CAPITULO XVIII
La verdad que aquella tarde pasó volando, y caminaron un montón gracias a Blaster, que les condujo por caminos más rápidos y atajos que no pensaron nunca que existirían. Su compañero Kaze no parecía muy cómodo con Blaster al principio, pero cuando le habló sobre Namueh pudo ver como un resplandor de ilusión permaneció en su rostro. La verdad, había pasado días con el profesor, pero nunca supo manejar su fuego, y en cambio, Blaster parecía querer ser su tutor particular. En cambio, echaba de menos a su hermano, con el cual sintió realmente que debería protegerlo desde días atrás, donde todo comenzó:
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- He estado esperando vuestra llegada, Haka e Inabi- les dijo Tsuyoi- pronto llegaran vuestros tres compañeros, y os explicaré porque motivos estáis aquí. Kirei, puede mostrarles sus dormitorios a los dos hermanos.
- Por aquí, por favor- dijo Kirei guiándoles escaleras arriba.
Silenciosa y desconfiada, Haka la siguió, y su hermano, temeroso, le cogió la mano con miedo a aquella gran casa. Al pasar junto al profesor, este les dedicó una sonrisa, aunque al pequeño Inabi no pareció hacerle mucha gracia y se agarró más fuertemente a su hermana.
La sirvienta llegó ante las puertas del pasillo, abriendo las cinco puertas, tres a la derecha, y dos a la izquierda, y sin palabras, entendieron que podían escoger que habitación le correspondía a cada uno, ya que eran los primeros. Ella eligió la del fondo a la derecha, ya que era la puerta más lejana de todas. Inabi, sin embargo, se quedó con la segunda de la izquierda.
Mientras deshacía la maleta Haka se preguntaba que pasaría con su casa. Sus padres les habían dicho que se refugiarían en la casa del profesor Tsuyoi, durante la guerra. Esa misma mañana horas más temprano. El viaje resultó mas que rápido, en un carro que sus padres habían alquilado: los caballos eran rápidos y de buena casta y apenas habían tardado medio día en llegar, o al menos eso le pareció a ella que durmió durante el viaje. En cambio, Inabi se había quejado del largo viaje, ya que se tiró horas y horas mirando el paisaje que dejaban atrás. >>
Y era ese paisaje que Inabi miraba era el mismo que ella recorría ahora, junto a Blaster y a Kaze rumbo al norte, a las tierras heladas, para conocer a Namueh. Namueh era sin dudas otro de los cinco elegidos del pasado. Por sorprendente que pareciese que Blaster Master viviese, bajo la identidad de Blaster Fiel, mas sorprendente era pensar que Namueh pudiese vivir gracias a la inmortalidad adquirida por tomar las alas de otro ser, a pesar de que las leyendas hablasen de que esas eran las alas de un ángel, y otros rumoreaban que eran las de un demonio, aunque la idea más neutra e igual de fantástica era que había adquirido las alas de un águila gigante, y no es inmortal, si no increíblemente longevo.
No era anormal conocer el nombre de los cinco elegidos, Blaster, Namueh, Driuk, Vincent y Paulus, pero en cambio, lo que si que les parecía anormal era estar junto a uno de ellos y estar buscando a otro. “¿Cuántos más siguen vivos?” se preguntaba mentalmente Haka, pero en cambio, Blaster, como leyendo su mente respondió su duda.
- Driuk y Namueh siguen vivos- afirmó- Paulus debió haber muerto, aunque las criaturas marinas sigan alabándole y crean en él como un Dios... por otro lado, Vincent murió ya veintisiete veces que yo haya podido contar… No se como se apaña.
- ¿Veintisiete?- preguntó Kaze sorprendido- ¿Cómo puede morir alguien veintisiete veces?
- Eso mismo me pregunto yo, solo he muerto una vez y me costó renacer bastante…- rió Blaster- pero el cabrón del Vincent le ha cogido hasta gusto… algún día no podrá volver y se va a llevar una grata desilusión.
Los dos chicos se miraron el uno al otro sin saber si creerle, reírle la gracia o que hacer, aunque la situación les hizo gracia y finalmente se unieron a reírse con Blaster que resaltó mas su carcajada. En cambio, esa carcajada fue apagada instantáneamente con la pregunta de Haka.
- ¿Y como es la muerte?
- … sigamos caminando- dijo Blaster.
- ¿No lo sabes?- dijo Haka- Si realmente has estado muerto tendrías que…
- Sigamos caminando, he dicho- repitió Blaster mientras aceleraba el paso.
