Thursday, November 30, 2006

CAPITULO 8

CAPÍTULO 8

Se culpaba a si misma, no entendía que había pasado, pero a pesar de todo, Daichi estaba con ella en su habitación intentando animarla.

- No tienes porque preocuparte, estás despertando tus poderes- sonrió Daichi- ya es la segunda vez que lo haces.

- Y siempre estás tú de testigo. ¿Qué crees que me está pasando?

- Creo que hay algo en ti que reacciona con fuego- dijo Daichi- no me hagas mucho caso, pero tu poder siempre funciona cuando estabas asustada.

- ¿Asustada yo? – vaciló Haka- ¿Qué te crees que soy? No soy una cría, no me asusta una rama, ni mucho menos ese imbécil de Zen.

- No le insultes, no es ningún imbécil.

- ¿Por qué le defiendes?- preguntó Haka- No será que te gusta ¿verdad?

- ¡N…no!-Daichi se puso roja rápidamente, pero disimuló y le devolvió la pregunta-¿Y si te gusta a ti y por eso finges que te cae mal?

- Eso no tiene sentido ¿no crees?- dubiteó Haka- Si me gustase… le trataría bien.

- O tal vez quieras que se sienta culpable y se porte mejor aún contigo.

- Eres una plasta- dijo Haka- no estoy interesada en ningún chico.- se mantuvo en silencio un rato.

- ¿Seguro…?- dijo Daichi acercándose a ella.

Haka sonrojó y volvió la cabeza para evitarlo. Al girar la cabeza, pudo observar en la ventana como una figura venia por los aires. Al principio le costó reconocerlo, pero cuando ya se acercó mas aún pudo distinguir claramente lo que era.

- Kaze…- dijo Haka en un susurro absorta mirando a la ventana.

- ¡Ajá! Ya te pillé – sonrió Daichi- ¡sabía que te gustaba alguno!

- ¡Que…! ¡Quiero decir…! Que ese es Kaze,- señaló a la ventana- y viene con el profesor.

- Vaya, hablando del rey de roma…-burló Daichi mirando aún a Haka con una sonrisilla picara- tu amorcito asoma.

- ¡Que mires por la ventana! –protestó Haka- ¡El profesor está herido!

- ¡¿Qué…?! Tenemos que ir, rápido, quizás podamos ayudar.- Daichi agarró la mano de Haka para ir, pero pronto la soltó- ¡¡AH!!

- ¿Qué pasa?- Haka se miró la mano- Te he…

- Tienes la mano muy caliente- dijo Daichi- casi me quemo… bueno, voy a buscar a Kirei, ve a abrirles la puerta.- ordenó Daichi saliendo a toda prisa por las escaleras.

Haka analizó su mano y vio como el fuego se acumulaba en su mano. Sonrió y se dijo para si misma “Quizás tenías razón, cuando me asusto ocurren estas cosas”. Respiró hondo e intentó guardar la calma, pero esa imagen que veía a través de la ventana no la relajaba lo mas mínimo, así que salió por la puerta y cruzó el pasillo rápidamente, bajó rápidamente las escaleras y saltó los tres últimos escalones de un brinco. Llegó hasta la puerta y la abrió para recibir a Kaze y al profesor que justamente estaban aterrizando.

- ¡Haka! – gritó Kaze- ¡Ayúdame!

- ¿Qué… que le ha pasado al profesor?- preguntó Haka nerviosa viendo al viejo maestro inconsciente con la camisa abierta y una gran herida perdiendo sangre- ¿Tu estás bien?

- Si, yo pude escapar y traerle- dijo Kaze relajado, en cambio, Haka estaba bastante nerviosa- Fuimos atacados por un tal Ankoku o algo así.

Cuando Kaze quiso reaccionar no pudo, Haka tenía el brazo entero en una ardiente llama de fuego, que llameaba con fiereza en la extremidad de la chica.

- ¿Qué… que me pasa?- preguntó Haka- ¡Fuera!

Haka agitó su brazo, y el fuego fue disparado contra un árbol que empezó a arder al instante. Su brazo ya parecía normal, y ella había tomado aliento y se había relajado por completo, y se acercó a Kaze ya mas calmada.

- No vuelvas a pronunciar ese nombre- le ordenó ella.- no pronuncies el nombre de ese capullo por aquí.

- ¿Qué…?-preguntó él- ¿Qué no vuelva a pronunciarlo porqué?

- Es una historia larga, y no quiero que Inabi lo escuche. –explicó Haka con seriedad- No se como reaccionará si se entera que ese capullo aún sigue vivo y encima ha sido él quien ha hecho esto al profesor.

- ¿Tu… le conoces? ¿También Inabi?- preguntó Kaze.- ¿Estáis relacionados con Ank… con él?

- Veras… antes éramos tres hermanos… Yo, Denki e Inabi.-Haka tomó aire nuevamente- Ankoku asesinó a Denki, no sabemos porque, desconocemos el motivo…

- Lo… lo siento.- dijo Kaze.

- No te culpes- dijo Haka- No es asunto tuyo. Dime una cosa ¿Ha cambiado mucho ese capullo?

- No se, tenia el pelo largo y negro, y vestía de azul oscuro y controlaba el agua- explicó Kaze- pero lo importante, no se si estaremos seguros por aquí, quizás debamos largarnos o…

- El profesor nos explicó el primer día que esta casa está protegida por un conjuro mágico- sonrió Haka- no creo que ese capullo pueda entrar.

- Pero y si Ank…

- ¡Ese capullo! Llamémosle ese capullo ¿Vale?- cortó ella- es el nombre en clave que usaremos a partir de ahora. Yo siempre le he llamado así en mis pensamientos.

- Pues como prefieras.- dijo Kaze con una tímida sonrisa ante las palabras de Haka que no sabía si eran en serio o en broma- Pero ¿Y si ese capullo consigue entrar?

- Pues…- Haka y Kaze permanecieron en silencio un instante, pero el silencio fue roto rápidamente por Daichi que llegaba junto a Kirei.

- ¡¿Qué ha pasado?! –preguntó rápidamente Kirei – rápido Kaze, ayúdame a llevarle a su habitación, tenemos que curarle.

- ¿Profesor?- dijo Zen saliendo del baño- ¡¿Qué ha pasado?!

