Sunday, October 15, 2006

CAPITULO 4

CAPITULO 4

El recuerdo de Denki había vuelto a su mente, se había escapado del pequeño rincón entre el grifo y la puerta del baño de su casa donde Inabi sintió aquel recuerdo por última vez. Fingió su sonrisa de siempre, pero después del desayuno, subió a su cuarto sin decir nada a nadie y se tumbó en la cama boca arriba. Recordaba aquel día de su vida como el último día de la vida de Denki. Hacía ya un año de aquello, pero no podía haber olvidado a su hermano. Sabía que Haka, aunque se hacía la dura, tampoco había asumido esa parte, ninguno de los dos asumía que el hermano mediano de los tres, había muerto. Haka se había vuelto mas fría desde entonces, y él justamente al contrario, se limitaba a estar feliz, o a fingirlo, no quería verse rodeado otra vez de señoras viejas y gordas que le espachurraban y le intentaban animar diciendo “pobrecito, es muy duro perder a tu hermano, pero no estás solo, protege a tu hermana, porque ella cuidará de ti”. El entierro de Denki fue mucho más duro que verle morir ante sus ojos, escuchar una persona y otra, y otra más, que no conoces de nada animándote para seguir adelante. Más sabia que no tenía que hundirse, pero haber visto a Zen inconsciente sobre el agua, le hizo volver a recordar esos ojos blancos de Denki, rodeado del agua del hechizo con el que había sido asesinado. No le asustaba ver un cadáver, sin embargo, si sentirse impotente de no haber podido hacer nada cuando aquel hombre encapuchado le arrojó un hechizo de agua. Sabía perfectamente que desde entonces su hermana odia a los magos que podían usar el agua como elemento, siendo Zen el más cercano a todo ese odio. Más recordó como aquella mañana su hermana le dijo que fuera a buscar al profesor, mientras ella intentaba ayudarle. Eso le hizo ver una gran luz a Inabi, porque conocía a Zen, y sabía que él no era un asesino, sabía que no tenía la constitución del asesino de Denki. No obstante, tampoco estuvo delante cuando las primeras palabras de Haka que escuchó Zen al recobrar el sentido fueron “eres imbecil”, pero eso Inabi no lo sabía, pues ya había sido alcanzado por su propio rayo y había llegado al comedor donde el profesor revolvía con cautela la cucharilla de su café.

- Inabi- oyó llamar a la puerta al profesor- ¿Estás ahí?

- Si profesor- dijo- pase, solo estaba reposando un poco la comida.

- ¿Has sido consciente de lo que has hecho hoy?

- ¿Qué he roto esta vez? – dijo el pequeño intentando recordar- Creo que han causado más desastres Zen y Daichi en sus cuartos, pero claro, como siempre soy yo, pues ya viene todo el mundo a por mi ¬_¬…

- Me refiero a tus poderes.- dijo el viejo intentando contener la risa- has viajado a la velocidad del rayo. ¿Recuerdas lo que te dije ayer en tu entrenamiento?

- Que los rayos se constituyen solamente por 3 sentidos a desarrollar, que hay que desarrollar, que no se pueden comer, y que tampoco es aconsejable que te caiga un rayo encima, si no dominas ese elemento. Pero no me refería a eso.

- Entonces a la cosa esa del azufre y que si oigo un rayo ya no lo voy a ver y esas cosas raras.

- Cuando un rayo se crea se acumula una gran cantidad de azufre en el cielo. Ese es el primer paso.-explicó Sugüi- Luego lo puedes ver caer, una luz en el cielo, y finalmente, lo puedes escuchar al caer, o tocar si tienes la mala suerte. Nunca lo puedes oler cuando lo has visto ni puedes tocarlo o verlo cuando ya has escuchado su trueno.

- Entonces.... ¿Qué tengo que hacer?

- El sentido básico que deberías desarrollar es el olfato, también te lo dije. Es lo primero que se puede hacer ante un rayo. –explicó el viejo.- y hoy tu olfato se ha desarrollado lo suficiente durante unos instantes para que se efectuase tu poder.

- Pero yo no he olido nada antes de aparecer en el comedor- dijo el joven Inabi.

- No todo lo que podemos oler tiene un olor. –dijo Sugüi dejando al niño un poco estupefacto- Tu concretamente lo que has olido hoy es el miedo, tu propio miedo, y tu odio, tu propio odio contenido.

- Yo no tengo miedo, y tampoco odio a nadie, todos los de la casa me caen muy bien.- sonrió Inabi enumerando con los dedos- Haka es mi hermana, no puedo odiarla, y Kaze, Daichi y Zen son muy buenas gentes. La criada está buena que te cagas, y tú me pareces un viejo simpático aunque dices muchas cosas que no entiendo.

- ¿Un viejo simpático?- preguntó Sugüi entre risas- si, supongo que lo soy, y también comprendo que haya cosas que no entiendas, pero no dudes en preguntar. Pero de todos modos, tienes que odiar a alguien.

- Pero no hay nadie a quién odie. Solo a…

- A aquel que mató a tu hermano ¿verdad?- preguntó el anciano dejando al pequeño con la boca abierta- Tu y tu hermana reaccionáis muy bien al miedo, reaccionaron vuestras habilidades porque lo hicieron las de los otros y os asustasteis pensando que podría ser peligroso. Ahí están tu miedo y tu odio.

- Pero esa persona no estaba aquí, no he podido olerla, ni tampoco he olido que mi hermana tuviera miedo.

