Monday, September 24, 2007

CAPITULO XVIII

CAPITULO XVIII

La verdad que aquella tarde pasó volando, y caminaron un montón gracias a Blaster, que les condujo por caminos más rápidos y atajos que no pensaron nunca que existirían. Su compañero Kaze no parecía muy cómodo con Blaster al principio, pero cuando le habló sobre Namueh pudo ver como un resplandor de ilusión permaneció en su rostro. La verdad, había pasado días con el profesor, pero nunca supo manejar su fuego, y en cambio, Blaster parecía querer ser su tutor particular. En cambio, echaba de menos a su hermano, con el cual sintió realmente que debería protegerlo desde días atrás, donde todo comenzó:

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- He estado esperando vuestra llegada, Haka e Inabi- les dijo Tsuyoi- pronto llegaran vuestros tres compañeros, y os explicaré porque motivos estáis aquí. Kirei, puede mostrarles sus dormitorios a los dos hermanos.

- Por aquí, por favor- dijo Kirei guiándoles escaleras arriba.

Silenciosa y desconfiada, Haka la siguió, y su hermano, temeroso, le cogió la mano con miedo a aquella gran casa. Al pasar junto al profesor, este les dedicó una sonrisa, aunque al pequeño Inabi no pareció hacerle mucha gracia y se agarró más fuertemente a su hermana.

La sirvienta llegó ante las puertas del pasillo, abriendo las cinco puertas, tres a la derecha, y dos a la izquierda, y sin palabras, entendieron que podían escoger que habitación le correspondía a cada uno, ya que eran los primeros. Ella eligió la del fondo a la derecha, ya que era la puerta más lejana de todas. Inabi, sin embargo, se quedó con la segunda de la izquierda.

Mientras deshacía la maleta Haka se preguntaba que pasaría con su casa. Sus padres les habían dicho que se refugiarían en la casa del profesor Tsuyoi, durante la guerra. Esa misma mañana horas más temprano. El viaje resultó mas que rápido, en un carro que sus padres habían alquilado: los caballos eran rápidos y de buena casta y apenas habían tardado medio día en llegar, o al menos eso le pareció a ella que durmió durante el viaje. En cambio, Inabi se había quejado del largo viaje, ya que se tiró horas y horas mirando el paisaje que dejaban atrás. >>

Y era ese paisaje que Inabi miraba era el mismo que ella recorría ahora, junto a Blaster y a Kaze rumbo al norte, a las tierras heladas, para conocer a Namueh. Namueh era sin dudas otro de los cinco elegidos del pasado. Por sorprendente que pareciese que Blaster Master viviese, bajo la identidad de Blaster Fiel, mas sorprendente era pensar que Namueh pudiese vivir gracias a la inmortalidad adquirida por tomar las alas de otro ser, a pesar de que las leyendas hablasen de que esas eran las alas de un ángel, y otros rumoreaban que eran las de un demonio, aunque la idea más neutra e igual de fantástica era que había adquirido las alas de un águila gigante, y no es inmortal, si no increíblemente longevo.

No era anormal conocer el nombre de los cinco elegidos, Blaster, Namueh, Driuk, Vincent y Paulus, pero en cambio, lo que si que les parecía anormal era estar junto a uno de ellos y estar buscando a otro. “¿Cuántos más siguen vivos?” se preguntaba mentalmente Haka, pero en cambio, Blaster, como leyendo su mente respondió su duda.

- Driuk y Namueh siguen vivos- afirmó- Paulus debió haber muerto, aunque las criaturas marinas sigan alabándole y crean en él como un Dios... por otro lado, Vincent murió ya veintisiete veces que yo haya podido contar… No se como se apaña.

- ¿Veintisiete?- preguntó Kaze sorprendido- ¿Cómo puede morir alguien veintisiete veces?

- Eso mismo me pregunto yo, solo he muerto una vez y me costó renacer bastante…- rió Blaster- pero el cabrón del Vincent le ha cogido hasta gusto… algún día no podrá volver y se va a llevar una grata desilusión.

Los dos chicos se miraron el uno al otro sin saber si creerle, reírle la gracia o que hacer, aunque la situación les hizo gracia y finalmente se unieron a reírse con Blaster que resaltó mas su carcajada. En cambio, esa carcajada fue apagada instantáneamente con la pregunta de Haka.

- ¿Y como es la muerte?

- … sigamos caminando- dijo Blaster.

- ¿No lo sabes?- dijo Haka- Si realmente has estado muerto tendrías que…

- Sigamos caminando, he dicho- repitió Blaster mientras aceleraba el paso.

- Pero no me has contado…- empezó a decir Haka mientras ella y Kaze le seguían a grandes zancadas.

- ¡¿Qué narices quieres que te cuente?!- dijo Blaster mientras su pelo se volvía del color de una llama y pegaba su cara la de Haka- ¡¿Quieres que te cuente lo que vi?!

- Calma, por favor- dijo Kaze interponiéndose entre él y Haka, nervioso.

- Si, cuéntamelo- dijo Haka mirando con sorpresa su pelo, e intentando mantener la calma- quiero saber que clase de mundo es ese.

- …- Los ojos de Blaster se apagaron de furia, mirando a Haka con firmeza, y su pelo volvió a ser negro- Es un mundo del que regresar no es cuestión de ser fuerte, veloz, inteligente, débil o guapo.- confirmó Blaster- digamos que hay una única posibilidad de mil millones, es la suerte lo que lo decide si sobrevives o no. ¿Tienes idea de cómo es ese mundo? Estuve dos minutos. Los peores dos minutos de mi vida.

- ¿Los peores dos minutos? ¿Por qué?

- Porque era un mundo gris, sin color, sin sonido, sin felicidad, sin sentimientos, un mundo vacío… un mundo para perderse… porque era un mundo donde podías sentir dolor en el corazón, y sentir cosas horribles, el color de la sangre, la presencia de almas caídas, gritos de sufrimiento, y un sentimiento de culpabilidad, y de odio.

- ¿Y como has podido volver?- quiso saber Kaze.

- La suerte estuvo de mi lado y pude ver al Fénix. Es el único que con sus alas de arco iris pueden colorear aquello, con su graznido puede callar los gritos que sientes en el silencio, puede hacer que la gente que no ves sonría, puede traer la felicidad, y a mi me pudo traer de vuelta a la vida. ¿Cómo? Ni yo lo sé… lo que sé que el fuego de mi interior fue lo que le hizo poder llegar hasta mí.

- El ave Fénix…

- Pero Vincent no le vio nunca. Volvió de otra manera, no conozco sus medios y si ya no puede usarlos o que, pero se perfectamente que mi vuelta fue un golpe de suerte extrema, y que volver a ver ese pájaro en ese mundo es algo que prefiero no saber.

- ¿Y como habéis podido sobrevivir todos estos años?- preguntó Kaze sorprendido- No es normal que…

- Ya se que no es normal, y lo comprendo. Antiguamente, más antiguamente de lo que vosotros hayáis vivido, existía una raza llamada Masters. Yo era uno de ellos, al igual que Driuk, y poseemos la eternidad, hasta que una batalla acabe con nosotros. Respecto a Namueh ya conoceréis porque aún vive, no soy quién para contar sus secretos, es el más esquivo de todos. Y si Paulus estuviese vivo será por ese rumor de que posee la pócima de la eterna juventud, pero no existe tal poción. Respecto a Vincent tiene poderes increíbles adquiridos de la tierra, así que no me preguntéis, también lo desconozco.

El rugido de la tripa de Kaze resonó de pronto, y Blaster rió. Sobre sus ojos, se extendía la carretera donde el pueblo de Haka se hallaba. Ella lo reconoció al instante.

- ¡Mi pueblo! ¡No puedo creer que hayamos llegado ya!- se sorprendió ella.

- Espera Haka- la frenó Blaster.

Pero Haka no obedeció, corrió hacia el pueblo y a medida que se acercaba lo notaba más extraño. Las casas eran de color negro y la gran mayoría estaban derrumbadas. El pueblo había sido aniquilado, la vida era breve y la gente que había sobrevivido permanecía escondida en sus hogares. Los ojos de Haka brillaron, y sintió que sus manos ardían. Pero no era solo sus manos, todo su cuerpo estaba envuelto en llamas, no sabía lo que le pasaba, tenía miedo, y mientras ardía comprobó como sus ropas se habían quemado de tal manera que solo había ceniza, sobre el lugar donde ella se encontraba, junto a su llama. Su cabello, en cambio, en lugar de arder, permanecía inalterable, manteniendo la vivacidad de siempre.

- ¡¡Haka, para!!- gritó Kaze al verla arder, aunque, en su interior se preguntaba si realmente podía parar y controlarse, tal vez no podía dejar de arder- ¡¡Haka…!!

Blaster, por su parte, tragó saliva, se quitó la capa gris posándola en los brazos de Kaze y se acercó a Haka tranquilamente.

- Lo siento mucho, chica- dijo Blaster atravesando las llamas de Haka con sus propios brazos y abrazándola contra él- Yo también perdí mi pueblo así.

- ¿Por qué…?- decía Haka derramando lágrimas por sus mejillas. El fuego se apagaba con sus lágrimas, pero en cambio, en toda su cara el fuego seguía ardiendo.- ¿Porqué?

- Tranquilízate- le susurró Blaster mientras la abrazaba pacíficamente- tal vez tus padres sigan vivos en algún lugar, tal vez todos se hayan salvado y permanezcan escondidos, las casas son solo casas.

Los sollozos de Haka disminuyeron, y sus llamas perdieron energía. A medida que desaparecían, Kaze pudo ver que ella estaba desnuda, que su ropa se había quemado y que su silueta volvía a la normalidad, pudiendo ver él su silueta de mujer como nunca la había visto antes. Pero algo le decía que no debería aprovecharse, cerró los ojos, se acercó a ella y la envolvió con la capa de Blaster, pudiendo taparla. Ella se acurrucó en silencio en la capa, y Blaster se sacudió la túnica de hollín, que había adquirido al abrazar a Haka, y que por algún motivo, la ropa de Blaster, incluida la cinta del pelo, les hizo ver que es inmune al fuego.

- ¡Es Haka!- dijo una voz masculina desde una ventana.

- ¡Haka, hija mía!- dijo otra voz, saliendo de una puerta- ¿Dónde está tu hermano?

- ¡Mamá!- dijo Haka mirándola sorprendida y alegre al mismo tiempo- ¡Estás viva!

- Si hija mía- dijo la madre abrazándola con un brazo.