- Ahora no Zen, hay que ayudar al profesor- dijo Kirei- ayúdanos a llevarle a su habitación.

- Hay una bañera llena de agua caliente en el baño que estaba usando para entrenar- reaccionó Zen- quizás convendría remojarle antes para limpiar toda esa sangre.

- ¿Agua caliente? Puede sernos útil- dijo Kirei- tengo entendido que el agua llega a ser curativa si es usada por una buena causa… ¿tu podrías…? Bah, es mucho pedirle a un crío, tendré que intentarlo yo.

Haka permaneció parada mientras veía como entre Kirei, Kaze y Zen llevaban al profesor al baño. Daichi se quedó al lado de esta.

- Se pondrá bien- sonrió Daichi- ¿Qué ha pasado? ¿Kaze te lo ha dicho?

- Fueron atacados por un tipo extraño- explicó ella- no se nada más.

- Pues yo creo que habéis estado hablando algo más- sonrió Daichi- ¿de que hablabais?

- ¿Sabes que? Tenias razón, cuando me pongo nerviosa el fuego me domina.-explicó Haka- El fuego reacciona al miedo, el miedo es frío, y mi cuerpo reacciona con calor.

- ¿Lo ves?- dijo Daichi- tener miedo no es malo, justamente al contrario, te sentiste atacada por mi rama y sentiste miedo, y cuando viste que el profesor corría peligro también, ¿por eso has incendiado ese pobre árbol, verdad?

- … te odio, no te puedo engañar.-sonrió Haka girándose y volviendo a la casa.-volvamos dentro.

- Espera… ¿Entonces quiere decir que tienes miedo a Zen? Has reaccionado ante él.

- …-Haka permaneció en silencio y frenó.- ese capullo…

- No llames así a Zen, él no es ningún capullo.

- No, no es el mismo capullo-dijo Haka- le debo una disculpa.

- ¿Qué…? – dijo Daichi sorprendida- Está bien.

Haka entró dentro y vio como en la puerta del baño Zen y Kaze esperaban fuera. La puerta estaba cerrada. Haka se acercó a ellos. Miró primero a Kaze y este le devolvió la mirada con dos ojos verdes que la reconfortaban por dentro y le daban mas fuerzas para poder hacer algo que su orgullo no le permitía muy a menudo. Estaba apoyado en un marco de la puerta, sostenido sobre un pie y con los brazos cruzados, tras devolverle una sonrisa a Haka cerró los ojos, meditativo. Después miró a Zen, el cual estaba con el trasero apoyado sobre la pared y con cada una de sus manos apoyándolas cada una sobre su rodilla correspondiente, manteniendo las piernas estiradas. Este la miró seriamente por encima con sus dos ojos negros como los de ese capullo que ella recordaba en su cerebro. Se olvidó rápidamente de eso y decidió hablar.

- Oye Zen, te debo una disculpa, creo.- dijo ella- no se me dan bien estas cosas, así que no me hagas repetirlo.

- Perdona, no estaba escuchando- bromeó él.

- Te odio- gruñó ella con un gesto de rencor y dando media vuelta.

- Espera- dijo Zen agarrándola del brazo- creo que yo te debo una disculpa también.

- Bueno, pues…-ella tartamudeo- supongo que el agua y el fuego nunca se llevan bien pero…- tragó saliva- creo que tenemos que ser una excepción, debemos permanecer unidos, los cinco y… y eso… y que haya buen rollo y… y eso…

- Lo comprendo- sonrió Zen- gracias. Puedes contar con mi amistad, al menos mientras tengamos que vivir bajo el mismo techo. Cuenta conmigo para lo que desees, pero no te sobrepases.

- Gracias- dijo Haka- voy a buscar a Inabi, hace tiempo que está silencio y no se que estará tramando.

Haka se retiró escaleras arriba, y Daichi la siguió para felicitarla por que haya hecho las paces con Zen. Mientras tanto, Kaze le comentaba a Zen:

- Oye amigo, no me hagas mucho caso- sonrió-pero aunque tu digas que os lleváis como el perro y el gato, te aseguro que la tienes en el bote.

- ¿tu crees?- preguntó Zen ingenuo.

- Tengo un instinto para las mujeres y creme- afirmó Kaze- está colada por ti.

- Vaya… que cosas…- pensó Zen en voz alta- siempre pensé que la que estaba colada por mi era Daichi.

- Eso no lo sé- dijo Kaze- pero Haka seguro.

FIN DEL CAPITULO 8

Wednesday, November 22, 2006

CAPITULO 7

El viento soplaba fuertemente arrastrando a Kaze por la llanura. El viejo profesor caminaba firmemente acompañado por un bastón claro que le ayudaba a caminar. Kaze no comprendía porque al anciano no le costaba caminar con la increíble cantidad de aire en movimiento que había en ese lugar.

- ¿No lo ves?- preguntó Tsuyoi. Kaze se limitó a negar con la cabeza. El viejo preguntó otra cosa – ¿Pero puedes comprender al menos porque al levantarte podías elevarte en el aire?

- No.- dijo Kaze- ayer también estuve en este lugar y no entiendo nada, pude levitar por la mañana, pero no ahora, ni antes.

- Has soñado esta noche con el viento ¿verdad?- preguntó el anciano.

- ¿Cómo lo sabe?

- Cuando dedicas una larga jornada a algo, acabas soñando con ello. Tanto Daichi, como Zen también han soñado con sus respectivos elementos y ya ves como estaban sus habitaciones por la mañana.

- Pero Haka e Inabi…

- Sus elementos no requieren tanta concentración. Ayer hablé de que los 5 elementos requieren a uno de los 5 sentidos. Pero también hay más cosas que ayudan a estos elementos. Por ejemplo, Inabi, ya ha llegado a comprender que con su olfato y su odio puede dominar sus poderes.

- ¿Ese crío ya puede dominarlos?- pregunto Kaze sorprendido.

- Es un crío sorprendente, pero al fin y al cabo es hijo de sus padres.

- ¿Quién son sus padres? – Preguntó Kaze sorprendido.

- No soy la persona mas idónea para hablarte de ellos,- sonrió el profesor Sugüi - ¿Por qué no le preguntas a Inabi o a Haka? Seguramente los conozcan mejor que yo.

- Ahora me llena la curiosidad.- confirmó Kaze- De todos modos, profesor, y volviendo al tema ¿Qué otras cosas ayudan a los elementos?