- No era el odio de Haka, si no tu propio miedo lo que has olido. – dijo el profesor con una sonrisa entre su barba- Al igual que tu odio se ha acumulado al pensar en Ankoku por algo que solo tu sabes y has olido tu propio odio. Es por ese motivo por el que tu poder se ha activado.

- ¿Con miedo y con odio?- preguntó el jovencito- ¿necesito tener miedo y odiar a alguien para poder usar ese poder?

- No. Necesitas desarrollar tu olfato- dijo el viejo recordándole- y el olor a miedo y odio que portabas en ese instante, era tan intenso que lo has captado y ha podido manifestarse. En el ambiente siempre hay azufre, y en ese pequeño instante donde se incrementaron tus sentimientos, pudiste captar una particula de azufre en el aire y tu cerebro se ocupó de activarla automáticamente mediante tu poder interior como mago.

- Aah… ¡vale! ¡Mola! Con odiar muy fuerte a Ankoku puedo potenciar mi olfato ¿no? ¡No dejaré de odiarle! ¡Y si un día acabo con su vida buscaré un método de resucitarle para que exista la persona para que yo pueda odiar y así controlar mi poder!

- Esto… creo que… no me has entendido muy bien…- titubeó el viejo.- Es el olfato lo que tienes que incrementar, no el odio.

- ¿entonces a quién odio? ¡Él es la persona con mas papeletas!- dijo el niño poniéndose en pie sobre su cama.- ¡Le mataré!

- Pero si odio y huelo mi odio puedo potenciar mi olfato y controlar mi poder- dijo el pequeño saltando sobre el suelo- Voy a concentrarme en odiarle mucho, mucho, mucho.

- Pero…- el viejo intentó decirle algo, pero vio como cerraba los ojos, apretaba los dientes, y cerraba con fuerza los puños. El niño desprendía una gran cantidad de odio que incluso Sugüi podía sentir.

- ¡Ya lo tengo!- el niño abrió los ojos y entonces un rayo calló sobre él y desapareció de repente.

El profesor no podía creer que un niño tan pequeño pudiese odiar tanto, aunque al fin y al cabo, esa persona, Ankoku, había matado a Denki, su hermano, pero… ¿tanto odio podía acumular? Para su sorpresa, había vuelto a desaparecer con un rayo.

Cuando Inabi supo donde estaba, ya era demasiado tarde. Había aparecido en la habitación de Daichi, tirado sobre el suelo, con dos pies a cada uno de los lados de sus mejillas, y sin entender como, recibiendo patadas de Kirei gritando.

- ¡Pervertido!- decía Kirei tapándose la falda porque Inabi había aparecido en el suelo, mirando hacia arriba.- ¡Eres un cochino y un…!

- ¡¡Esto no es lo que parece!!- intentó explicarse el pequeño poniéndose en pie y disculpándose- ¡no he aparecido aquí porque quise!

- Es cierto- dijo Daichi- acaba de aparecer junto a un rayo, no creo que sepa dominar aún sus poderes.

- Ahí, ahí, Daichi me defiende- sonrió Inabi corriendo a esconderse tras ella para salvarse de Kirei.- ¿Y este garito donde queda?

- Esto es mi habitación- dijo Daichi apenada- he creado esto con mis poderes, parece una jungla, pero Kirei me está ayudando a arreglarlo.

- Pues a mi me gusta- sonrió el pequeño.- Bueno, voy a vacilar un poco al profesor, que me he zapeado otra vez.

- Hasta la vista- le dijo Dai con un sonrisa y despidiéndose. Kirei se mantenía mas fría y se limitó a trabajar sin decirle nada.

Tras salir por la puerta, vio como el profesor abandonaba la habitación del pequeño. Corrió hacia él.

- ¡Profesor, profesor!- le llamó- ¡Lo viste! ¡Me transporté a la habitación de Daichi!

- Si, lo he visto…- dijo el profesor- quizás funcione contigo después de todo lo de odiar. Pero controla ese sentimiento, porque el odio y el amor son los dos sentimientos de los que se puede perder fácilmente el control y que sean ellos quien nos controlen a nosotros.

- Lo que no entiendo es porque aparecí en la habitación de Daichi si nunca estuve ahí.- quiso saber Inabi.

- Porque pensabas en algo que querías y apareciste ahí.

- Estaba pensando en mi odio hacia Ankoku.- dijo el pequeño.

- Pero no querías odiarle, querías otra cosa. Como cuando apareciste ante mi, querías avisarme, pero odiabas y tenias miedo poco a antes. Piensa que quieres, y piensa que sientes, no es lo mismo.

- Entonces ya lo entiendo, quería saber de que color eran las braguitas de Kirei- dijo el pequeño sonrojándose.- Pero no se lo diga, por favor.

- Ja, ja, no deberías pensar esas cosas, eres demasiado joven. En fin, voy a ver como les va a los demás. Práctica un poco más Inabi- dijo el anciano retirándose.- Y procura no usar tu poder para hacer travesuras como mirarle la ropa interior a las chicas o tendré que castigarte.

- ¿Si te digo que eran negras me perdonas por esta vez?- preguntó el niño con inocencia.

- …- el viejo le miró seriamente de arriba abajo- No mas travesuras con tus poderes, es una cosa muy seria.

- Está bien…- dijo el pequeño viéndole ir- adiós profesor.

- Asi que negras ¿eh?- dijo el profesor en un susurro que Inabi no pudo oir- Hasta la vista, entrena.

FIN DEL CAPITULO 4

No comments: