Monday, October 23, 2006

CAPITULO 5

CAPITULO 5

Daichi vio irse a Inabi de la habitación mientras ella y Kirei arrancaban las enredaderas que habían brotado por las paredes y las metían en las bolsas. Algunas eran fáciles de arrancar, pero otras se habían aferrado fuertemente con sus raíces a las paredes, y quedaban pequeños brotes. La gran rama que había atacado a Haka, se mantenía cercana a la puerta, achicharrada en el suelo y ahogada por el agua que inundaba parte del pasillo y las habitaciones. Daichi se preguntaba como había podido hacer ella eso, si estaba dormida cuando todo eso brotó en su lecho. Su camisón blanco estaba algo sucio de tierra surgida al arrancar las plantas de raíz. No comprendía que había sucedido, porque el profesor había dicho que no había nada especial en la sopa, pero ella había hecho eso, solamente esa noche, ninguna noche anterior le había pasado, y no le parecía que encima esas cosas ocurriesen cuando sus compañeros también daban signos de tener realmente poderes, Daichi seguía convencida de que no tendría que ser una sopa normal. Mientras pensaba, se detuvo en un pequeño hierbajo que sobresalía bajo la alfombra blanca que ahora parecía verde grisaceo por la humedad y el tono natural que su poder había hecho crecer por toda la habitación. Agarró el pequeño brote y entonces una voz le paró:

- ¿No escuchas el dolor de esos brotes cuando los arrancas?- dijo el anciano empujando la puerta y viendo todo el desastre- Tus sueños acabaron por hacer lo que tu no hacías ayer por la tarde.

- ¿Mis sueños han…? – Daichi no daba crédito a lo que escuchaba, ¿eran sus sueños los que habían hecho eso? Arrancó el pequeño brote y lo tiró a la bolsa que Kirei y ella estaban llenando- No puede ser… Los sueños son solamente…

- Claro que si, solamente sueños donde lo que pasa no es real, pero, ¿recuerdas lo que te dije ayer? ¿Recuerdas que has soñado anoche?- preguntó el viejo.

Daichi hizo esfuerzos por recordar, no le costó mucho saber que dijo ayer el viejo. Tenía que aprender a escuchar, las plantas y la tierra hablan, pero es algo que el oído humano no puede apreciar. Hablar con ellas y escucharlas, eso era lo que tenía que hacer, pero en sus sueños estaba dormida, no podría haber hablado.

- No necesitas mover los labios para hablar- dijo el viejo- de echo, ellas no tienen labios- miró las enredaderas y con la palma de su mano sobre una, cerró los ojos y esta se recogió dentro del agujero del que había surgido e incluso este se cerró sin ningún problema.

- ¿Como ha…?- iba a preguntar el como lo había hecho, pero el viejo no la dejó terminar la pregunta.

- Pidiéndoselo- dijo el Sugüi- por favor, es como les gusta. ¿Le has pedido por favor que viniesen en tus sueños, verdad?

- ¿Qué? No recuerdo que he soñado esta noche…- dijo Daichi pensativa.

- Pues piensa un poco, a ver que encuentras en tu mente.-dijo el profesor- Retírate Kirei, creo que es mejor que sea yo quien arregle esto. Quería que fuese ella misma quien le pidiera a las plantas que se vayan, pero necesita replantearse todavía como lo ha hecho. Haré esto con mi magia.

- De acuerdo profesor Tsuyoi- dijo Kirei.

Lanzando una bola de fuego de su mano hacia la bolsa de hojas y hierbajos arrancados y reduciéndolos a cenizas, Kirei finalizó su trabajo en esa habitación y se retiró dejando la puerta entreabierta. Daichi vio como Sugüi cerraba los ojos y apoyando sus manos en una de las paredes hacia que las plantas tomasen un tamaño mucho mayor, y el agua desaparecía. Acto seguido, todas las plantas recogían y la habitación volvió a ser humilde y como nueva. Daichi estaba sorprendida por el poder del viejo, no solo había retirado las plantas si no que había secado el suelo. Se preguntaba el como lo había hecho, pero el viejo ya estaba respondiendo.

