(Hace 1 año)
- Ankoku, ¿Qué tal estás? ¿Has cuidado de mi hermanita?- le preguntó un joven Inabi de once años.
- Si, tranquilo, la he tratado bien.- Ankoku le dirigió una sonrisa al pequeño- No me atrevería a entrar a esta casa si ella sufriera.
- Y yo te mataré si así fuera, Saigo- dijo un muchacho de 14 años apoyado frente a una puerta.- No pienses que no puedo por tener solo cuatro años menos que tu.
- No será necesario llegar a tanto, Denki- respondió con alivio Ankoku.- De todos modos no esperes que me deje morir a manos tuyas.
Denki tenía el pelo corto, y puntiagudo de color rojo fuego. Era muy parecido a Inabi pero mucho más mayor y serio. Siempre pareció no estar a favor de la relación entre su hermana y Ankoku. No obstante, Haka que veía que el ambiente estaba un poco caldeado, le llevó a su cuarto para hablar los dos a solas.
- Perdona a mi hermano, Denki es así.- Haka le cogió de las manos y se sentó en la cama mientras él hacía lo mismo.
- No pasa nada- le sonrió Ankoku jugueteando con su pelo.- Los hermanos pequeños son un coñazo, yo también tengo uno.
- Nunca me has hablado de él ¿Cómo se llama?- Afirmó la chica- de hecho, nunca me hablas de tu familia, ni siquiera me la has presentado.
- Es que aun tienes 15 años. Mis padres no lo aceptaran, prefiero presentarte a ellos cuando seas un poco mas mayor.
- Pero ya llevamos seis meses juntos- protestó ella.
- Cariño- sonrió él- no importa eso…
- Si que importa- refunfuñó ella.
- Lo que importa es que quizás esté una temporada sin verte-dijo él.
- ¿Qué? ¿A que viene eso? ¿Porqué…?
- El profesor que me está impartiendo clases básicas me ha dicho que no tiene nada más que enseñarme, que viaje por el mundo y me entrene. Estaré unos meses fuera.
- …No… no puedes irte… yo…-Haka se había quedado estupefacta, no sabía que responder ante tal noticia.
- Yo quiero que esperes por mi.- sonrió Ankoku- volveré y seré un gran mago de agua capaz de hacer cosas mejores que esta.
Ankoku le soltó las manos y junto sus dos manos formando en su interior una esfera de agua que pronto dejó de ser una esfera y formó la figura de un corazón. Le entregó la figura de agua y Haka la sujetó en sus manos. Era agua en sus propias manos, la joven estaba asombrada por la magia.
- Es asombroso…- dijo ella mirando ilusionada la figura.
- Por eso, amor mío, quiero que me esperes.- Le susurró Ankoku con cariño.
- Claro que lo haré- le respondió ella abrazándole y besando sus labios con cariño.
No tardaron en llamar a la puerta y entrar alguien por ella. Era el padre de Haka.
- Vaya, perdón, ¿molesto algo?- dijo el hombre un poco inquieto.
- No, no- dijo Haka separándose de Ankoku rápidamente- pasa papá…
- La cena está lista- dijo el hombre- Ankoku, ¿puedo hablar contigo a solas?
- Cla…claro-dijo Ankoku sin saber que decir. Haka no tardó en irse y cerrar la puerta para dejarles hablar a solas.
- Quizás te parezca algo anormal lo que te voy a pedir.- dijo el Sr. Funken, el padre de los hermanos - pero tienes que matar a mi hijo Denki.
- ¡¿Qué?!- se sorprendió Ankoku- ¿Cómo quiere que…?
- Tú deberías saberlo mejor que nadie. ¿ya conoces el destino de tu hermano, verdad?
- Si, por eso me estoy entrenando para ser el mejor mago de agua y cambiar su destino.
- Eso no me importa, yo no se que hará la familia Saigo al respeto, pero si tengo que responsabilizarme de mis hijos.- dijo el hombre- Y ya sabes que todo se cumple.
- Los oráculos dijeron que habrá 5 elegidos del bien y 5 del mal- respondió Ankoku- Mi hermano es uno de ellos ¿Qué tiene que ver Denki en todo ello?
- Pues bien, hoy los oráculos han podido profetizar que Haka y el pequeño Inabi también serán dos de los cinco elegidos.
- ¿Haka una elegida…?- se sorprendió Ankoku- entonces… ella y mi hermano lucharan juntos en el futuro, codo con codo.
- Así es. Aun quedan dos más por profetizar, y en cuanto se descubran los cinco deberán ir a entrenar a la casa del viejo maestro Tsuyoi.