- Vuestros sentimientos. El odio hace que Inabi pueda desatar más fácilmente su poder. Es muy joven, pero tiene un pasado muy oscuro. –Tsuyoi tomó aire y suspiró- A diferencia de él, su hermana Haka tiene que desatar sus poderes mediante el miedo. Solamente cuando se sintió amenazada por una rama pudo usar su fuego.

- ¿Y yo que sentimiento tengo que desarrollar?

- Kaze, empieza a ver el viento. Mira ante ti, y dime ¿que ves?

Kaze cerró los ojos, dirigió su cabeza hacia la espesa llanura donde el viento soplaba con tremenda fuerza, y cuando volvió a abrirlos, pudo examinar una figura de un joven algo mayor que él, de unos 19 años, quizás 20. Iba vestido con una sudadera color azul oscuro, y cuyo pelo era negro, largo y ondulado y se elevaba en el aire por el inmenso viento. Llevaba unos pantalones negros y estrechos, y a sus pies unas cómodas deportivas azules que pisaban el suelo hacia él. Miró como en cinturón colgaba algo largo, quizás una espada.

- Pues veo a un chico.- dijo Kaze- ¿Es real? Está caminando hacia aquí.

- No debería estar aquí- dijo el profesor- esto se está complicando, vuelve a la casa, yo me ocuparé de él.

- ¿Quién es? ¿Algún conocido?

- ¡Vete de aquí!- ordenó el anciano- ¡Es peligroso, vete!

- ¿Peligroso? ¡No pienso dejarle solo ante él!- protestó Kaze.

- Soy un mago muy experimentado, podré con él.-el anciano tomó su bastón con ambas manos- ¡Vete a casa!

- …de acuerdo.

Pero Kaze sabía que no debía irse, sabía que no era bueno quedarse ahí, pero también algo le decía que el profesor no estaba seguro de si mismo. Nunca le había visto ponerse tan serio, y algo le empujó a quedarse allí, pero quería respetar al profesor. No había cobardía en el corazón de Kaze, justamente al contrario, lleno de valor estaba dispuesto a quedarse para luchar junto al profesor, por eso, caminó tras el profesor, intentando buscar un lugar donde poder ver el combate y ayudar al profesor si fuese necesario. Ya había caminado unos metros, y vio como su mentor estaba entablando una conversación con aquel extraño. Miró a un lado, y solo vio la llanura, y el cielo. Miró al otro lado y vio lo mismo. Miró a sus pies, y vio entonces como un único escalón transparente estaba a sus pies esperando que él lo subiese. No hubo miedo, tampoco duda. Solo valor para no caerse, el mismo valor que también tenía para enfrentarse al tipo que se acercaba al profesor, el mismo valor que sintió la noche anterior cuando ninguno de sus compañeros se atrevió a probar la sopa y fue el primero en intentarlo. Así que pudo comprenderlo, estaba viendo el escalón que le ayudaba a levitar, un escalón invisible que le empujaría hacia los cielos, y pudo entonces entender que ese valor le ayudaba a ver, y podía ver el aire.

Bastó pisar ese escalón para poder comprender que estaba volando, que había encontrado su esencia. Recordó que para bajar solo tenía que poner la punta de sus pies hacia arriba, de modo que sus talones se situasen en la parte baja, y recordó que cuando voló ascendía cuando intentaba tocar el suelo con sus punteras. Con esos principios, no le costó mucho trabajo aprender a volar. Para desplazarse comprobó como también comprobó en su anterior vuelo, que debía dirigir sus brazos hacia delante, o atrás para avanzar y que para girar era como hacerlo en tierra. Decidió elevarse y mirar desde arriba el combate del profesor, porque sabía que si le había pedido que se fuera era porque iba a combatir y podía salir dañado. ¿O no?

Pudo comprobar entonces que efectivamente, el combate había dado comienzo. El profesor tenía al atacante al suelo, pero ese extraño muchacho estaba sonriendo. Se levantó rápidamente y desenfundó su arma. Kaze lo pudo comprobar entonces, no era un bastón de mago, tampoco una espada, si no que era una varoja, una de esos bastones mágicos con una potente hoja que podía rebanar cuellos como un cuchillo el pan. Era la primera vez que Kaze veía una de esas armas, pero en cambio, el profesor acostumbrado a combatir por sus aventuras de juventud, saltó velozmente hacia arriba y se colocó tras su enemigo, que sorprendido, fue golpeado por el bastón del viejo y viéndose otra vez en el suelo. Kaze fue más sorprendido aún, no sabía que el profesor podría saltar tan alto, de hecho, le pareció incluso que voló. Su enemigo, llevó su mano al arma y pronto un charco de agua se arremolinó frente al anciano que cubierto de agua en los pies, no podía desplazarse, así que su enemigo volvió a ponerse en pie y sin miedo de que Tsuyoi escapase, le puso la varoja frente a su cara.

- Muere, viejo- dijo.

- Lo siento, Ankoku- Tsuyoi le miró con desprecio.

El viejo acarició su bastón y entonces un rayo cayó en la varoja haciendo que el joven fuese nuevamente derribado, y Tsuyoi volvió a rozar su bastón, y ahora un montón de plantas surgieron atando al joven y cubriéndole de matorrales de forma que Kaze no pudo verle. El profesor Sugüi hizo una nueva caricia al bastón para que el agua dejase de arremolinársele a los pies, y colocarse en círculo alrededor de las plantas. Con una cuarta caricia al bastón, lanzó una gran llama de fuego con su mano haciendo arder las plantas que envolvían al enemigo, y de seguro el fuego hubiese hecho arder toda la llanura si no fuese por haber colocado ese pequeño círculo de agua. Cuando el fuego cesó, no había nadie ahí. Ankoku había huido, o eso pensó Kaze, pero entonces del charco de agua saltó el joven armado y le arrebató de un mandoble el bastón al viejo.

- ¡Te he pillado el truco! Sin tu bastón no puedes usar tu magia ¿verdad? – rió el joven.

- … me has descubierto- contestó Tsuyoi- Tu ganas, Ankoku.

- ¡Muere!- gritó Ankoku.