- Les pedí que absorbieran todo el agua- explicó- por eso crecieron. Luego les pedí que volviesen a sus lugares.

- Usted controla este poder también ¿verdad?- preguntó.

- No, domino un poco de cada elemento. Se puede decir que soy un mago bastante experimentado en todos los campos. Por eso puedo educar a cada uno de vosotros cinco, por eso se lo que debe de hacer cada uno.

- ¿Y que debo hacer, profesor?

- Recuerda tu sueño, reflexiona sobre lo que has soñado. Cuando lo hagas, te darás cuenta de porque han aparecido las plantas.

- ¿Usted sabe lo que he soñado?- preguntó Daichi sorprendida- ¿Cómo sabe que tiene que ver con mis sueños?

- Te dormiste y tu habitación era una habitación, al despertar era una selva. Ayer estuviste toda la tarde rodeada de plantas, intentando hablarles, pero no escuchabas sus palabras. Potenció tu magia a tal punto que en tus sueños si que te escucharon.- el anciano profesor sonrió y se acercó a la puerta, diciendo un reflexiona antes de irse y cerrarla.

¿Pero que había soñado? Recordaba haber hablado con Kaze la noche anterior, le había dicho como todos morirían en la guerra. Como ellos cinco eran los últimos que iban a quedar, y por eso estaban aprendiendo a usar la magia. Recordaba que soñó con lo que le dijo, vió a sus familiares irse, armados, vistiendo túnicas de guerra especiales para soportar la magia, y partiendo hacia la guerra. “¡Venid aquí!” Recordó que les dijo a ellos, pero como no le hicieron caso volvía a repetir esa frase una y otra, y otra, y otra vez, y diciendo cosas parecidas para invocarles y que se girasen a mirarla, aunque haya sido en vano, porque cuando se dio cuenta, estaba sola en la oscuridad, todo de color negro a su alrededor. Daichi miró a su alrededor, no estaba nadie y estaba muy tranquila porque apenas escuchaba ruidos en la casa. Parecía que todos estaban algo ocupados con lo que estuviesen haciendo. Volvió a recordar entonces, parte de su sueño, vio como su familia se iba, pero era Kaze quien aparecía en su sueño.

- No es una familia, solo son lazos de sangre lo que te une a ellos.- le decía este acercándose a ella en la oscuridad, y tomando su mano derecha con cariño.

- No es cierto- protestó ella- ellos no morirán, yo no me quedaré sola.

- No estás sola, estoy contigo- sonrió el Kaze del sueño.

- Y yo también lo estoy- dijo un Zen apareciendo a su izquierda y agarrando su segunda mano.- somos una familia ahora.

- ¡Hermana! ¿el profesor nos cuidará a partir de ahora?- dijo un Inabi apareciendo junto a una Haka delante de ella.- Pero estaremos juntos, es lo importante.

- Claro Inabi- sonreía la Haka del sueño- ahora tenemos mas hermanos que cuidar, están Kaze, y Zen.

- ¿Y yo?- preguntó Daichi sorprendida que se olvidase de ella.

- Dai, también.- le sonrió Haka-Vamos Inabi, el profesor nos espera.- dijo la Haka desapareciendo en la oscuridad, con Inabi corriendo tras ella.

- ¡No os vayáis, somos una familia, acabáis de decirlo! ¿no? ¡Esperad!- gritaba Daichi intentando correr tras ellos dos, pero las manos de Zen y Kaze la sujetaban.

- No somos una familia- le dijo Kaze con un traje tan negro como la oscuridad que les rodeaba- solamente somos los últimos magos, como tu dijiste, estamos solos.

- Acabas de decir que estamos juntos- dijo Daichi mirando a Kaze, pero este desapareció en su propia mano.

- No estás sola Dai- le sonreía Zen a su izquierda.

- Zen…- Daichi se abrazó a él- tu no desaparecerás ¿verdad? No me dejes sola.- pero bastó con apretar mas fuerte la mano que estaba agarrando para darse cuenta de que no había nadie allí.

Miró a su alrededor, todo de color negro, nadie con ella. Sus ojos rompieron en lágrimas, y clamaba ayuda, pidiéndoles que regresaran.

- ¡Zen, Kaze, Haka, Inabi!- gritaba- ¡Venid, venid conmigo! ¡No quiero estar sola, por favor!

- No estás sola- escuchó una voz decir, una voz desconocida, dulce e inocente- estamos aquí.

- ¿Aquí? ¿Quiénes sois?

- Abre los ojos y nos verás…

Entonces, Daichi comprendió. El miedo a la soledad le hizo invocar esa selva. Esa selva que la acompañaba, para que dejara de estar sola. Pero al despertar, todo estaba cambiado, se asustó y gritó. Pensaba que no era su habitación. Y al ver moverse algo, pensó que estaba en peligro, que iba a morir, porque estaba sola en una selva, y entonces acudió una rama en su ayuda. Esa rama que atacó a Haka, sin que Daichi supiera que había pedido ayuda con el corazón, porque se había sentido sola y que estaba en peligro. Pero ahora lo sabía. Estaba sola en esa habitación reflexionando su poder. Estaba sola, y no escuchaba nada en otras habitaciones.

- Tranquilidad- pensó, pero al instante rectificó sus pensamientos, mirando alrededor, pensando en su familia real- no… estoy sola. Esto es la soledad, y no me gusta, quiero que venga alguien, por favor.

Y entonces, del suelo brotó una planta que subió desde el suelo hasta su cama, posando sus hojas más verdes y más altas sobre el regazo de la chica. Ella miró la planta, sabía que lo había echo ella, que ya sabia como, ya tenía la receta. Oyó llamar a la puerta de repente, y entonces volvió a hablar mentalmente con la planta.

- Alguien me busca, ya no me siento sola, puedes irte.- pensó hacia el vegetal.

Y la planta obedeció, pero la persona fue más rápida y vio como la planta volvía a sus raíces y desaparecía dejando el pequeño agujero en nada.

- Perdona, no sabía que estuvieras en camisón todavía- dijo Zen entrando- ¿ese es tu poder? ¿Ya puedes dominarlo? Que pasada.

- Ya ves, no he tenido tiempo aún de cambiarme, pero no pasa nada.- se sonrojó Daichi mirándole con mucho cariño.- ¿Qué querías? ¿Venías a preguntarme algo?

Miró al chico de las dos coletas, esta vez iba vestido con una chaqueta azul abrochada donde podía verse una camiseta azul más clara bajo ella. Sus pantalones eran de tela, del mismo color que la chaqueta, y calzaba dos zapatillas deportivas azules y blancas.

- Estaba con Kaze hasta ahora, pero el profesor se lo ha enseñado, al parecer va a enseñarle clases de vuelo ahora y me quedé solo.

- “Y ha decidido venir a verme”.- pensó la chica para sus adentros- “¿porque sabe que siento algo extraño por él e intento pasar cuanto menos tiempo a su lado? No, no puede saberlo.”

- Y he venido a verte porque tenía que darte las gracias, cuando me despertaste por la mañana.

- No ha sido nada- dijo Daichi mientras que se mordía los labios para sus adentros de haber pensado lo que había pensado- me preocupé por ti, simplemente.

- Siempre me has parecido muy buena chica Daichi- dijo Zen sonriéndole- y según el profesor no era necesaria, pero agradezco de todos modos tu ayuda.

- No se merecen- dijo Daichi sonrojándose un poco más- Puedes llamarme Dai, Daichi suena muy largo.

- Está bien, Dai.- sonrió el chico- Supongo que tenemos que ser amigos mientras estemos en esta casa, he entablado buena amistad con Kaze, y el canijo de Inabi es muy chapas, pero le caigo bien. Haka en cambio me da miedo, no se porque no le caigo bien. Y a ti apenas he pasado tiempo contigo, así que creo que tenía que tener alguna conversación contigo.

- Pu…pues…- Daichi se sonrojaba cada vez más, no sabía que era eso que sentía por él, pero la hacía sentirse cada vez más incomoda- Claro que quiero que seamos amigos de echo yo… yo…-no sabía que iba a decir, pero se limitó a pensar “yo estoy sola con él, por favor, no se que hacer, que venga alguien”

- ¿Qué es esto? – dijo Zen mirando a sus pies como una enredadera se enroscaba sobre sus pies y le alzaba- ¡Socorro! ¡Dai, que haces!- pero la planta le tenía colgado boca abajo sin que el chico pudiera hacer nada, solamente quejarse.

- ¡Lo siento! ¡No controlo aún mi poder, no quería hacer esto! – dijo ella nerviosa poniéndose en pié e intentando sujetar a Zen. Luego volvió a intentar comunicarse con la planta “suéltale, quiero estar sola con él, por favor, pero a la vez no quiero, pero no quiero que sufra, suéltale y vete, por favor”.

La planta, en cambio, confusa por los sentimientos de Daichi, soltó a Zen de golpe, haciéndolo caer al suelo golpeando su cabeza contra el piso, y volviéndole a coger por un pie y alzarle, y repetir la operación, para al final retirarse. Daichi comprendió que las plantas no entienden los sentimientos humanos, se limitan a cumplir lo que ella pide, y que pidió estar sola por lo que le soltó, pero al decir no quería volvió, y al final la planta cedió al “suéltale y vete”. Zen estaba tumbado en el suelo, con la capucha de su chaqueta puesta, que se le había puesto automáticamente al estar colgado por la planta. Daichi corrió hacia él, se agachó ante él y le colocó su cabeza en su regazo.

- ¿estás bien? – preguntó la chica- lo siento muchísimo.

- Tranquila, veo la inocencia en tus ojos- le sonrió él mirándole sus ojos dos ojos azules como el cielo.

- Vaya…- dijo ella devolviéndole la mirada- tienes los ojos completamente negros… que bonitos.

- Los tuyos son azules y desprenden la bondad, que siempre intentas ayudarme como ya es la segunda vez que haces desde que nos conocemos.- sonrió él aun con la cabeza en su regazo.

- El color negro de tus ojos es extraño, no desprende oscuridad, a pesar de ser negro casi completamente.- dijo la chica absorta en sus ojos.

- Es que el negro es un color que absorbe la luz, por eso no ves oscuridad, porque en mis ojos solo hay luz.

- ¿Luz? – preguntó ella, “¿entonces es eso lo que siento por él?” – Entonces no dejes que apaguen esa luz, porque se apagará algo más con ella.

- ¿El que? – Pregunto Zen mirándola desde el suelo. El chico estaba cómodo, no obstante, con la cabeza sobre las piernas de la chica.

- La esperanza de los últimos, de nosotros cinco, tenemos que permanecer unidos, es lo que creo, somos una familia nueva, aunque no nos conozcamos como quisiéramos.- Quería haberle respondido “mi alma” pero no se atrevió, quería decirle que sentía algo, que le gustaba mucho ver a un chico con dos coletas y pelo azul, que le gustaba verle a él, pero parecía que él no estaba interesado en ella, ¿o si? No, ella no creía eso, solamente quería tener amigos.

- Pues te prometeré que mi luz no se apagará, no dejaré que sufras- le respondió, eso le hizo sentirse mas roja que nunca, pero como siempre, tubo que añadir algo más- ni que sufra Kaze, ni tampoco Inabi tampoco, e incluso no dejaré que sufra Haka aunque sea una borde, pero vosotros también debéis permanecer aquí.

- Prometido, estaré a tu lado siempre que quieras.- dijo ella mas seria que nunca, una seriedad que hizo que Zen tragase saliva conmovido.- Pero habrá momentos en los que no me veas, como por ejemplo ahora, que voy a ducharme.

- Te acompaño si lo deseas.- Bromeó el chico sin saber que ella estaba mas roja por momentos.

- No… no… no es necesario- tartamudeó- de echo no quiero que vengas, se ducharme sola, muchas gracias.

Acto seguido, Zen se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. Le sonrió y se fue de la habitación.

FIN DEL CAPITULO 5

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