- Buenas noches – dijo Kaze saludando el primero y sentándose justo enfrente del profesor, presidiendo la mesa del lado inverso.
- Siento la tardanza- dijo Zen pidiendo disculpas y sentándose en la silla libre, junto a la chica del pelo castaño y Kaze.
- Como siempre, hay que esperar por Zen- gruñó la chica pelirroja, mirándole con un poco rabia.
- Si no hubierais tardado tanto con el entrenamiento no me hubiera dormido.- se defendió Zen intentando hacer que ella se arrepintiese de sus palabras.
- Haka, Zen, ya vale, no quiero discusiones en la mesa- protestó el viejo Sugüi- Kirai, trae la comida, por favor.
- Si señor- dijo Kirai retirándose hacia una puerta al fondo del comedor.
- Lo siento Zen.- Dijo por primera vez la chica que se sentaba a su lado, tenía la cabeza hacia abajo, como avergonzada- Es mi culpa, yo he sido la ultima en volver, me costó entender las explicaciones del maestro, mi tarea era muy dificultosa.
- Perdóname Daichi, no quería culparte a ti.- se disculpó Zen, también avergonzado por hablar sin saber.
- Profesor, profesor, profesor- llamó Inabi- ¿Cuándo nos enseñas los hechizos para pelear y defenderse? ¿Cuándo, cuando?
- Tranquilo pequeño- le calmó el profesor- Para hacer magia, primero debéis conocer los fundamentos de la magia.
- Pero yo quiero ya, profesor, ¿de que sirven esos fundamentos?- se quejo Inabi.
- Para aprender a entender a hacer magia- explicó Sugüi- no os lo puedo enseñar si no sabéis de que os hablo.
- Pero son cosas demasiado evidente profesor.- contestó esta vez Zen,- Las enseñanzas que aprendí hoy, era algo que ya sabía.
- Pero eran cosas que no teníais en cuenta- dijo el profesor firmemente.- Y tenéis que desarrollar el punto débil de cada elemento.
- ¿Me está diciendo, señor, que debo aprender a saborear el viento?- preguntó esta vez Kaze.- ¿se puede acaso hacer eso?
Todos estallaron en quejas y alaridos, protestas y lamentaciones y “es imposible” hacer unas cosas u otras. El silencio llegó instantáneamente cuando Kirei entró en la sala con una gran sopera que posó en el centro y empezó a servir uno a uno a los comensales, empezando por el mayor, y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, terminando por el más pequeño.
- Esta sopa es extraña- protestó Haka mirando una sopa de color verdoso- ¿Qué es? ¿Veneno?
- Es algo que os tenéis que comer si queréis ser poderosos- dijo Kirai retirando la olla y llevándosela- Si alguien quiere más que lo pida.
Los niños permanecieron en silencio, mirando el fluido verdoso que flotaba en sus platos, examinándolo con cuidado con la cuchara, como si les fuera a morder. Inabi se tapaba incluso la nariz, como si el olor desprendido por la sopa fuera horripilante, y en cambio, no olía absolutamente a nada. El profesor sonrió al verles con tanto miedo.
- No os pasará nada- dijo el anciano cogiendo su cuchara y hundiéndola suavemente en su sopa- solo es sopa mágica.
- Beba usted primero- dijo Kaze, instando al profesor a que les muestre que realmente no era perjudicial.
- De acuerdo- el anciano sopló, la cuchara estaba humeante y cargada de caldo, pero el humo desapareció como envuelto en la magia del soplido, y el viejo sorbió y tragó la sopa- ¿Lo ven? No es mala, podéis tomárosla.
- Hagamos lo que dice- dijo Kaze, siendo el primero en tomar el primer sorbo.
Los cuatro niños restantes, le miraron perplejos. Kaze había soltado su cuchara de golpe, haciendo que esta cayese al suelo, y se había echado sus manos a la garganta. Zen le sujetó con una mano un brazo, intentando ayudarle de algún modo, pero tenía el presentimiento de que no podía hacer nada por él. A su lado, Daichi, se había agarrado con miedo al otro brazo de Zen, con miedo del anciano que estaba a su lado, pues temía que fuera un brujo maligno. Haka, sin embargo, estaba perpleja, mirando la escena desde su sitio.
- Lo siento- dijo el viejo profesor captando la atención de todos. Kaze, levantó la vista hacia él también.
- Podrías haber avisado- dijo Kaze, pronunciando sus primeras palabras tras recibir el impacto de la sopa.
- Perdone Kaze, y siento que todos os hayáis asustado.
- ¿Qué es lo que pasa?- preguntó Zen sin entender las cosas muy bien.
- Simplemente que…- respondió Kaze- que quema a horrores.
- ¡Idiota, nos has asustado!- le reprochó Haka instantáneamente y pegándole una bofetada que le hizo mas daño que el trago de esa sopa ardiente.
- No era mi intención- la miró Kaze- me ha hecho daño de verdad en la garganta.
- Con un simple soplido el humo desaparecerá- añadió el anciano.
Esta vez, fue Zen quien mojó su cuchara y se la acercó a sus labios. Sopló suavemente y cuando iba a dar el primer sorvo…
- quiero más- le cortó Inabi.
- ¿Qué?- respondieron todos al unísono.
A Zen se le calló la cuchara de la sorpresa en su propio plato, haciendo un leve sonido agudo. Dirigió su mirada a Inabi, del mismo modo que hacía Kaze, Haka y Daichi con los ojos como platos mirando hacia él. El pequeño Inabi estaba lamiendo el plato, con una lengua pequeña y puntiaguda.