Kaze vio como el profesor caía derrotado con un gran tajo en su pecho. Sorprendido, le daba por muerto, pero le vio moverse en el suelo. Comprobó que estaba vivo. Se acercó sigilosamente, agarró el bastón del viejo y se lanzó por la espalda volando a gran velocidad hacia Ankoku al que tumbó al suelo de una patada en la cabeza.

- ¿Pero quién…?- Ankoku volvió la mirada para ver a Kaze.

Kaze, ya se había aproximado velozmente en su vuelo al profesor, y lo cargaba medio inconsciente en su espalda, pudo esquivar con su vuelo una bola de agua que el enemigo le había arrojado desde el suelo, y huir volando hacia la casa.

- Profesor…- dijo Kaze- Aguante, por favor…

FIN DEL CAPÍTULO 7

NOTA: Siento la tardanza por el capítulo, pero estoy intentando hacer una web para tenerlo todo mas ordenado y poder dividir los personajes, los dibujos, los capitulos, y demás en diferentes secciones y me está llevando mas tiempo del que pensaba. Al fin y al cabo aquí os dejo el capítulo que ya tocaba, espero que os haya cundido tanto como a mi.

Wednesday, November 08, 2006

Dibujo de los 5


Esto es lo que sucede cuando en lugar de skaner decides meter los dibujos a mano a tu ordenador mediante hacerle fotos con la webcam que ya de por si no tiene muy buena calidad. Por otro lado, el dibujo está hecho en clase a partir de un Bic negro, uno Azul, un boli gris superfasion de los que welen y 3 subradores, uno verde, otro azul y otro naranha (lo que llevaba en el bolsillo ese dia y 2 subradores que me dejaron). El resultado es este, el cual dejó a Aida (mi compañera de mesa) asombrada y llegó incluso a quitarme el dibujo de las manos para mirarlo (Mwo jojojo, un dibujante agradece esas pequeñas observaciones). Bueno, ahi os lo dejo, espero que os guste si conseguis descifrarlo, algo se vislumbra, a ver si sois capaces de distinguir quien es cada uno XD.

Monday, November 06, 2006

CAPITULO 6

Zen salió de la habitación de Daichi, pensativo en su propia esencia. Ella se iba a duchar, y en la ducha hay agua. ¿A que huele el agua? Se lo preguntó a si mismo media noche antes de dormirse, pero no llegó a concluir ninguna respuesta. Caminó por el pasillo y llegó hasta las escaleras, donde se sentó pensativo en el escalón mas alto de todos. No tardó en ver bajar a Daichi con una toalla y ropa limpia en su brazo para cambiarse tras la ducha.

- Disfruta del baño- se limitó a decir Zen con una sonrisa a su compañera.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó ella.

- Pensando un rato, tengo que hablar con el profesor sobre el agua, pero se ha ido con Kaze, así que voy a esperar a que vuelvan.

- Por cierto, tenía que preguntarte una cosa de lo que ocurrió- dijo Dai- ¿de donde ha salido tanto agua?

- Aunque parezca absurdo, creo que de mi propio cuerpo- dijo Zen- mas del 70% del cuerpo humano está compuesto por agua y era mi propia agua lo que ha salido.

- ¿Eso crees? ¿No deberías haberte deshidratado?- preguntó Daichi extrañada.

- Siempre suelo beber mucho, y supongo que mi poder mágico haya interferido en ello. No te preocupes, estaré bien.

- Eso espero… nos vemos- sonrió Daichi dándole ahora ella el beso en la mejilla a él.

- Como dije antes: disfruta del baño- se despidió Zen mirando a la chica bajando las escaleras y girando a la derecha hacia el baño.

Los ojos de Zen estaban cerrados, y el chico intentaba concentrarse en pensar lo que el maestro le había dicho, de aplicar sus cinco sentidos en el agua, y llegar incluso a olfatearla algo sin olor, y saborear algo sin sabor. Desarrollar los sentidos menos usados. Y si, pudo Zen escuchar como el sonido del agua en la ducha caía dentro del baño, a pesar de que él estuviese en las escaleras. Se imaginó por un momento a Daichi desnuda mientras el agua le caía por su cuerpo, pero se deshizo de esos pensamientos rápidamente, puesto que se centro en intentar olfatear el agua desde la distancia. Nada. Estaba más ocupado en escuchar como unos pasos se acercaban a él.

- Estás obstaculizando las escaleras, idiota.- le soltó Haka pegándole suavemente una pequeña patada en la espalda.

Zen miró levemente a la pelirroja que vestía una camiseta negra de tirantes, y una minifalda azulada por encima de las rodillas. En su cabeza llevaba un turbante azul, y calzaba unas botas oscuras.

- Disculpa señora que necesita todas las escaleras para ella sola.- le contestó Zen apartándose hacia el extremo del escalón.- ¿Tiene suficiente espacio?

- Mucho mejor- dijo ella con una fría sonrisa- ¿Qué estás tramando aquí solo?

- Simplemente estoy intentando concentrar mis sentidos en percibir el agua de la ducha.

- ¿quién está dentro? Creo que Daichi ¿no es así?- preguntó ella.

- Efectiva…- pero Zen no pudo terminar la frase, la mano de Haka fue mucho mas rápida.

- ¡¡PERVERTIDOOOOOO!! – gritó Haka abofeteando a Zen con fuerza en la parte trasera de la cabeza.

- ¿Qué te crees que soy?- preguntó Zen tirándose a la pierna de Haka y mordiéndola con fuerza.

- ¡Aagh! – chilló Haka doblando su pierna y tropezando por las escaleras.- ¡Que cai…!

Pero cuando su cabeza se había adelantado a sus pies para caer escaleras abajo, fue la mano de Inabi quién sujeto su frente y cuando Zen y Haka quisieron darse cuenta vieron al niño en el cuarto escalón más alto sujetando con la mayor chulería posible a su hermana.

- Jeje… - sonrió el pequeño- ¿sabes que tu cabeza pesa mucho?

Y acto seguido apartó la mano y dejó caer a Haka escaleras abajo. Zen, no sabe si por valentía o estupidez, al ver que la chica caía escalones hacia abajo, saltó hacia ella y decidió abrazarla y caer junto a ella, dándose un golpe en la espalda en el séptimo escalón mas alto, seguido de otros dos escalones mas abajo que le golpearon en el mismo sitio, y acto seguido el suelo.

- ¡Pedazo hostia se han pegado!- exclamó Inabi desde su escalón.

- Imbécil…- susurró Haka levantándose. Había aterrizado sobre Zen.

- Auch… -dijo Zen dolorido.- ¿estás bien…?

- …- Haka le respondió con una bofetada que le hizo girar la cara.- eso por el mordisco.

- ¡Inabi, ven aquí, que te mato!- Haka salió corriendo hacia Inabi escaleras arriba, y este salió corriendo al fondo del pasillo superior.

Zen, en cambio, permaneció tumbado en el suelo, dolorido, y mas por la bofetada de despedida de Haka que por la gran caída por las escaleras salvando la vida a su enemiga. Intentó levantarse, pero eso le hizo marearse y su cabeza volvió de bruces contra el suelo. Cerró los ojos e intentó concentrarse lentamente para no levantarse muy azotado. Sintió como su cuerpo permanecía rígido sobre el suelo, sintió en la lejanía a Haka y a Inabi corriendo por el piso de arriba, sintió también el agua en la ducha, de la que Daichi aun no había salido. Olfateó entonces el vapor que salía de la ducha, y sintió como el agua gaseosa llegaba mas allá de su nariz, llegaba a su lengua y poder saborear el vapor del agua caliente que manaba de la ducha. Entonces abrió los ojos y se vio en un mundo nuevo, un mundo que había visitado aquella noche, un mundo en el que el estaba rodeado por una fina capa de agua. Se levantó sobre el suelo de una pradera y caminó por ella hasta que llegó a un pequeño manantial de agua frente a él, cayendo sobre rocas, que bajaba a lo largo de una montaña y formando a continuación un pequeño riachuelo. Bastó con que Zen levantase la mano en señal de stop para que el agua parase de fluir y se mantuviese en el aire parada. Estuvo un rato contemplando el agua alrededor de su cuerpo, y la que había parado de la pequeña cascada que caía montaña arriba, pero ese rato se vió interrumpido por la voz de Daichi, que había aparecido ante él, tapada con una toalla.

- ¡Zen! ¿Qué… estás haciendo?- preguntó la chica asustada y sorprendida.

- ¿Qué…?- cuando Zen abrió los ojos, vio a la joven ocultando su cuerpo tras la toalla, asustada y sin comprender.- ¿Cómo he llegado yo aquí?

- Estabas sonámbulo o algo parecido y entraste aquí- dijo la chica- un halo de agua te rodeaba y paraste con tu mano el agua de la ducha. Me has asustado, pensé que te pasaba algo.

- Entonces es que yo también estoy empezando a despertar mi poder- dijo el chico sonriente,.mirando como la chica seguía oculta tras la toalla- mas tarde vendré aquí a practicar mi poder, creo que empiezo a saber lo que hay que hacer, siento haber irrumpido y pillarte en paños menores.

- No pasa nada.

- Si fueras Haka ya me habrías pegado una bofetada criminal.

- Prefiero usar mis manos para sujetar la toalla.- dijo ella.- Pero por favor, ¿puedes retirarte y dejarme vestirme?

- Si, lo siento, lo siento- se despidió el muchacho.

Zen se retiró del cuarto de baño y entonces al girarse no fue a topar con otra persona que Haka. Parecía que la chica ya había dado su escarmiento a Inabi, y estaba contenta.

- Hola Saigo – dijo Haka- venía a darte las gracias por salvarme en las escaleras antes.

- No me preguntes porque lo hice, no tengo ni idea.- dijo el chico sinceramente.

- Bueno, te doy las gracias y punto, nunca me he llevado bien contigo pero he de reconocer cuando tengo que dar las gracias y cuando no, al fin y al cabo tengo educación.- Haka acercó su dedo hacia el interruptor del baño y apagó la luz- y la luz apagada gasta menos electricidad.

- ¡No me apaguéis la luz!- chilló la voz de Daichi dentro del baño.

- ¿Aun estaba duchándose? – preguntó Haka- ¡¿Has entrado a espiarla?!

Pero Zen no pudo contestar, el puño de Haka fue demasiado rápido y le golpeó en su mejilla derecha. Parecía que esa mañana no se iba a cansar de recibir, pero si que se cansó. Zen tomó aire, respiro profundamente y el vapor del agua caliente llegó de nuevo a su nariz y pudo saborear entonces su esencia. Su cuerpo se cubrió de la fina capa de agua que vibraba a su alrededor, y abrió su mano para abofetear a la chica, pero entonces el agua se acumuló en su mano y golpeó a Haka fuertemente tumbándola en el suelo. Ella levantó rápidamente la mirada y recobró en su mente un recuerdo que ardió con fuerza: Ankoku. Las manos de la chica se cubrieron de llamas y se lanzó violentamente hacia Zen. El fuego de sus manos se apagaba cuando se acercaba al aura de agua del muchacho, y cuando la piel de ambos se rozaron una pequeña explosión les hizo salir disparados uno hacia cada lado haciendo que tanto el agua que rodeaba a Zen como el fuego de las manos de la chica desapareciesen. Acto seguido, salió Daichi de la ducha, con su pelo marrón verdoso y rizoso mojado. Esta vez, vestida con uno de sus habituales jerseys, esta vez verde con una gran D en el centro, y una falda negra y larga que ocultaban levemente las zapatillas deportivas que calzaba.

- ¿Qué está pasando? – preguntó la chica sorprendida.

- … lo siento- dijo Haka- te pareces a otra persona, y por eso siento tanto odio hacia ti- dijo Haka mirando a Zen.- No es culpa tuya, pero esos ojos negros me recuerdan a los de otra persona que tenia los ojos cargados de oscuridad, y también dominaba el poder del agua.

- Mis ojos no están cargados de oscuridad- dijo Zen- el color negro es un color que absorbe toda la luz, ¿crees que cabe sitio para que también exista oscuridad en ojos así?

- Tienes los mismos ojos que un asesino.

- ¡Haka! ¡Zen no es un asesino! – se interpuso Daichi protegiéndole- No es la persona que tu crees que es, y yo creo que tiene razón en lo que ha dicho. En sus ojos no cabe la oscuridad, pero quizás en otro con los ojos como él si, ¡pero solamente son ojos!

- No deberías defenderlo, si te ha espiado mientras estabas en la ducha.

- ¿Qué? ¿Has hecho eso?- preguntó Daichi roja mirando a Zen- ¿Cómo has…?

- Yo no he hecho eso- dijo Zen levantándose.- Lo ha mal interpretado.

- Le he visto salir de dentro cuando te duchabas, ha entrado a espiarte.- explicó Haka.

- ¿te refieres a eso? – pregunto Daichi con alivio- Yo era consciente de que entró, estuvimos hablando y todo.

- … lo siento otra vez, parece que hoy no hago más que meter la pata.- se disculpó la chica pelirroja dando media vuelta y retirándose.

- Y yo parece que no hago más que recibir golpes y más golpes por culpa de ella- dijo en un susurro Zen.

- ¿Estás bien? – le preguntó Daichi con ternura- no quiero que os peléis.

- Lo siento, no soy yo quien comienza las peleas.- respondió Zen quitándose la culpa de encima.

- Dos no pelean si uno no quiere.- respondió Daichi seriamente.

- El problema es que ella si quiere, y yo no voy a permitir que se pase.

- Hablaré con ella, conseguiré que se lleve mejor contigo.- sonrió la chica.

- Felicidades si lo consigues.

Daichi se acercó a él y le dio un beso en la mejilla.

- Eso es para que te cure mas rápido ese golpe. Échale un hielo o algo, lo tienes rojo.- acto seguido, la chica siguió los pasos de Haka, escaleras arriba.

Zen miró al baño y se dijo a si mismo.

- Bien, es hora de jugar con el agua. Creo que con el agua caliente trabajo mucho mejor, así que es hora de empezar.

FIN DEL CAPITULO 6

Sunday, October 29, 2006

Kaze Fukuro


Y aquí va el segundo valiente, Kaze, se une a ser dibujado por photoshop tras pasar por las clases de filosophia que no son un truñazo bastante grande, pero bueno, ahi que ir... -_-... Espero que os guste tanto como Zen, pero con este no os mojéis, que no es de agua.
NOMBRE: Kaze
APELLIDO: Fukuro
ELEMENTO: Viento
EDAD: 17 años
LE GUSTA: Dejarse llevar.
NO LE GUSTA: Ser el mayor.
TÉCNICAS: Ninguna.

Saturday, October 28, 2006

Zen Saigo

Aquí os regalo la primera ficha, del primer personaje. Las fichas iran aumentando y completandose a medida que la historia se vaya realizando, para ahorrar spoilers XD. Espero que os guste el dibujo, me ha llevado una noche hacerlo vía pc, y varias clases de Filo realizar bocetos a mano de Zen y de otros muchos pjs. Saludos, y gracias por leerme.
NOMBRE: Zen
APELLIDO: Saigo
ELEMENTO: Agua
EDAD: 15 años
LE GUSTA: Estar tumbado, pensando.
NO LE GUSTA: Haka
TÉCNICAS: Ninguna

Monday, October 23, 2006

CAPITULO 5

CAPITULO 5

Daichi vio irse a Inabi de la habitación mientras ella y Kirei arrancaban las enredaderas que habían brotado por las paredes y las metían en las bolsas. Algunas eran fáciles de arrancar, pero otras se habían aferrado fuertemente con sus raíces a las paredes, y quedaban pequeños brotes. La gran rama que había atacado a Haka, se mantenía cercana a la puerta, achicharrada en el suelo y ahogada por el agua que inundaba parte del pasillo y las habitaciones. Daichi se preguntaba como había podido hacer ella eso, si estaba dormida cuando todo eso brotó en su lecho. Su camisón blanco estaba algo sucio de tierra surgida al arrancar las plantas de raíz. No comprendía que había sucedido, porque el profesor había dicho que no había nada especial en la sopa, pero ella había hecho eso, solamente esa noche, ninguna noche anterior le había pasado, y no le parecía que encima esas cosas ocurriesen cuando sus compañeros también daban signos de tener realmente poderes, Daichi seguía convencida de que no tendría que ser una sopa normal. Mientras pensaba, se detuvo en un pequeño hierbajo que sobresalía bajo la alfombra blanca que ahora parecía verde grisaceo por la humedad y el tono natural que su poder había hecho crecer por toda la habitación. Agarró el pequeño brote y entonces una voz le paró:

- ¿No escuchas el dolor de esos brotes cuando los arrancas?- dijo el anciano empujando la puerta y viendo todo el desastre- Tus sueños acabaron por hacer lo que tu no hacías ayer por la tarde.

- ¿Mis sueños han…? – Daichi no daba crédito a lo que escuchaba, ¿eran sus sueños los que habían hecho eso? Arrancó el pequeño brote y lo tiró a la bolsa que Kirei y ella estaban llenando- No puede ser… Los sueños son solamente…

- Claro que si, solamente sueños donde lo que pasa no es real, pero, ¿recuerdas lo que te dije ayer? ¿Recuerdas que has soñado anoche?- preguntó el viejo.

Daichi hizo esfuerzos por recordar, no le costó mucho saber que dijo ayer el viejo. Tenía que aprender a escuchar, las plantas y la tierra hablan, pero es algo que el oído humano no puede apreciar. Hablar con ellas y escucharlas, eso era lo que tenía que hacer, pero en sus sueños estaba dormida, no podría haber hablado.

- No necesitas mover los labios para hablar- dijo el viejo- de echo, ellas no tienen labios- miró las enredaderas y con la palma de su mano sobre una, cerró los ojos y esta se recogió dentro del agujero del que había surgido e incluso este se cerró sin ningún problema.

- ¿Como ha…?- iba a preguntar el como lo había hecho, pero el viejo no la dejó terminar la pregunta.

- Pidiéndoselo- dijo el Sugüi- por favor, es como les gusta. ¿Le has pedido por favor que viniesen en tus sueños, verdad?

- ¿Qué? No recuerdo que he soñado esta noche…- dijo Daichi pensativa.

- Pues piensa un poco, a ver que encuentras en tu mente.-dijo el profesor- Retírate Kirei, creo que es mejor que sea yo quien arregle esto. Quería que fuese ella misma quien le pidiera a las plantas que se vayan, pero necesita replantearse todavía como lo ha hecho. Haré esto con mi magia.

- De acuerdo profesor Tsuyoi- dijo Kirei.