Esto extraño a Haka por lo que buscó el otro brazo de su madre… pero no había nada allí. Su madre había perdido un brazo, y había perdido un diente también. Haka no sabía lo que había pasado, su padre no parecía estar ahí, pero en cambio la gente del pueblo, en su mayoría, estaba ahora rodeando a los llegados, ya que una de ellos era Haka y estaban alegres de verla. En cambio, Haka sintió ganas de que estuviesen muertos. Mas de uno había perdido alguna extremidad, y casi todos mostraban señales de haber combatido en una batalla. No estaba ni la mitad del pueblo que esperaba, ni siquiera su padre. Las lágrimas de Haka fueron derramadas por su mejilla, y sabía que había pasado, su madre, también derramaba lágrimas, pero en cambio, soltó a su hija y se dio la vuelta para que su descendiente no la viera llorar. Haka, se volvió a acurrucar en la capa, tapándose sus partes más personales mientras que temblaba, bien de frío, bien de rabia.

Kaze pensó que Haka tendría frío, así que dispuesto a darle más calor se quitó la chaqueta y se la colocó a Haka por encima. No le quedaba mal, la chaqueta le tapaba el pecho, los hombros y la espalda, mientras que de su cintura para abajo ahora tenía capa casi a modo de falda. No conforme, y viendo que aún temblaba, rodeó a la joven y la abrazó, dándole calor y a la vez más confortabilidad que su madre que solo tenía un brazo. Haka, le correspondió el abrazo hundiendo la cara en su hombro, y este le acarició el pelo con su mano. La larga melena de color fogoso de Haka hondeaba y a medida que Kaze la acariciaba, motas de ceniza saltaban al aire.

Haka sintió el calor de Kaze, y aunque en su mente pasaba de todo, reparó en su gesto, y en como se estaba portando. No era solo en ese momento, era desde que decidieron salir a buscar a Zen y a Daichi. Recordó las dos manzanas que Kaze le consiguió, y recordó como se había interpuesto entre Blaster cuando se encendió. Pero no solo era Kaze, era el lugar, la entrada del pueblo donde algunas veces Ankoku la despedía antes de irse a su pueblo, era la forma de su abrazo calido lo que le gustó en ese momento de Kaze, era el brillo verde de los ojos del muchacho, no era el color negro que se había encontrado tantas veces, si no verde, dos ojos verdes esmeraldas que la hacían volar. Y fue volando como llegó a besarle.

Y él no se apartó. Nunca había vivido algo así, no conocía el sabor de un beso hasta ese momento. Le gustó. Pero por desgracia, ella se apartó demasiado pronto, sintiéndose culpable, pidiendo perdón y recordando y mirando a su pueblo de nuevo que les contemplaba con cara de sorpresa.

- “Y el viento sopló para avivar las llamas de la pasión, y fundidos en uno, obtendrían un poder mayor del que jamás pudieron tener los elegidos del pasado, donde el viento soplo más fuerte y el fuego fue apagado.”- recitó Blaster con una sonrisa muda en la cara- o eso decía la profecía.

FIN DEL CAPITULO XVIII

Tuesday, May 29, 2007

Capítulo 17

CAPITULO XVII

La noche les había sorprendido a los dos, y aún no habían llegado a su destino. Habían seguido una carretera hacia el norte y se encontraban en un pasaje de corta hierba y altos árboles variados, entre encinas, robles, y delgados manzanos. Decidieron subirse a un árbol para pasar la noche, algo les decía que dormir al raso no era bueno, aunque Haka hubiera preferido dormir sobre el cemento, donde estaba mas segura de alguna hormiga, pero a base de insistir Kaze consiguió convencerla de subirse al árbol con él. Era una grandiosa encina, fácil de trepar y con un gran espesor de hojas que los ocultarían de ser vistos.

A media noche, un leve seísmo despertó a la joven que despertó a su compañero que dormía como un tronco. Kaze despertó un poco aturdido sin comprender, pero el temblor le hizo sentir curiosidad por lo que miró al horizonte entre las hojas.
- Viene del sur- dijo Haka.- Creo que vamos en dirección opuesta. Daichi está allí.
- ¿Que te hace pensar que este terremoto tenga algo que ver con Daichi? Su poder de tierra no es tan poderoso.
- ¿Entonces que es lo que lo provoca?- preguntó Haka un poco desconcertada.
- La guerra ha comenzado- dijo Kaze- las fuerzas del norte luchan contra las del sur, no es de extrañar que existan magos así de poderosos.
- ¿Crees que hay un enfrentamiento nocturno?- le preguntó ella- no creo que haya estallado la guerra, o si lo hizo no puede llegar hasta aquí sus secuelas.
- Sea lo que sea no se trata de Daichi.-Sentenció Kaze- Aunque su poder sea de tierra, no puede desarrollar seísmos así, piensa que donde sea el epicentro de estos temblores puede incluso haber un derrumbamiento de tierra.
- Es cierto- dijo Haka percatándose de ese detalle- aquí lo que llega es débil, pero debe ser algo mucho más poderoso. Tienes razón, no se trata de Daichi.

Y sin embargo, ambos percibían su esencia en las vibraciones terrestres. Se negaron el uno al otro con sus razonamientos que se trataba de ella, quizás era lo que querían creer, pero realmente era Daichi quien se ocultaba por esos temblores, y la primera intuición de Haka había sido la correcta aunque no lo supieran. No tardaron en cesar los terremotos, y se relajaron por un instante y volvieron a conciliar el sueño. La luz de las cinco lunas les ayudaban a dormir. Sin embargo, no fue la luz del sol lo que les despertó a la mañana siguiente.