- Pero Sr. Funken, no entiendo, ¿Por qué he de matar a Denki?
- Porque es el mediano de los tres. Su existencia absorbe parte del poder tanto de Inabi como de Haka y no podrán desarrollar todos sus poderes como elegidos si él está vivo.-explicó el padre de Haka- Además… hay parte de los miembros del oráculo que apostarían a que Denki podría ser un elegido del mal. Se ha considerado que mi hijo muera y me han pedido que acabe con él.
- ¿Y porque me lo dice a mi…? ¿Qué tengo yo que ver?- preguntó Ankoku sorprendido- Yo solo estoy aquí por Haka.
- Tu no lo sabes pero Denki te odia porque estás con Haka- contó el padre.
- Me había dado cuenta de que no le caigo especialmente bien.- comentó Ankoku.
- Y no quiero que mi hijo tenga una muerte a traición. Dale un combate y mátale.
- Pero como puede pedirme esto…- se preguntó Ankoku- ¿Cómo puede desear un padre la muerte de su hijo?
- ¿Te crees que lo quiero?- el señor Funken se arrodilló ante Ankoku y golpeó de un puñetazo el suelo- ¡Mi hijo está muerto desde que el oráculo profetizó eso!
- ¡Pues si está muerto entiérrelo y déjame en paz!- Protestó Ankoku- ¿Qué tengo yo que ver?
- Solo quiero que mi hijo tenga una muerte digna y la que él desea tener.
- … no cuente con un sí. No pienso dejar que Haka ame a un asesino.- dijo Ankoku abriendo la puerta.
- Tu nombre permanecerá en el anonimato, eres casi un hijo para mi, por eso te pido algo tan desagradable y duro.
- Si mi nombre permanecerá en el anonimato me lo pensaría… no obstante ¿Qué obtendré a cambio? ¿Qué Haka sufra porque alguien matase a su hermano? No es la forma de la quiero irme.
- ¿Irte a donde?- curioseó el padre de los hermanos.
- De viaje por consejo de mi profesor de magia. Me ha dicho que tengo arte para la magia de agua, pero que necesito entrenar y que él no es un experto que pueda enseñarme gran cosa ya que el agua no es algo que se vea por aquí.
- Conozco al Maestro Wasser en persona- dijo el Sr. Funken- Es el mejor mago de agua que existe, pero vive muy lejos de aquí. Puedo conseguirte un viaje a su ciudad y hacer que te imparta clases personalmente.
- ¿El Maestro Wasser? ¿De verdad? Es un mito entre los magos de agua…-se sorprendió Ankoku- ¿Usted haría eso? ¿Es verdad?
- Ya sabes lo que pido a cambio.
Ankoku volvió a su casa. Ya eran las once de la noche cuando llegó a casa, donde le recibió su madre.
- Ank, cielo- dijo ella- ¿de donde vienes?
- De entrenar magia.- mintió el joven.
- Entrenas demasiado- dijo su madre- y tú nunca serás un gran mago legendario como tu hermano.
- Lo seré.-la respuesta de Ankoku fue fría y tajante- Que los oráculos no lo haya predestinado no significa que no lo pueda ser.
- Tienes razón, pero hijo…
- Me voy a ir de casa para entrenar. Lo he decidido, el profesor Sugüi me lo ha aconsejado y voy a aceptar.
- No me gusta que vayas a casa de ese señor a molestarle- dijo la señora Saigo- ya es un hombre mayor y la magia elemental se está echando a perder, ya nadie la usa.
- ¿Pero en cambio está bien que Zen esté destinado a ser un elegido, no es así?
- Bueno pero lo de Zen es porque los oráculos…- se defendió ella.
- ¡Los oráculos dicen esto! ¡Y lo otro! – protestó Ankoku malhumorado por esa conversación- ¡Y si los oráculos nos dicen que tenemos que tirarnos por un puente toda la humanidad se tirará!
- Hijo mío, los oráculos no piden, solo nos dicen lo que ocurrirá. Ya en el pasado se les ignoró y los hechos fueron terribles por hacerlo. Solamente respetamos lo que pasará. ¿Sabes que hoy han profetizado otros dos chicos?