Lanzando una bola de fuego de su mano hacia la bolsa de hojas y hierbajos arrancados y reduciéndolos a cenizas, Kirei finalizó su trabajo en esa habitación y se retiró dejando la puerta entreabierta. Daichi vio como Sugüi cerraba los ojos y apoyando sus manos en una de las paredes hacia que las plantas tomasen un tamaño mucho mayor, y el agua desaparecía. Acto seguido, todas las plantas recogían y la habitación volvió a ser humilde y como nueva. Daichi estaba sorprendida por el poder del viejo, no solo había retirado las plantas si no que había secado el suelo. Se preguntaba el como lo había hecho, pero el viejo ya estaba respondiendo.

- Les pedí que absorbieran todo el agua- explicó- por eso crecieron. Luego les pedí que volviesen a sus lugares.

- Usted controla este poder también ¿verdad?- preguntó.

- No, domino un poco de cada elemento. Se puede decir que soy un mago bastante experimentado en todos los campos. Por eso puedo educar a cada uno de vosotros cinco, por eso se lo que debe de hacer cada uno.

- ¿Y que debo hacer, profesor?

- Recuerda tu sueño, reflexiona sobre lo que has soñado. Cuando lo hagas, te darás cuenta de porque han aparecido las plantas.

- ¿Usted sabe lo que he soñado?- preguntó Daichi sorprendida- ¿Cómo sabe que tiene que ver con mis sueños?

- Te dormiste y tu habitación era una habitación, al despertar era una selva. Ayer estuviste toda la tarde rodeada de plantas, intentando hablarles, pero no escuchabas sus palabras. Potenció tu magia a tal punto que en tus sueños si que te escucharon.- el anciano profesor sonrió y se acercó a la puerta, diciendo un reflexiona antes de irse y cerrarla.

¿Pero que había soñado? Recordaba haber hablado con Kaze la noche anterior, le había dicho como todos morirían en la guerra. Como ellos cinco eran los últimos que iban a quedar, y por eso estaban aprendiendo a usar la magia. Recordaba que soñó con lo que le dijo, vió a sus familiares irse, armados, vistiendo túnicas de guerra especiales para soportar la magia, y partiendo hacia la guerra. “¡Venid aquí!” Recordó que les dijo a ellos, pero como no le hicieron caso volvía a repetir esa frase una y otra, y otra, y otra vez, y diciendo cosas parecidas para invocarles y que se girasen a mirarla, aunque haya sido en vano, porque cuando se dio cuenta, estaba sola en la oscuridad, todo de color negro a su alrededor. Daichi miró a su alrededor, no estaba nadie y estaba muy tranquila porque apenas escuchaba ruidos en la casa. Parecía que todos estaban algo ocupados con lo que estuviesen haciendo. Volvió a recordar entonces, parte de su sueño, vio como su familia se iba, pero era Kaze quien aparecía en su sueño.

- No es una familia, solo son lazos de sangre lo que te une a ellos.- le decía este acercándose a ella en la oscuridad, y tomando su mano derecha con cariño.

- No es cierto- protestó ella- ellos no morirán, yo no me quedaré sola.

- No estás sola, estoy contigo- sonrió el Kaze del sueño.

- Y yo también lo estoy- dijo un Zen apareciendo a su izquierda y agarrando su segunda mano.- somos una familia ahora.

- ¡Hermana! ¿el profesor nos cuidará a partir de ahora?- dijo un Inabi apareciendo junto a una Haka delante de ella.- Pero estaremos juntos, es lo importante.

- Claro Inabi- sonreía la Haka del sueño- ahora tenemos mas hermanos que cuidar, están Kaze, y Zen.

- ¿Y yo?- preguntó Daichi sorprendida que se olvidase de ella.

- Dai, también.- le sonrió Haka-Vamos Inabi, el profesor nos espera.- dijo la Haka desapareciendo en la oscuridad, con Inabi corriendo tras ella.

- ¡No os vayáis, somos una familia, acabáis de decirlo! ¿no? ¡Esperad!- gritaba Daichi intentando correr tras ellos dos, pero las manos de Zen y Kaze la sujetaban.

- No somos una familia- le dijo Kaze con un traje tan negro como la oscuridad que les rodeaba- solamente somos los últimos magos, como tu dijiste, estamos solos.

- Acabas de decir que estamos juntos- dijo Daichi mirando a Kaze, pero este desapareció en su propia mano.

- No estás sola Dai- le sonreía Zen a su izquierda.

- Zen…- Daichi se abrazó a él- tu no desaparecerás ¿verdad? No me dejes sola.- pero bastó con apretar mas fuerte la mano que estaba agarrando para darse cuenta de que no había nadie allí.

Miró a su alrededor, todo de color negro, nadie con ella. Sus ojos rompieron en lágrimas, y clamaba ayuda, pidiéndoles que regresaran.

- ¡Zen, Kaze, Haka, Inabi!- gritaba- ¡Venid, venid conmigo! ¡No quiero estar sola, por favor!

- No estás sola- escuchó una voz decir, una voz desconocida, dulce e inocente- estamos aquí.

- ¿Aquí? ¿Quiénes sois?

- Abre los ojos y nos verás…

Entonces, Daichi comprendió. El miedo a la soledad le hizo invocar esa selva. Esa selva que la acompañaba, para que dejara de estar sola. Pero al despertar, todo estaba cambiado, se asustó y gritó. Pensaba que no era su habitación. Y al ver moverse algo, pensó que estaba en peligro, que iba a morir, porque estaba sola en una selva, y entonces acudió una rama en su ayuda. Esa rama que atacó a Haka, sin que Daichi supiera que había pedido ayuda con el corazón, porque se había sentido sola y que estaba en peligro. Pero ahora lo sabía. Estaba sola en esa habitación reflexionando su poder. Estaba sola, y no escuchaba nada en otras habitaciones.

- Tranquilidad- pensó, pero al instante rectificó sus pensamientos, mirando alrededor, pensando en su familia real- no… estoy sola. Esto es la soledad, y no me gusta, quiero que venga alguien, por favor.

Y entonces, del suelo brotó una planta que subió desde el suelo hasta su cama, posando sus hojas más verdes y más altas sobre el regazo de la chica. Ella miró la planta, sabía que lo había echo ella, que ya sabia como, ya tenía la receta. Oyó llamar a la puerta de repente, y entonces volvió a hablar mentalmente con la planta.

- Alguien me busca, ya no me siento sola, puedes irte.- pensó hacia el vegetal.

Y la planta obedeció, pero la persona fue más rápida y vio como la planta volvía a sus raíces y desaparecía dejando el pequeño agujero en nada.

- Perdona, no sabía que estuvieras en camisón todavía- dijo Zen entrando- ¿ese es tu poder? ¿Ya puedes dominarlo? Que pasada.

- Ya ves, no he tenido tiempo aún de cambiarme, pero no pasa nada.- se sonrojó Daichi mirándole con mucho cariño.- ¿Qué querías? ¿Venías a preguntarme algo?

Miró al chico de las dos coletas, esta vez iba vestido con una chaqueta azul abrochada donde podía verse una camiseta azul más clara bajo ella. Sus pantalones eran de tela, del mismo color que la chaqueta, y calzaba dos zapatillas deportivas azules y blancas.

- Estaba con Kaze hasta ahora, pero el profesor se lo ha enseñado, al parecer va a enseñarle clases de vuelo ahora y me quedé solo.

- “Y ha decidido venir a verme”.- pensó la chica para sus adentros- “¿porque sabe que siento algo extraño por él e intento pasar cuanto menos tiempo a su lado? No, no puede saberlo.”

- Y he venido a verte porque tenía que darte las gracias, cuando me despertaste por la mañana.

- No ha sido nada- dijo Daichi mientras que se mordía los labios para sus adentros de haber pensado lo que había pensado- me preocupé por ti, simplemente.

- Siempre me has parecido muy buena chica Daichi- dijo Zen sonriéndole- y según el profesor no era necesaria, pero agradezco de todos modos tu ayuda.

- No se merecen- dijo Daichi sonrojándose un poco más- Puedes llamarme Dai, Daichi suena muy largo.

- Está bien, Dai.- sonrió el chico- Supongo que tenemos que ser amigos mientras estemos en esta casa, he entablado buena amistad con Kaze, y el canijo de Inabi es muy chapas, pero le caigo bien. Haka en cambio me da miedo, no se porque no le caigo bien. Y a ti apenas he pasado tiempo contigo, así que creo que tenía que tener alguna conversación contigo.

- Pu…pues…- Daichi se sonrojaba cada vez más, no sabía que era eso que sentía por él, pero la hacía sentirse cada vez más incomoda- Claro que quiero que seamos amigos de echo yo… yo…-no sabía que iba a decir, pero se limitó a pensar “yo estoy sola con él, por favor, no se que hacer, que venga alguien”

- ¿Qué es esto? – dijo Zen mirando a sus pies como una enredadera se enroscaba sobre sus pies y le alzaba- ¡Socorro! ¡Dai, que haces!- pero la planta le tenía colgado boca abajo sin que el chico pudiera hacer nada, solamente quejarse.

- ¡Lo siento! ¡No controlo aún mi poder, no quería hacer esto! – dijo ella nerviosa poniéndose en pié e intentando sujetar a Zen. Luego volvió a intentar comunicarse con la planta “suéltale, quiero estar sola con él, por favor, pero a la vez no quiero, pero no quiero que sufra, suéltale y vete, por favor”.

La planta, en cambio, confusa por los sentimientos de Daichi, soltó a Zen de golpe, haciéndolo caer al suelo golpeando su cabeza contra el piso, y volviéndole a coger por un pie y alzarle, y repetir la operación, para al final retirarse. Daichi comprendió que las plantas no entienden los sentimientos humanos, se limitan a cumplir lo que ella pide, y que pidió estar sola por lo que le soltó, pero al decir no quería volvió, y al final la planta cedió al “suéltale y vete”. Zen estaba tumbado en el suelo, con la capucha de su chaqueta puesta, que se le había puesto automáticamente al estar colgado por la planta. Daichi corrió hacia él, se agachó ante él y le colocó su cabeza en su regazo.

- ¿estás bien? – preguntó la chica- lo siento muchísimo.

- Tranquila, veo la inocencia en tus ojos- le sonrió él mirándole sus ojos dos ojos azules como el cielo.

- Vaya…- dijo ella devolviéndole la mirada- tienes los ojos completamente negros… que bonitos.

- Los tuyos son azules y desprenden la bondad, que siempre intentas ayudarme como ya es la segunda vez que haces desde que nos conocemos.- sonrió él aun con la cabeza en su regazo.

- El color negro de tus ojos es extraño, no desprende oscuridad, a pesar de ser negro casi completamente.- dijo la chica absorta en sus ojos.

- Es que el negro es un color que absorbe la luz, por eso no ves oscuridad, porque en mis ojos solo hay luz.

- ¿Luz? – preguntó ella, “¿entonces es eso lo que siento por él?” – Entonces no dejes que apaguen esa luz, porque se apagará algo más con ella.

- ¿El que? – Pregunto Zen mirándola desde el suelo. El chico estaba cómodo, no obstante, con la cabeza sobre las piernas de la chica.

- La esperanza de los últimos, de nosotros cinco, tenemos que permanecer unidos, es lo que creo, somos una familia nueva, aunque no nos conozcamos como quisiéramos.- Quería haberle respondido “mi alma” pero no se atrevió, quería decirle que sentía algo, que le gustaba mucho ver a un chico con dos coletas y pelo azul, que le gustaba verle a él, pero parecía que él no estaba interesado en ella, ¿o si? No, ella no creía eso, solamente quería tener amigos.

- Pues te prometeré que mi luz no se apagará, no dejaré que sufras- le respondió, eso le hizo sentirse mas roja que nunca, pero como siempre, tubo que añadir algo más- ni que sufra Kaze, ni tampoco Inabi tampoco, e incluso no dejaré que sufra Haka aunque sea una borde, pero vosotros también debéis permanecer aquí.

- Prometido, estaré a tu lado siempre que quieras.- dijo ella mas seria que nunca, una seriedad que hizo que Zen tragase saliva conmovido.- Pero habrá momentos en los que no me veas, como por ejemplo ahora, que voy a ducharme.

- Te acompaño si lo deseas.- Bromeó el chico sin saber que ella estaba mas roja por momentos.

- No… no… no es necesario- tartamudeó- de echo no quiero que vengas, se ducharme sola, muchas gracias.

Acto seguido, Zen se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. Le sonrió y se fue de la habitación.

FIN DEL CAPITULO 5