Sonaba como ruidos de hojalata desplazándose. Kaze avistó por la carretera un grupo de personas que se dirigían en dirección opuesta a ellos. Era un escuadrón de quizás setenta u ochenta guerreros que se dirigían al sur, a la lucha, con armaduras pesadas y poderosas armas como espadas, hachas, lanzas y escudos con el mismo símbolo: un estrella de cinco puntas, con cada punta de un color. A su lado había un segundo escuadrón, de unos quince personajes con prendas menos ruidosas: túnicas, varas, bastones o varojas. No había ni siquiera la mitad de magos que guerreros, pero tampoco era algo de extrañar, ya que solo muy pocos poseían el don mágico, y sin embargo, no era un don que se heredase, si no algo que las lunas otorgaban al nacer a algunas personas.

- Guerreros- solo dijo Kaze mirándolos mientras se acercaban.
- Quizás puedan contarnos que provocó el terremoto de anoche- le comentó Haka- ¿no sería buena idea ir a preguntar?
- Podríamos probar suerte- señaló Kaze sin nada mejor que hacer.

Haka bajó de un salto del árbol. Tenía las piernas entumecidas y le costó mantener el equilibrio al bajar, pero se estableció fácilmente y caminó hacia la carretera, para volver al camino. Kaze, sin embargo, para demostrar su buen despertar, saltó del árbol y mantuvo el vuelo. desplazándose en el aire hasta un manzano y cogiendo unas cuantas manzanas que le parecieron estar ya maduras. Descendió su vuelo y le ofreció una de las frutas a su compañera. Ella se lo agradeció, no le gustaban las manzanas, pero tenía hambre y comprendió que era lo único que había cerca para desayunar, así que comían sus manzanas mientras se acercaban. Las tropas, no tardaron en llegar hasta ellos.

- ¡Alto!- gritó a las tropas uno de los dos lideres que llevaban los grupos militares. Les dirigió una mirada y dijo a su compañero- Son niños.
- Ya lo veo- comentó el segundo, que por sus prendas parecía el líder del grupo mágico, mirándoles de arriba a abajo.- ¿Que hacéis aquí, muchachos?
- Pues...- Haka iba a decir algo, pero no supo qué. Miró a Kaze, para que fuese él quien hablase. Sin embargo, él le dedicó una mirada con sus verdes ojos a la chica, para que terminase de responder.- simples viajeros.
- Simples viajeros- repitió el líder mago- ¿que hacemos con ellos, Onkel?
- Capturarles.- sentenció Onkel apenas sin mirarlos.- Serán interrogados.
- Pero son niños- protestó el mago- ¿como podíamos capturar a chicos tan jóvenes?
- Podrían ser enemigos, o espías- aclaró Onkel- no es algo que me guste, pero...
- Son de fiar, señor.- dijo uno de los soldados con armadura adelantándose.
- ¿Quien eres tu?- preguntó Onkel dirigiéndole una mirada de superioridad a través del casco.
- Disculpe mi atrevimiento, pero conozco al chico- dijo el soldado.

Kaze lo miró, pero no pudo reconocerle. Era un hombre, pero su cara estaba tapada por un casco de grandes dimensiones. Portaba una espada lánguida enfundada en su cinto. Haka pudo verse reflejada en la brillante armadura, y se peinó rápidamente con las manos al ver sus pelos descolocados. El hombre que hablaba se quitó entonces el casco. Kaze pudo ver a un hombre joven, de 27 años exactamente, con el pelo medianamente largo, rizoso, y de color gris. Llevaba una barba del mismo color, y sus ojos verdes destacaban en su grisácea cara.
- ¡Tío Phell!- exclamó Kaze sorprendido al verlo- ¿Que haces aquí?
- Sargento Onkel- dijo Phell dirigiéndose a su superior- este chico es mi sobrino. No se que hace aquí, pero no es un enemigo, de echo, es uno de los cinco.
- ¡Uno de los cinco!- dijo Onkel sorprendido acercándose- ¿Has oído eso, Blaster?- le dijo al mago.
- No doy crédito a lo que ven mis ojos. ¿Y a donde se dirige su excelencia?- preguntó el mago a Kaze. Acto seguido miró a Haka y comprendió casi instantáneamente que ella también era uno de los cinco- Sus excelencias, si no me equivoco.
- No se equivoca, mago Blaster- sonrío Kaze- nos dirigimos al norte, y...
- ¡¿Blaster Master?!- preguntó saltando de sus pensamientos Haka- ¿El legendario maestro del fuego?
- Así se me conoce- murmuró él acercándose a los dos chicos- pero prefiero ser Blaster Fiel, no me gusta que me reconozcan allá donde voy.
- He leído mucho sobre usted- le comentó Haka alegre de verle.- Soy una gran fan suya y es un honor para mi conocerle.
- El honor es de un servidor- dijo Blaster sonrojándose- encontrarse con dos de los cinco y que le reconozcan no es algo que ocurre todos los días.
- Phill, vuelva a su fila- ordenó Onkel serio a su soldado que obedeció y se colocó de nuevo su casco- elegidos, podéis seguir vuestro camino.
- Gracias- agradeció Kaze dedicándole una sonrisa al guerrero. Se fijo que tras su casco de sargento el cual no se había retirado para hablar, la voz metálica no pertenecía a un hombre, si no a una mujer. Sin embargo, la armadura que portaba era tan masculina como la de su tío Phill.