- Pero no me has contado…- empezó a decir Haka mientras ella y Kaze le seguían a grandes zancadas.
- ¡¿Qué narices quieres que te cuente?!- dijo Blaster mientras su pelo se volvía del color de una llama y pegaba su cara la de Haka- ¡¿Quieres que te cuente lo que vi?!
- Calma, por favor- dijo Kaze interponiéndose entre él y Haka, nervioso.
- Si, cuéntamelo- dijo Haka mirando con sorpresa su pelo, e intentando mantener la calma- quiero saber que clase de mundo es ese.
- …- Los ojos de Blaster se apagaron de furia, mirando a Haka con firmeza, y su pelo volvió a ser negro- Es un mundo del que regresar no es cuestión de ser fuerte, veloz, inteligente, débil o guapo.- confirmó Blaster- digamos que hay una única posibilidad de mil millones, es la suerte lo que lo decide si sobrevives o no. ¿Tienes idea de cómo es ese mundo? Estuve dos minutos. Los peores dos minutos de mi vida.
- ¿Los peores dos minutos? ¿Por qué?
- Porque era un mundo gris, sin color, sin sonido, sin felicidad, sin sentimientos, un mundo vacío… un mundo para perderse… porque era un mundo donde podías sentir dolor en el corazón, y sentir cosas horribles, el color de la sangre, la presencia de almas caídas, gritos de sufrimiento, y un sentimiento de culpabilidad, y de odio.
- ¿Y como has podido volver?- quiso saber Kaze.
- La suerte estuvo de mi lado y pude ver al Fénix. Es el único que con sus alas de arco iris pueden colorear aquello, con su graznido puede callar los gritos que sientes en el silencio, puede hacer que la gente que no ves sonría, puede traer la felicidad, y a mi me pudo traer de vuelta a la vida. ¿Cómo? Ni yo lo sé… lo que sé que el fuego de mi interior fue lo que le hizo poder llegar hasta mí.
- El ave Fénix…
- Pero Vincent no le vio nunca. Volvió de otra manera, no conozco sus medios y si ya no puede usarlos o que, pero se perfectamente que mi vuelta fue un golpe de suerte extrema, y que volver a ver ese pájaro en ese mundo es algo que prefiero no saber.
- ¿Y como habéis podido sobrevivir todos estos años?- preguntó Kaze sorprendido- No es normal que…
- Ya se que no es normal, y lo comprendo. Antiguamente, más antiguamente de lo que vosotros hayáis vivido, existía una raza llamada Masters. Yo era uno de ellos, al igual que Driuk, y poseemos la eternidad, hasta que una batalla acabe con nosotros. Respecto a Namueh ya conoceréis porque aún vive, no soy quién para contar sus secretos, es el más esquivo de todos. Y si Paulus estuviese vivo será por ese rumor de que posee la pócima de la eterna juventud, pero no existe tal poción. Respecto a Vincent tiene poderes increíbles adquiridos de la tierra, así que no me preguntéis, también lo desconozco.
El rugido de la tripa de Kaze resonó de pronto, y Blaster rió. Sobre sus ojos, se extendía la carretera donde el pueblo de Haka se hallaba. Ella lo reconoció al instante.
- ¡Mi pueblo! ¡No puedo creer que hayamos llegado ya!- se sorprendió ella.
- Espera Haka- la frenó Blaster.
Pero Haka no obedeció, corrió hacia el pueblo y a medida que se acercaba lo notaba más extraño. Las casas eran de color negro y la gran mayoría estaban derrumbadas. El pueblo había sido aniquilado, la vida era breve y la gente que había sobrevivido permanecía escondida en sus hogares. Los ojos de Haka brillaron, y sintió que sus manos ardían. Pero no era solo sus manos, todo su cuerpo estaba envuelto en llamas, no sabía lo que le pasaba, tenía miedo, y mientras ardía comprobó como sus ropas se habían quemado de tal manera que solo había ceniza, sobre el lugar donde ella se encontraba, junto a su llama. Su cabello, en cambio, en lugar de arder, permanecía inalterable, manteniendo la vivacidad de siempre.
- ¡¡Haka, para!!- gritó Kaze al verla arder, aunque, en su interior se preguntaba si realmente podía parar y controlarse, tal vez no podía dejar de arder- ¡¡Haka…!!
Blaster, por su parte, tragó saliva, se quitó la capa gris posándola en los brazos de Kaze y se acercó a Haka tranquilamente.
- Lo siento mucho, chica- dijo Blaster atravesando las llamas de Haka con sus propios brazos y abrazándola contra él- Yo también perdí mi pueblo así.
- ¿Por qué…?- decía Haka derramando lágrimas por sus mejillas. El fuego se apagaba con sus lágrimas, pero en cambio, en toda su cara el fuego seguía ardiendo.- ¿Porqué?
- Tranquilízate- le susurró Blaster mientras la abrazaba pacíficamente- tal vez tus padres sigan vivos en algún lugar, tal vez todos se hayan salvado y permanezcan escondidos, las casas son solo casas.
Los sollozos de Haka disminuyeron, y sus llamas perdieron energía. A medida que desaparecían, Kaze pudo ver que ella estaba desnuda, que su ropa se había quemado y que su silueta volvía a la normalidad, pudiendo ver él su silueta de mujer como nunca la había visto antes. Pero algo le decía que no debería aprovecharse, cerró los ojos, se acercó a ella y la envolvió con la capa de Blaster, pudiendo taparla. Ella se acurrucó en silencio en la capa, y Blaster se sacudió la túnica de hollín, que había adquirido al abrazar a Haka, y que por algún motivo, la ropa de Blaster, incluida la cinta del pelo, les hizo ver que es inmune al fuego.
- ¡Es Haka!- dijo una voz masculina desde una ventana.
- ¡Haka, hija mía!- dijo otra voz, saliendo de una puerta- ¿Dónde está tu hermano?
- ¡Mamá!- dijo Haka mirándola sorprendida y alegre al mismo tiempo- ¡Estás viva!
- Si hija mía- dijo la madre abrazándola con un brazo.
Esto extraño a Haka por lo que buscó el otro brazo de su madre… pero no había nada allí. Su madre había perdido un brazo, y había perdido un diente también. Haka no sabía lo que había pasado, su padre no parecía estar ahí, pero en cambio la gente del pueblo, en su mayoría, estaba ahora rodeando a los llegados, ya que una de ellos era Haka y estaban alegres de verla. En cambio, Haka sintió ganas de que estuviesen muertos. Mas de uno había perdido alguna extremidad, y casi todos mostraban señales de haber combatido en una batalla. No estaba ni la mitad del pueblo que esperaba, ni siquiera su padre. Las lágrimas de Haka fueron derramadas por su mejilla, y sabía que había pasado, su madre, también derramaba lágrimas, pero en cambio, soltó a su hija y se dio la vuelta para que su descendiente no la viera llorar. Haka, se volvió a acurrucar en la capa, tapándose sus partes más personales mientras que temblaba, bien de frío, bien de rabia.
Kaze pensó que Haka tendría frío, así que dispuesto a darle más calor se quitó la chaqueta y se la colocó a Haka por encima. No le quedaba mal, la chaqueta le tapaba el pecho, los hombros y la espalda, mientras que de su cintura para abajo ahora tenía capa casi a modo de falda. No conforme, y viendo que aún temblaba, rodeó a la joven y la abrazó, dándole calor y a la vez más confortabilidad que su madre que solo tenía un brazo. Haka, le correspondió el abrazo hundiendo la cara en su hombro, y este le acarició el pelo con su mano. La larga melena de color fogoso de Haka hondeaba y a medida que Kaze la acariciaba, motas de ceniza saltaban al aire.
Haka sintió el calor de Kaze, y aunque en su mente pasaba de todo, reparó en su gesto, y en como se estaba portando. No era solo en ese momento, era desde que decidieron salir a buscar a Zen y a Daichi. Recordó las dos manzanas que Kaze le consiguió, y recordó como se había interpuesto entre Blaster cuando se encendió. Pero no solo era Kaze, era el lugar, la entrada del pueblo donde algunas veces Ankoku la despedía antes de irse a su pueblo, era la forma de su abrazo calido lo que le gustó en ese momento de Kaze, era el brillo verde de los ojos del muchacho, no era el color negro que se había encontrado tantas veces, si no verde, dos ojos verdes esmeraldas que la hacían volar. Y fue volando como llegó a besarle.
Y él no se apartó. Nunca había vivido algo así, no conocía el sabor de un beso hasta ese momento. Le gustó. Pero por desgracia, ella se apartó demasiado pronto, sintiéndose culpable, pidiendo perdón y recordando y mirando a su pueblo de nuevo que les contemplaba con cara de sorpresa.
- “Y el viento sopló para avivar las llamas de la pasión, y fundidos en uno, obtendrían un poder mayor del que jamás pudieron tener los elegidos del pasado, donde el viento soplo más fuerte y el fuego fue apagado.”- recitó Blaster con una sonrisa muda en la cara- o eso decía la profecía.
FIN DEL CAPITULO XVIII