- ¿Te lo has comido todo, hermano?- preguntó Haka- ¿Estás bien? ¿Te encuentras bien? ¡Vomítalo, hazme caso y vomítalo!
- Estoy bien.- respondió Inabi- solo quiero más, está bueno.
- Lo está –dijo Kaze que ya había vuelto a la carga y empezado a comer de nuevo.
Al final, todos acabaron comiendo esa sopa. Inabi llegó a repetir hasta una tercera vez. Los otros también repitieron, pero solo una vez. A continuación, Kirai les llevó unas chuletas de cordero, que a diferencia de con la sopa, no dudaron en comerse. Al finalizar, una tarta de nata y fresa les aconteció un esplendido final, donde el profesor terminó por retirarse a dormir, y los chicos permanecieron allí sentados, charlando animadamente. Acto seguido, no tardaron retirarse para sus cuartos, a dormir y a pensar en lo que harían al día siguiente.
Kaze, al llegar a su habitación, la primera a la derecha, frente a la de Zen, se tumbó en la cama y respiró fuertemente. Había inalado aire, un aire ahogado de la poca corriente de ese cuarto. Se acercó a la ventana y la abrió. Aspiro esta vez una nueva bocanada, que le llenó de vida.
- Masticar el aire…- se dijo a si mismo.
Aspiro otra vez fuertemente, e intentó masticar el aire que inhalaba, pero le parecía completamente absurdo su reflejo en el cristal de la ventana intentando masticar algo vacío, lleno de nada. Se miró fijamente, y pudo comprobar, entonces, que tenía un pequeño arañazo en una de sus mejillas. Se tocó la herida suavemente, y sonrió.
- Haka… - dijo en voz baja a su yo del cristal- no entiendo porque ha actuado así… ¿se había preocupado por mí? ¿Me ha golpeado porque pensaba que me pasaba algo malo y al ver que era que era que me quemaba se sintió estúpida por preocuparse y quería pagarlo conmigo? Jajaja, que tonto soy, apenas me conoce, no puede preocuparse por mi, no siente nada por mi… ¿o si?
Su reflejo permanecía callado, moviendo los labios cuando él, pero no respondía. Era normal, solo era un reflejo. Se sintió estúpido ablando solo, no por hablar solo, si no por si alguien le escuchaba hablar, no por hablar solo porque lo hacía a menudo, si no por hablar así de Haka. Se asomó a la ventana, y vio entonces en la ventana de la habitación conjunta, a Daichi con lágrimas en sus ojos, mirando al bosque, en el horizonte, mientras permanecía sentada en el alfeice de su ventana.
- Daichi, ¿Por qué lloras?- preguntó Kaze al verla- ¿estás bien?
- ¿No te has dado cuenta?- respondió preguntándole.
- ¿de que estabas aquí mientras yo hablaba solo? Pues no, pero espero que no cuentes nada de que lo que has podido oír.
- Es una rara costumbre hablar solo pero no he escuchado nada de lo que decías, solo te oía murmurar.- le respondió para aliviarle.
- Bueno… ¿entonces a que no me he dado cuenta?- preguntó Kaze sorprendido.
- Al porqué estamos aquí: Tu, Zen, Haka, Inabi y también yo.
- ¿Porque estamos aquí? – Kaze, era el mayor de los cinco con sus 17 años, pero no se había parado a preguntarse eso. Se sentía impotente que una chica de 15 años le contestara a esa pregunta.
- Porque nuestros padres van a morir. Porque somos los únicos que pueden usar la magia que ese anciano nos quiere enseñar y se molesta por aprendernos.
- ¿Por qué piensas eso? – Respondió Kaze- Hay muchos magos, y nuestros padres, se han ido a la guerra, la gran guerra de la magia donde volverán sanos y salvos.
- Ellos no van a volver Kaze. Todos los magos morirán en esa guerra.- respondió Daichi- ¿Por qué si no ese hombre está entrenando cinco niños hijos de magos, uno de cada uno de los cinco elementos? Porque somos los últimos, solamente por eso.
- Pongámonos en el caso de que tuvieras razón… ¿no crees que es el verdadero motivo por el que entrenarnos y dominar esta magia que tenemos?
- Puede ser…- afirmó ella- ¿Pero no sientes pena por tus padres con lo que acabo de contar?
- Mi madre murió en el parto y con mi padre nunca me he llevado bien. Supongo que no me importa que la palme.
- No pensaba que…- ella quedó sin palabras- no se… quiero decir…lo siento…
- Al ver el tipo de ropa que tengo pensarías que era un niño mimado y que le compraban sus caprichos ¿verdad? – continuó él respondiendo por ella- la verdad que visto así casi por obligación, mas de una vez me gustaría llevar un jersey humilde y simple como los que tu sueles llevar.
- Son de mi abuela- respondió ella. Siempre los llevo.
- Tú te preocupas porque tienes una familia. Yo solo tengo lazos de sangre, por eso todo me da igual.- dijo él finalizando la conversación- Ha sido un placer charlar contigo Daichi, voy a descansar, buenas noches.
- Buenas noches también a ti Kaze, y llámame Dai, me gusta más que me llamen así, si no es molestia.
- Está bien, que descanses Dai.- dijo Kaze cerrando la ventana.
Daichi permaneció un rato pensando allí en el alfeice de la ventana. Tras comprobar que la luz de la habitación de Kaze se apagaba, recordó como cuando ese chico se quemó con la sopa, asustándolos a todos, y como ella se había agarrado inconscientemente al brazo de Zen, buscando una protección. Se quito esos pensamientos de su mente con una fuerte sacudida, y volvió a su cuarto, donde no tardó en ponerse su camisón y dormirse.
FIN DEL CAPITULO 2
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