Kaze y Haka se despidieron de los líderes militares y continuaron su camino. Sin embargo, al poco alguien les llamó. Era uno de los magos, llevaba una túnica azul, con un decorado de llamas rojas en la parte inferior y en las mangas. En su cabeza sostenía el largo pelo negro en punta con una cinta roja y en su espalda sobresalía el mango de una espada gruesa y poderosa oculta bajo una capa gris con una capucha. Sus pantalones también eran negros, al igual que sus altas botas. Sus ojos relucían con el mismo color rojo que los mismos ojos de Haka. La elegida le reconoció al instante.

- Blaster- dijo ella- ¿que hace aquí?
- He decidido acompañaros en vuestro camino- dijo el mago- ¿No molesto, verdad?
- Por supuesto que no- dijo Haka emocionada al verle.- Por cierto, yo soy Haka.
- Y yo soy Kaze- dijo el chico poco convencido del nuevo compañero.
- ¿Alguno de vosotros es el elegido del fuego?- preguntó Blaster dedicándole una mirada a Haka ya que sus sospechas iban sobretodo dirigidas hacia ella.
- Si, yo- asintió Haka cada vez mas emocionada- pero no se hacer grandes cosas y...
- Entonces no perderé tampoco el tiempo acompañándoos- sonrió él- te enseñaré algunos truquitos.
- ¿De verdad? ¡Es genial!- Se emocionó mas aún Haka.

"No me encaja algo" Pensaba para si mismo Kaze "Es como si ya lo supiera desde el principio... ¿realmente debemos fiarnos de él? Haka está que no caga pero este tipo hace un momento comandaba un ejercito de magos, y ahora está con nosotros como si nada."

- Me he dado unas vacaciones en el ejercito- explicaba Blaster- Onkel estaba de acuerdo de que no debéis deambular por el mundo vosotros solos. Habéis tenido suerte de que yo os encontrase primero.
- ¿Quién eres exactamente tú?- quiso saber Kaze un poco malhumorado- ¿tan poderoso eres?
- Es uno de los cinco héroes que lucharon contra Moholva en el pasado.- Explicó Haka- pensé que solo eran cuentos que nos contaba mi padre a mi y a mis hermanos cuando eramos pequeños, pero realmente existen... y Moholva también.
- ¿Lo sabías?- preguntó Kaze sorprendido- ¿y no dijiste nada?
- No sabía que fuese cierto- explicó Haka- y ni siquiera sabía que Moholva fuese real y que yo era una elegida del mundo.
- Y ahora es cuando os toca a vosotros- dijo Blaster- yo y los míos derrotamos una vez a Moholva. Ahora es cuando os toca a vosotros.

Kaze lo examinó. Era demasiado joven para haber salvado el mundo, apenas aparentaba 21 años de edad para ser un héroe tan sumamente legendario.

- Decidme sinceramente, -quiso saber entonces Blaster- ¿a donde os dirigís?
- A buscar a Zen y a Daichi- dijo Kaze- son dos de los nuestros, pero Zen nos abandonó para ir a entrenar por su cuenta junto a su hermano, y ella le siguió.
- Así que estáis separados los cinco. Dos aquí, dos allá, y uno solo. - contó Blaster- ya llegará la hora de reunirse. Por ahora lo mejor es entrenaros. Me ocuparé personalmente de tu entrenamiento, Haka.
- Genial- dijo Kaze- Pasamos de truquitos a entrenarla.
- No te pongas celoso chaval- sonrío Blaster- no pienso robarte a tu novia, solo hacerla más poderosa.
- No somos novios- respondió Haka rápidamente para ocultar su sonroje- simplemente viajamos juntos.
- Por mi puedes quedarte con ella- apuntó Kaze mirando con recelo a Haka.
- Si no os importa a partir de ahora viajaremos a las tierras heladas del norte. - dijo Blaster cambiándoles por completo la meta.- Es un lugar bastante apartado donde no correís peligro, y donde vive cierto amigo que puede hacer bastante por ti, chaval.
- ¿Por mi?- preguntó Kaze con curiosidad- ¿Quién?
- Se llama Namueh, y es uno de los cinco magos que derrotó conmigo a Moholva en el pasado. No me llevo muy bien con él, pero estoy seguro que te enseñará a volar y a dominar los vientos.
- Ya se volar- puntualizó Kaze.
- Pues te enseñará a invocar tornados, o cosas raras- añadió Blaster- Yo que sé, los magos de viento sois vosotros.

Eso animó a Kaze. Le empezaba a caer bien el nuevo compañero. Pero no estaba todavía convencido, no quería bajar la guardia tan pronto, a pesar de que Haka las había bajado por completo al estar Blaster en el grupo. Se dirigían al norte, al parecer, pero el hambre se hacía cada vez mas poderoso y Blaster noto que sus barrigas resonaban. Cuando llegaron a la ciudad donde vivía Zen y Ankoku, los chicos comprobaron que la fortuna no les sonreía porque no estaban allí ninguna de las tres personas que buscaban. Para consolarlos, Blaster les invitó a comer en una de las posadas donde pudieron abastecerse y llenar sus barrigas.

FIN DEL CAPITULO XVII

Monday, May 14, 2007

Capitulo 16

CAPITULO XVI

Todo fue demasiado rápido para Zen. Daichi había entrado en aquel túnel y él intentó seguirla, pero el techo se desplomó y el humo que se levantó de la polvareda de tierra le impidió poder seguirla más allá. Alguien le agarró por la cintura y levantándole en el aire le sacó de aquel subterráneo construido por los gazas. Era sin duda Ankoku, ningún Gaza eran tan alto como para poder levantarle de esa manera en el aire. Pudo ver luz, la noche estaba clara y desprendía una brillante luna llena. Cuando le soltaron acabó en el suelo tumbado sobre una hierba poco crecida de aquella inmensa pradera. Vio en el cielo las cinco lunas, las crecientes Aquas y Flames, lunas de la magia de agua y fuego, estándo la primera casi llena y un poco más diminuta la segunda, unas menguantes Eléctrum y Aeryn, las lunas del rayo y el viento y una luna llena de tierra: Terracos. Era sabido que cada luna potenciaba más el poder de según que elemento dependiendo como estuviese de llena. Zen recordó esa primera lección que el profesor Tsuyoi les había dado, el primer día que estuvieron en esa casa, el primer día que había visto a Daichi. Y posiblemente, algo le decía que esa noche fue la última que había visto a Daichi para siempre. No quería creerlo, pero no había manera de que no fuese así.

- Esta noche no descansaremos Zen- dijo Ankoku como si tal cosa.- levántate.
- ¿Por qué estás tan tranquilo tras lo que ha pasado?- preguntó él un poco nervioso.
- Una pena lo de tu amiga.- dijo Ankoku que rápidamente cambio de tema- nos vamos, no hay tiempo que perder.
- ¿Cómo que no hay tiempo que perder?- dijo Zen mirando a su alrededor a los gazas apenados por haber perdido sus hogares. - ¿Qué hay de esa pobre gente? ¿Qué pasa con Daichi? ¡Ni siquiera te preocupas lo mas mínimo por mucho que digas “una pena”!
- ¿Qué quieres que haga Zen? ¿Una tumba?- preguntó Ankoku- Se la ha hecho ella solita. Llorando a los caídos no podemos hacer nada.
- Tu antes no eras así Ank…- comentó Zen- te preocupabas por los demás y…
- Y ahora peleo por los demás- dijo Ankoku- De nada sirve preocuparse si no actúas, así que andando.

Ankoku agarró a Zen del brazo y tiró de él para levantarlo. Ankoku empezó a caminar rumbo al sur y Zen sin más remedio empezó a seguirlo, aunque miró hacia atrás para ver el lugar donde se había quedado Daichi, o lo que quedase de ella. Caminó en silencio, y al pisar la hierba fresca pudo ver que tras ese incidente estaba más crecida que antes, quizás es verdad que el poder de la tierra aumentase cuando Terracos estaba llena. Ankoku que se había puesto su capucha sobre la cabeza para cubrirse, caminaba en silencio, a paso rápido y grandes zancadas, quizás era la forma habitual para desplazarse, pero era algo que a Zen le costaba seguir y tenía que ir medio corriendo para seguirle el ritmo. No obstante, sus prendas de color azul oscuro y la poca luz en plena noche tampoco ayudaban mucho a Zen a poder verle. Por eso Zen preguntó a donde se dirigían, no solo porque le interesaba saberlo, sino para poder guiarse por la voz de su hermano y descubrir un poco mejor donde se localizaba, porque no podía verle bien.
- Vamos hacia el gran mar interior- explicó Ankoku- ahora que esa chica se ha quedado atrás podemos cruzar bajo el agua.

Esas palabras de Ankoku le alegraron. No había dicho “ha muerto” como hubiera dicho otra persona, ni “ha dejado de existir” como habría dicho ese Ankoku que estaba tan cambiado, si no que dijo “se ha quedado atrás” haciéndole creer que aún cabía una pequeña posibilidad de que Daichi seguiría con vida. Además ¿no se supone que ellos cinco debían salvar el mundo? No podía caer Daichi sin mover un dedo, ella tenía que seguir viva.

- ¿Y como cruzaremos bajo el agua?- preguntó Zen que tras pensar tanto había caído en las siguientes palabras de su hermano.- ¿alguna especie de máquina?
- No. –negó Ankoku- Somos magos con esencia de agua, podemos manejar el agua, y también respirar bajo ella.
- ¿Y como?- preguntó Zen sorprendido- yo no se respirar bajo el agua.
- Bajo el agua hay O2, es decir, oxigeno en estado gaseoso, respirable. El problema es que es completamente difícil poder respirar este aire mediante pulmones, pero existen más métodos de respiración interoceánica, como la fotosíntesis o las branquias.
- ¿Cómo las plantas y los peces?- preguntó Zen sorprendido- pero yo no puedo hacer eso… ¿o sí?
- Si sabes como hacerlo sí- respondió tranquilamente Ankoku.
- ¿Y como?- quiso saber Zen.
- Creo que el profesor Wasser te enseñará tal tarea personalmente, todavía es algo incluso difícil para mí...- reconoció.

Fue lo último que dijo Ankoku, lo cual hizo que Zen no supiese que pensar. Si para su hermano era difícil para él tenía que ser toda una proeza conseguirlo, era muy tarde, no había conseguido dormir apenas, y lo que más le perturbaba: había perdido a Daichi apenas unas horas. Empezaba a escuchar el sonido del mar, a medida que se acercaban, nunca lo había visto y se sorprendió cuando llegó allí. Una enorme playa les esperaba, desierta, tranquila y silenciosa. Era un paisaje muy bonito, iluminado por la luz de las cinco lunas, un paisaje que le hacía pensar en que Daichi lo viese, ya que algo le decía que si tenía que compartir tal tranquilidad junto a alguien prefería cien veces que fuera Daichi quien estuviese en ese momento junto a él. Pero no, tenía que ser Ankoku, quién caminaba a grandes zancadas por la arena.

Cuando Ankoku llegó hasta la orilla, desenvainó su varoja velozmente y la clavó sobre la arena. Zen se mantuvo a su lado, preguntándose que era lo que iba a hacer. La marea empezó a subir, y Ankoku la invocaba en silencio mirando hacia el cielo con los brazos abiertos en cruz. Zen sintió como el agua subía y mojaba sus pies, pero sin embargo los de Ankoku se mantenían secos. Fue entonces cuando Zen pudo observar como en el trecho desde los dedos de una mano de Ankoku, a los de la otra, la marea no subía, si no que sin embargo bajaba. Zen se colocó rápidamente tras Ankoku, para no mojarse más. Cuando se dio cuenta, esa hermosa playa; que pensó en que podría enseñársela a Daichi si volvía a verla, y si no a Kaze, o a Inabi, o incluso a Haka, los cuales suponía que habrían de seguir con vida; ya no estaba allí. Dos murallas de agua se levantaban ante ellos, mientras un pasillo de arena se extendía a sus pies.

- Vamos- dijo Ankoku moviéndose por fin, extrayendo la varoja de la tierra y colgándosela de su cinturón- a partir de aquí no habrá posadas, así que no se permiten descansos. Puede llevarnos un par de días.

Zen afirmó en silencio. Le parecía una barbaridad caminar en medio del mar durante tanto tiempo, y más cuando estaba tan sumamente agotado, pero era Ankoku quién daba las órdenes y no servía de nada quejarse. Cuando habían avanzado un trecho donde ya casi no se veía la costa, Ankoku volvió a usar su arma, clavándola tras ellos.

- Así nos aseguraremos que no nos siga nadie.- aclaró él.

El agua volvió a su forma natural detrás de ellos. Ahora eran tres las paredes de agua que se levantaban junto a ellos, en un diminuto pasillo que surgía donde estaba clavada la varoja de Ankoku. La recogió y siguieron caminando largo y tendido.

- Quizás te esté pidiendo demasiado con quince años- dijo Ankoku de repente, poco después de que Eléctrum se ocultase en el horizonte.- supongo que dormir un poco no hará mal a nadie…
- Pero ¿no hay posadas?- preguntó Zen un poco dudoso.
- Tranquilo, yo me ocupo de eso- dijo Ankoku introduciendo una mano dentro del agua y extrayendo en su puño una esfera perfecta, de agua pero cristalina, clara y a la vez oscura y con un toque siniestro.

Zen se preguntaba para que pudiese servir esa bola, pero no llegó a saberlo, ya que vio como el agua arrastraba consigo algo realmente grande en sus profundidades. Ankoku estaba haciendo gran uso de su magia y realmente estaba más agotado que Zen. Un barco hundido había sido traído por Ankoku que hizo uso de su poder hasta el punto de que el agua arrastrase un apolillado y viejo barco hundido.

- Al abordaje- dijo Ankoku con una pequeña sonrisa.

Zen estaba boquiabierto al ver hasta que punto podía llegar la magia de su hermano, llegando a pensar que si realmente fuese un asesino, debía de haber podido aniquilar con tantísimo poder. Ankoku usó su espada de forma que dejó al barco al aire libre en la arena, y que el pasillo se convirtiese en una sala cerrada de agua por todas partes donde solo había arena, ellos y un enorme barco en el medio. De esa forma, no serían importunados por nadie. Ankoku depositó la esfera de agua sobre la empuñadura de su varoja y se desplazó hacia el barco.

- ¿Te vas a quedar a dormir afuera?- pregunto Ankoku- Pronto amanecerá, dentro el sol no podrá alcanzar nuestro sueño, vamos a dentro.

Zen no afirmó inmediatamente y corrió a subir al barco, al fin y al cabo, tenía los pies destrozados por haber caminado tanto, y sabía que si dormía un poco podría, aunque fuese en sueños, volver a ver a Daichi aunque fuese al menos para despedirse de ella.

Llegaron a encontrar un camarote donde había dos camas, y en una de ellas descansaba un esqueleto, de algún pobre marinero que no pudo escapar con vida de lo que hubiese hundido ese barco. Ankoku no tardó en coger el cadáver y empotrarlo contra una pared, haciéndolo un montón de huesos. A Zen, sin embargo, le daba un poco de miedo tener que dormir en un lugar donde había muerto alguien, y mas aún si su esqueleto seguía en la habitación, pero decidió no protestar por no hacer creer a su hermano que era un gallina. Le dio las buenas noches y se tumbó en la cama.

El sueño llegó fácilmente, había caminado tanto que estaba muy agotado. Llegó incluso a soñar, y no tuvo un solo sueño, si no que fueron tres los sueños que le asaltaron aquella noche. En el primer sueño, Zen estaba tumbado sobre la hierba de la pradera donde los gazas se habían acoplado, y dos figuras caminaban en la noche, mediante la luz de un fuego.
- Maldito sea Zen- decía una voz femenina que le era bastante conocida- ¿Cómo ha sido posible que haya dejado que muriese Daichi?
- No lo sé,- respondió una voz de un chico joven- Él le prometió que siempre estarían juntos, y la dejó irse a través de ese túnel.
- Pero ya es la segunda vez que la falla.- protestó la vez femenina- ella se fue de casa para acompañarle, para que cumpliese su promesa.
- Pero es un buen chico- dijo el joven- aunque sus promesas no valiesen nada.

