a su vez emocionado por lo que podría pasar.

- La herida no ha sido grave.- dijo el profesor tras comer- Si la intención de aquella persona era matarme lo hubiera podido conseguir si quisiera.

- Ese capullo dijo que vendría- contestó Haka- ¿puede alguien como él atravesar el escudo?

- Solamente si su motivo para venir hacia aquí es puro y de corazón. – dijo el profesor con una sonrisa- y aunque fuese así su intención no creo que pueda entrar, de echo ya ha intentado entrar varias veces en todo el día.

- ¿Cómo sabes tu eso?- quiso saber Kaze preguntándole a Haka- ¿Cuándo has hablado con él?

- Le vimos por la ventana y nos transportamos a verle- respondió Inabi- pero ya hubiese llegado si pudiera. El profesor dice la verdad.

- Relajaos, no llegará a nosotros.- explicó el profesor seguro.

Tras un tiempo y esas palabras tan seguras del profesor, todos se fueron del comedor y se dirigieron cada uno a hacer sus quehaceres. Daichi se había levantado y acercado a la ventana. Fue entonces cuando le vio. Era un joven con una larga melena negra, vestido con una sudadera de color azul oscuro, pantalones del mismo color, y que portaba una varoja cristalina con el mango negro en su mano derecha. Veía al tipo intentar avanzar y como unos rayos de energía se lo impedían. Ese era el famoso escudo que protegía a la casa. Entonces vio como el joven le devolvía la mirada, una mirada negra y fría que le hizo correr la cortina para no ser vista, aunque sabía perfectamente que él la había visto.

- ¿Qué miras? – dijo de pronto una voz tras ella.- ¿estás bien Daichi?

- ¡Ah…!- se sobresaltó ella- Zen… eres tu… ¿Qué haces aquí?

- Me preguntaba que estarías haciendo- sonrió él- ¿sabes que? Tú y yo somos los únicos que no sabemos nada de ese tipo. Yo tengo intriga por saber como será. ¿Y tu?

- … la verdad que mejor no saber nada de él- Daichi le dirigió miedo en una mirada y pudo ver la mirada del asesino en los ojos de Zen, la misma negrura como dijo Haka, pero en cambio de unos ojos fríos, Zen respondía con un calor que la llenaba de seguridad. No, para nada tenían los ojos igual, Haka se equivocaba, solamente eran del mismo color, Zen no tiene nada que ver con ese asesino.

- Ya lo sé- sonrió Zen acercándose a la ventana y abriendo la cortina.

Daichi miró a través de la ventana pero ya no había nadie allí. Zen en cambio dirigió la mirada a un árbol del jardín.

- ¿estabas comunicándote con ese árbol? – dijo Zen sonriente- se que puedes hablar con las plantas, es tu poder al fin y al cabo.

- No, no era eso…

- ¿Entonces cual es el problema?- la examinó Zen- te noto nerviosa, ¿Qué te pasa?

- Estaba aquí, ese hombre estaba aquí, el tipo del que todos hablan… ¿Cómo se llamaba?

- “Ese capullo”,- respondió el chico- la verdad que no he llegado a escuchar su verdadero nombre, pero es como le llama Haka.

- Pues ese capullo estaba aquí, en la ventana, intentando atravesar el escudo, pero no podía.

- Entonces no tengas miedo- sonrió Zen con una nueva sonrisa que animó a Daichi- ya sabes que no podrá pasar si no tiene un motivo puro y de corazón para venir aquí. ¿Y que es lo que ese tipo querrá? Seguro que viene a robar algo del viejo. No será más que un ladrón.

- Pero de todos modos tengo miedo de que pueda hacer algo y entrar-en este momento las lágrimas de Daichi explotaron y se abrazó a Zen- tengo miedo de perderos a todos.

- Yo voy a estar contigo.- dijo Zen devolviéndole el abrazo y no perdiendo nunca la sonrisa.

- “No estás sola”- recordó Daichi en su mente las palabras de las plantas.

- “No pienso perder a mis compañeros”- se dijo en pensamientos Daichi mientras se abrazaba mas fuertemente- “y quiero proteger a Zen y los demás como sea.”

- Venga, Dai, cálmate…- intentó calmarla Zen al sentir el abrazo mas fuerte- confía en nosotros, estaremos contigo, yo por lo menos.

- “Toma esto”- respondieron las plantas mentalmente a la joven que sintió aparecer algo en su mano- “dásela a este chico y siempre que esté en apuros podremos saberlo para ayudarle, si tu estás lejos o indispuesta”.

- Zen…-dijo Daichi- quiero darte esto…- dijo entregándole una flor que ni ella misma sabía como llegó a su mano.

- Vaya…-dijo Zen confuso- la iré a poner en agua y la regaré todos los días.

- No, no –dijo Daichi colgándosela del cinturón- con esta flor podré protegerte siempre que no estés cerca.

- Siempre estaré cerca- le respondió.- Además que Haka, Inabi, Kaze, el profesor o Kirei van a seguir a nuestro lado también mientras tengamos que entrenar en esta casa.

- Nunca se sabe- suspiró ella- por eso mismo quiero que la tengas.

- Está bien- dijo él- yo no tengo nada para saber cuando estás en peligro pero aún así vendré. ¿vale?

- ¡Vale…!- sonrió ella abrazándole mas cariñosamente.

Pero fueron interrumpidos por algo que sonó: DING DONG. ¿No se supone que no podía pasar el escudo? Será otra persona, eso es lo que pensó Daichi, pero todo el mundo corrió al recibidor a saber quién era esa persona. A todos les hervía la sangre, a unos el odio, a otros el miedo, a otros la intriga, y a otros simplemente porque esa puerta tenía que ser abierta simplemente por cortesía de no hacer esperar a la persona que estaba al otro lado. Por supuesto, fueron camino al recibidor, pero ninguno se atrevió a salir de su escondrijo. Haka e Inabi miraban a través de las escaleras, asomando sus cabezas con intriga e irritación, preparados para cualquier cosa. Kaze sin embargo se mantenía junto a la puerta del baño con los brazos cruzados y con cara de seguridad. Mientras que ella y Zen se habían limitado a asomar su cabeza entre las dos puertas corredizas del gran comedor.

- Dejadme paso- dijo Kirei tras Daichi y Zen- tengo que abrir la puerta.

- Per…perdona- dijo Daichi haciéndole un hueco.

Una vez pasó, volvieron ella y Zen a su posición y observaron como el profesor bajaba las escaleras sin prisa.

- Puedes abrir la puerta, Kirei.- dijo el anciano.

- De acuerdo.

Lo siguiente fue todo demasiado rápido. Al instante que la criada Kirei abrió la puerta y se retiró unos pasos para dejar entrar al invitado, Inabi apareció junto a un trueno ante la puerta, y llevando con él a su hermana que disparó con fiereza una poderosa bola de fuego que golpeó en la persona que ni Daichi ni Zen pudieron ver, pero que dedujeron quien era. Acto seguido, los dos hermanos volvieron hacia atrás con un segundo rayo y Kaze se ocupó de volar raudamente empujando al invitado hacia atrás que volvía a intentar entrar y cerrando la puerta de un golpe. El brazo de la perdona hizo ver a Daichi de quién se trataba, y sorprendida y asustada se vio pidiendo ayuda y un arbusto nacía de la nada tapando la entrada y que no tardó en cubrir la puerta impidiendo así que la puerta se pudiese abrir.

- “que no entre, por favor”- había dicho Daichi en su subconsciente- “que no entre”.

- ¿Lo has visto? – preguntó Zen a Daichi- yo no he podido verle…

- Muchas gracias por demostrar vuestros aprendizajes con el invitado- dijo serio y ha la vez enfadado el profesor- ahora dejémosle entrar.

- ¡Pero profesor!- se quejó Haka bajando las escaleras- ¡Ya has visto quien era!

- No podemos abrirle la puerta bajo ninguna circunstancia- protestó Kaze.

- ¿Y porque no? Solo puede atravesar ese escudo con una razón pura y de corazón.- sentenció el profesor.

- ¡Pues entonces será que nos quiere matar de todo corazón! – se lanzó Inabi a la defensa de sus compañeros.

- En ese pensamiento no hay pureza.- explicó el profesor- Y el escudo está activado por toda la casa también, en el momento en que piense en mataros, haceros daño, o algo similar el escudo le rechazará y será nuevamente expulsado de esta casa automáticamente.

- Pero eso no funciona nunca con nosotros- razonó Haka- y yo he querido matar a Zen, y continúo aquí dentro.

- Con vosotros cinco no funciona el hechizo, tampoco contra mi ni contra Kirei.- comentó Tsuyoi- Daichi, aparta esas plantas.

- Pero profesor…- ella y Zen se acercaron también al recibidor, donde estaban todos- si…

- Escuchémosle, quizás tenga algo que contar.-dijo Kirei- Confiad en lo que el profesor Sugüi, antes de que empuñe su varoja sería expulsado por el escudo de la casa.

- …está bien- dijo Kaze cediendo.

- De acuerdo- dijo Haka bajando la cabeza.

- Pues…- Inabi sacó de su bolsillo un cuchillo que consiguió en la cocina, con la punta redondeada y con el que sería difícil matar a alguien- pero si ese ser se acerca a mí, le mato ¿está claro?

- “apartaos”- pidió Daichi a las plantas con el poder de su mente.

Todos permanecían mucho más tensos. Se habían sentado Daichi, Inabi, y Haka en los escalones de la casa cubriéndole las espaldas al profesor, mientras que Kaze volvía a adoptar una postura segura, apoyado en un marco de las escaleras y sostenido sobre un pie y con los brazos cruzados, como siempre solía ponerse, con los ojos cerrados y seguro que los problemas no habían hecho mas que empezar. Zen en cambio se mantenía sujetando el otro marco de las escaleras mientras miraba hacia la puerta con seguridad, pero aún intrigado de saber quien estaba por entrar. Cuando el arbusto desapareció volviéndose a enterrar bajo la tierra. El suelo de la casa volvió a auto azulejarse por su propia cuenta mientras que el profesor que lo examinó sonrió con orgullo de un hechizo que posiblemente haya echado a la casa para que se auto repare por su cuenta.

- Abre la puerta, Kirei- dijo el profesor.- Y vosotros, espero que no volváis a causar otro accidente como el de ahora.

- Lo sentimos mucho profesor- contestaron todos al unísono, incluido Zen que sin haber hecho nada, se sentía tan culpable como sus compañeros.

- Pase.- dijo Kirei abriendo la puerta.

Y allí estaba, Ankoku, con su negra mirada y fría, en la puerta. Tenía una gran herida en su hombro izquierdo, que seguramente le acababa de causar Haka con su bola de fuego pero que él mismo se estaba curando: sujetando una esfera de agua en su mano y apoyándosela sobre la parte dañada. Se había recogido el pelo en una coleta, para parecer más formal, quizás, pero su mirada seguía siendo la misma, igual de fría y heladora.

- Hola a todos. – Saludo Ankoku con una débil sonrisa- he venido a buscar a mi hermano, a partir de ahora quiero entrenarle personalmente. ¿Estás de acuerdo, Zen?

FIN DEL CAPÍTULO 10

·o· NOTA DEL CAPITULO: ¡Menos mal! ¡Por fin escribí este capítulo! ¿Os a sorprendido? La verdad que llevaba esperando este capítulo desde hace tiempo y por ese motivo no tardé en escribirlo a diferencia del último XD. Tenía muchas ganas de escribir este en concreto, y no pude antes porque estuve ocupado pero deseaba escribir este capítulo desde hace tiempo. Espero que hayais disfrutado de él, y también espero comentarios de todo el que quiera comentar algo.

·o· Por otro lado, me gustaría recibir opiniones de si os gusta que cada capítulo vaya más desde el punto de vista con uno de los 5 personajes o preferís que vaya saltando de personaje en personaje como en otra historia diferente.

·o· También podéis visitar la web, que aunque en proceso, poco a poco va creciendo:
http://www.galeon.com/5magos

·o· Muchas gracias por todo.

Pol Loirendil

Wednesday, January 03, 2007

CAPITULO 9

CAPÍTULO 9

Estaba tumbado en la cama, intentando descansar, pero el ruido producido abajo por los demás habitantes del lugar no le permitía gran cosa. Estaba agotado, pero al fin y al cabo había llegado a controlar su poder, podía transportarse a la velocidad del rayo. Inabi se levantó de un salto y decidió salir a dar una vuelta a ver que era todo ese alboroto, pero cuando se acercó a la puerta, el ruido amainó. Se mantuvo pensativo al lado de la puerta, con la mano en el pomo. “Ya se han relajado un poco” pensó, por lo que decidió abrir una ventana para que entrase algo de aire ya que notaba el ambiente al otro lado muy tenso y prefería mantenerse al margen de lo que estuviera pasando. Pero fue entonces cuando la puerta se abrió y Haka entró con cierto aire maternal que él no comprendía a que venía, pero el cual estaba acostumbrado a ver en ella cuando algo malo ocurría. Como el día cuando murió Denki.

- Pensé que estabas tramando alguna travesura- sonrió Haka acercándose a él y acariciándole el pelo.- ¿Seguro que no tramas nada?

- Este poder que estoy descubriendo llega a ser agotador… - gruñó el pequeño.

- Comprendo- sonrió ella continuando las caricias- por cierto… - de repente, el puño de ella se cerró y golpeó con fuerza la dura cabeza de Inabi- ¡Eso por dejarme caer en las escaleras!

- ¡Ah! ¡Traidora! – se quejó Inabi- ¡que daño! ¡Pensé que pasaba algo grave! ¡Eres una tramposa y una embustera!

- ¿Algo grave? ¿A que viene eso?- preguntó Haka ignorando lo que le había pasado al profesor.

- Siempre que vienes y me acaricias la cabeza es porque pasa algo malo, pero lo has usado esta vez como venganza- gruñó Inabi.

- Bueno, el profesor sufrió unas leves heridas mientras entrenaba a Kaze, pero se pondrá bien.- informó ella volviendo a acariciarle esta vez la mejilla.

- Espero que se ponga bien- dijo Inabi dándose la vuelta y mirando por la ventana.- ¡Anda! ¡Allí hay una persona!

- ¿Qué? – Haka miró tras la ventana- No… no puede ser… se supone que hay un escudo alrededor de la casa que no le permite pasar.

- ¡Está viniendo hacia aquí!- sonrió Inabi- ¿Quién será?

- Es… es…

Pero Haka no pudo decir su nombre, el fuego ardió en sus ojos, y abrazó fuertemente a Inabi junto a ella, no quería perder a otro hermano.

- Haka ¿quién es? – preguntó Inabi clavando sus ojos en el extraño.

Pero Inabi llegó a reconocerle. No era otro que el asesino de Denki. La persona a la que llevaba todo el día odiando, la persona que le ayudó a despertar su poder y el hombre que había dañado al profesor esa misma mañana. El fuego de Haka ardía en los ojos de la chica, mientras que las centellas de odio se acumulaban en los ojos del joven Inabi.

Una luz, un trueno devastador, y cuando Inabi y Haka se dieron cuenta, los dos estaban fuera de la casa, junto a otro que no era ni mas ni menos que Ankoku.

- ¿Cómo hemos…?- intentó preguntar Haka mirando hacia los lados, pero al ver a Ankoku mirándoles se ahorró las preguntas.

- ¡Tu…! ¡Tu mataste a Denki!- gritó Inabi- ¡Jamás te lo perdonaré!

- Eso no es algo que tenga que ver con vosotros dos- sentenció Ankoku dando media vuelta e ignorándoles, camino a la casa.

- ¡Claro que es asunto nuestro! ¡Vengaré a mi hermano!- Inabi se lanzó de cabeza hacia su enemigo, pero bastó con un movimiento de este para que los pies de Inabi cayesen atrapados por un charco que surgió del agua agarrando al pequeño.- ¿Qué es esto?

- Eso es para que no te muevas, canijo- añadió el asesino.- Toma ejemplo de tu hermana, que no se mueve de lo asustada que está.

Las palabras desconcertaron a Inabi, pero cuando miró hacia Haka, esta estaba quieta, temblando, mirando solo a Ankoku, sin gesticular movimiento alguno, simplemente paralizada del horror que esa persona le hacia arder en sus entrañas. Ankoku caminó rumbo a la casa, ignorando los gritos de odio de Inabi y los temblores de la chica.

- ¡no des ni un paso más! – tronó la voz de Inabi tras él.

Ankoku dio un pequeño giro para decir algo, pero Inabi ya no estaba allí atado por el agua. En cambio, una centalla calló ante sus ojos golpeándole la cara. Inabi se había transportado y le había asestado una gran patada en toda la frente que tumbó al asesino. No contento con ello, Inabi le pateó el estomago, una vez, y una segunda, y cuando la tercera patada le iba a tocar Ankoku sujeto el pié del joven, se lo retorció y le tumbó en el suelo. Ankoku se levantó sin despeinarse, cogió a Inabi por los pelos y lo tiró a los pies de Haka.

- No tengo motivos porque daros la muerte- añadió Ankoku- los motivos que me traen aquí son en son de paz. Controla a tu hermano porque entonces serás hija única.

- Inabi…- Haka escuchó las palabras de Ankoku, y se limitó a abrazar a su hermano que temblaba de rabia y dolor.- An… Ankoku…

- Veo que recuerdas mi nombre- sonrió este dando la vuelta y mirando a Haka.- Has crecido mucho, ya eres todo una mujercita.

- ¿Qué… que es lo quieres?- preguntó ella.

- Tuve una charla con el viejo y se negó a aceptar. Si luché contra él era solo para demostrarle de lo que soy capaz, pude haberle matado, pero los asuntos que me mueven hasta aquí no me permiten matar, al no ser que mi cabeza se vea seriamente amenazada.

- Tu eres un asesino- sentenció Inabi- mataste a Denki.

- Si, le maté. Pero lo hice por vuestro bien- sonrió Ankoku- el viejo no os ha explicado muchas cosas, seguro que él sabe porque Denki tenía que morir. Pero bueno, si no es por ti, Haka, no hubiera podido matarle, muchas gracias.

La chica no pudo más, saltó hacia él, alejandose de Inabi, en su cuerpo explotó el fuego y una gran bola de fuego fue arrojada contra Ankoku. Un muro de agua surgió del fuego bloqueando la bola de fuego y apagando las llamas sin esfuerzo alguno para el asesino. Este caminó hacia ella, firmemente hasta que su nariz tocó la nariz de la chica.

- Tu poder es fabuloso- le susurró- pero aún no sabes controlarlo, mi amor.

- ¿Tu amor? –preguntó Haka atragantada- Cuando mataste a Denki perdiste todo el amor que tenías, tu ya no puedes amar, asesino.

- Llámame asesino, y di si lo deseas que ya no puedo amar. – se burló Ankoku- Pero quiero que sepas que la muerte de Denki ha sido la muestra mas pura con la que he podido mostrar mi amor hacia ti.

- Si es así como lo muestras significa entonces que no conoces para nada el significado de esa palabra. ¿Sabes una cosa? Yo te amé, pero te has convertido en un monstruo.- Haka rozó la mejilla de Ankoku, pero los dos ojos negros se le clavaron en su propia mirada y se sorprendió a ella misma parando la bofetada que le intentaba dar.

- Necesitas tener otro punto de vista, no sabes nada- sonrió Ankoku juntando sus labios a los de ella.

Haka sintió el calor de los labios de Ankoku junto a los de ella, y era sensación que le hacía apagar todas sus emociones, era como si el odio, y el miedo que sentía se evaporasen en ese mismo momento. Pero ella intentó concentrarse, pensar en quien era la persona que la estaba besando, pensando en el asesino de Denki, pensando que era él, el verdadero motivo de su miedo y odio que Zen recibía injustamente. Pero ese beso duró menos de lo que ella esperaba. Inabi se había interpuesto entre los dos y lo había apartado de un empujón.

- No vuelvas a tocar a mi hermana- sentenció el pequeño cogiendo a Haka de la mano- Si quieres ir a esa casa, atraviesa el escudo que la rodea. Si eres capaz de atravesarlo, ya tomaremos entonces las medidas adecuadas.

- Inabi…-titubeó Haka sorprendida por la acción de su hermano, nunca le había visto tan serio.

- Muy astuto por tu parte, pero atravesaré el escudo.- sonrió Ankoku.

- Seré el primero en recibirte si lo consigues, pero no con besos, si no con mis puños.- Y tras esa frase, desapareció en un rayo llevando junto a él a su hermana.

Cuando Haka se dio cuenta, su hermano le había transportado de nuevo a la habitación.

- Tenemos que hablar con el profesor- dijo Haka cargada de ira- Ese capullo dijo que…

- Pero “ese capullo” como tu le llamas es un tramposo y un embustero- dijo Inabi- solo quiere engañarnos y jugar con nuestros sentimientos.

- No nos quiere engañar, yo creo que el profesor Sugüi sabe algo de la muerte de…

- Vayamos a hablar con el profesor si estás mas contenta- dijo Inabi frustrado- pero nos ha intentado engañar, y tu hubieras seguido besándole si no es por mi intervención.

Haka miró a su hermano con una mirada molesta y salió por la puerta con fuerza, dejándola abierta. Inabi se tambaleó y cayó en la cama agotado del esfuerzo que hizo transportando hasta tan lejos tanto a él como a su hermana. Al sentir la cama, cerró los ojos.

FIN DEL CAPITULO 9