- … -
Ankoku se dirigió en silencio a su cuarto, ya no sabía que mas decir, estaba cansado y malhumorado por el día tan largo que tuvo, pero aun quedaba algo que hacer. Abrió el armario y empuñó una varoja cuya empuñadura era negra. Era un regalo que le hizo su abuelo poco antes de que muriese. La desenfundó suavemente y miró la hoja. Vio sus ojos negros reflejados en el metal del arma, y pensó primero en Haka. La de cosas que haría para protegerla con el arma, y la de cosas que nunca hizo a pesar de tener esa varoja escondida en su armario. Después en su mente apareció la imagen de Zen, su hermano pequeño diciéndole que algún día será como él o incluso mejor, cosa que le frustaba ya que parecía que el destino estaba convencido de que así ocurriría. Después vio la imagen del Sr. Funken pidiéndole que matase a Denki, y vio a mil personas matando a Denki, ya que era lo que los oráculos dejaron entrever que querían que ocurriese, pero que al parecer solo Ankoku era el único que no se dejaba engatusar por ellos. No obstante, también era cierto de que solamente él podía darle la muerte mas justa a Denki.
Se había cambiado de ropa, ya que en esta ocasión vestía de negro cuando llegó a la casa de Haka y vio como el señor Funken esperaba a la entrada. Le entregó un papel, que Ankoku reconoció como un billete de tren, para ir a ver al Maestro Wasser. El señor Funken le acompañó hasta la habitación de Denki y sin decir nada más se fue. Ankoku desenfundó su arma y encendió la luz de la habitación de Denki donde el chico le esperaba despierto empuñando una varoja plateada.
- Mi padre me informó que vendrías. Lo sé todo Saigo, y se que esto no lo deseas, pero creeme, es la muerte que yo quiero tener. Al menos quiero intentar poder matarte.
- Lo siento, ya te dije muchas veces que estarás muerto antes de que te acerques a mi.
- Es ahora cuando hay que demostrarlo.
La varoja de Denki voló rauda y veloz hacia Ankoku que se protegió con la suya propia. La verdad que Ankoku estaba sorprendido ya que Denki tenía un manejo de la varoja impresionante, aunque no supiera hacer un conjuro con ella. El acero de ambas armas chascó en la habitación, Denki saltó hacia atrás callendo sobre su propia cama y Ankoku calló tropezando con una silla que había tras de él.
- Tengo la ventaja de campo-dijo Denki con una sonrisa- ¿quién conoce mejor que yo mi propia habitación?
Ankoku rozó la parte esférica de su varoja y pudo reunir en su mano una esfera de agua que arrojó con fuerza a Denki, al cual le golpeó en el pecho y le hizo caerse sobre la cama. No obstante, el golpe no fue gran cosa y pudo volver a levantarse y empuñar el acero platero para lanzarse cargando contra Ankoku. Cuando Ankoku le vio lo suficientemente cerca, arremetió con una gran bola de agua sobre él que le hizo caer hacia atrás y esta vez cayendo sobre el suelo. Ankoku le apartó la varoja de una patada y le puso un pie sobre pecho para que no se moviera.
- Adelante, he perdido- dijo Denki cerrando los ojos.
- Lo siento de verdad.- dijo Ankoku.
Ankoku disparó 7 bolas de agua sobre su rival haciéndole mucho daño. No obstante, el suelo se había cubierto de agua, pero Denki aun respiraba lentamente. Fue justamente en ese momento cuando Haka había asomado su cabeza a la puerta de la habitación de Denki a ver que ocurría y no dio crédito a lo que vio. Llevaba en sus manos el mismo corazón de agua que Ankoku le había regalado, pero se le resbaló de las manos al ver lo que vió y se hizo un charco de agua. Ankoku había optado por clavar su varoja en el pecho de Denki para darle así el punto final a su vida. También Inabi había añadido ahora su cabeza tras la puerta a mirar, ya que acababa de despertar por el fuerte estallido del metal en la habitación.
- Haka…- dijo Ankoku mirándola sorprendido- lo siento.
- ¡TE ODIO!- fueron las palabras de ella.
- Haka yo… - intentó decir él mientras sacaba la varoja del cuerpo de Denki- esto tiene una explicación... confía en mi, amor mío…
- Mi amor por ti se ha acabado. No quiero volver a verte nunca. Capullo.
- … Pues volveremos a vernos- dijo él- Contaba con que usases mi hombro para que llorases pero… bueno… mejor me voy- dijo Ankoku saliendo de la habitación.
Ni Inabi, ni Haka hicieron nada para impedirle el paso. Cuando salió de la casa, el padre le estaba esperando.
- …gracias por darle una buena muerte a mi hijo.
- Gracias a ti por hacerme perder a la mujer de mi vida y convertirme en un asesino.- respondió Ankoku.
Tras esto, se despidió fríamente cargando su varoja al hombro y caminando bajo la lluvia de una oscura y fría noche.