Zen llegó a ver que eran Haka y Kaze las dos figuras que hablaban en ese sueño. Llegó a perderles de vista, cuando el segundo sueño empezó. Transcurría junto al río, donde el profesor le había dado tantas lecciones y era el profesor quien llegaba en el sueño hasta él.
- Escucha Zen, creo que los oráculos se han equivocado contigo, los demás dominan ya gran parte de sus poderes y sin embargo tu…- el profesor calló en silencio.
- Pero iré a entrenar con ese gran maestro de agua y conseguiré ser mejor- dijo Zen orgulloso.
- Tú no puedes ser mejor, Zen- dijo Tsuyoi- el verdadero elegido es Ankoku, tu no tienes ni la mitad de poder que él tiene.

En ese mismo momento, un rayo llegó en el sueño y junto a él Inabi.
- Pobre Zen- dijo el pequeño- todos pensábamos que eras un elegido, pero no lo eres. ¡Ankoku es el triple de mejor que tu!
- Sentimos todo Zen, por traerte aquí y por haberte hecho tanto tiempo- explicó el viejo maestro.

Zen despertó confuso con esos dos sueños y volvió su cabeza a la cama. No sabía hasta que punto podrían ser ciertos esos sueños, pero lo cierto es que realmente llevaba pensándolo toda la noche de que esas cosas podrían ser ciertas. Cerró los ojos buscando la forma de dormir, y no pudo. Sin embargo, vio como su hermano le había colocado un vaso de agua para él sobre la mesilla. No sabía como lo había conseguido, pero sabía que estuvo levantado más tiempo que él y estuvo explorando el barco un poco antes de dormir. Zen acercó su mano al baso y vio antes de cogerlo que el agua ondeaba a medida que él acercaba su mano. Entonces Zen levantó bruscamente su brazo y el agua salió disparada del vaso rauda y velozmente hacia el techo estrellándose en él. Acto seguido Zen encogió su brazo sobre si mismo y vio como el agua se reunía y se arremolinaba alrededor de la mano. Zen pudo comprobar que el agua actuaba como si una cuerda la atase a su mano: si el movía la mano hacia un lado, el agua iba hacia allí, y si la movía hacia el otro, el agua se movía hacia el otro. Estuvo jugueteando con el agua un tiempo y cuando sintió que el cansancio le hormigueaba la mano, decidió posar el agua de nuevo en el vaso y bebérsela, que esa era su función inicial y estaba dándole un uso incorrecto en ese momento. El primer trago le hizo notar que tanto darle vueltas al agua la hacía estar un poco caliente, pero luego pensó que se debía a que el agua ya debería de estar así cuando Ankoku la consiguió. Volvió a tumbarse, entonces consiguió tener su tercer sueño.

Estaba en la playa que se encontró esa misma noche, pero en ella estaba una figura femenina esperándole. Caminó hacia ella y vio a Daichi que le recibía con una sonrisa. La abrazó con fuerzas y se alegró eternamente de poder volver a verla, a pesar de que fuese un sueño, a pesar de que sabía que no era realmente ella, y a pesar de saber que cuando despertarse ella ya no estaría allí. Pero pensó que era una última oportunidad, para mirar esos ojos azules y pedirle perdón por no estar a su lado, darle las gracias por haber estado con él en el poco tiempo que se conocieron y decirle que la echaba de menos y que ojalá pudiese volverla a ver. Disfrutó de ese sueño junto a ella en esa playa durante un buen tiempo, ya que no volvería a despertar hasta que algo le interrumpiera el sueño. Estaba en el lugar que el quería, junto a Daichi y enseñándole a la chica como podía levantar toda el agua del mar con su mano. Quizás algo exagerado, pero al fin y al cabo, estaba soñando con lo que realmente en ese momento quería: su lugar, su poder y ella.

FIN DEL CAPÍTULO XVI

Monday, May 07, 2007

Capítulo 15

CAPITULO XV



Habían estado caminando en dirección sureste toda la tarde. Ankoku les explicó que se dirigían hacia Detham, la ciudad de donde provenía Zen, y mas allá, en territorios de Moholva se hallaba la casa de Wasser donde Zen recibiría un entrenamiento especial por el quizás mejor mago de agua existente. Daichi estaba cansada, llevaba toda la tarde caminando y escuchando hablar a Ankoku y a Zen de cosas las cuales ella no entendía muy bien, pero que le agradaba escuchar porque le ayudaba a conocer un poco más a Zen y a ese ser misterioso que se rumoreaba que era un asesino.


- Empieza a anochecer- dijo Ankoku mirando al cielo- tenemos que darnos prisa y pronto llegaremos a un campamento nómada de gazas que calculo estará por allí cerca.


- ¿Te refieres a los extinguidos gazas?- preguntó Zen sorprendido- ¿Existen aun seres así?


- Así es.- afirmó Ankoku que miraba la cara de incomprensión de Daichi- los gazas son una raza de seres que miden alrededor de un metro de alto, y son cabezones, medio verdes y cara de babosa.


- ¿Cara de babosa?- preguntó Daichi asustada- nunca escuché hablar de seres así.


- No son peligrosos. Vivían por la zona del gran desierto, pero la conquista de Moholva de toda la parte sur del planeta les hizo emigrar hacia el norte. Ahora son seres nómadas que pertenecen al hemisferio norte.


- Pensé que habían sido derrotados- comentó Zen un poco más puesto en historia.- Llegué a leer que todos los seres del sur habían perecido en la gran guerra de la magia.


- Y realmente han muerto, pero unos pocos han conseguido escapar- explicó Ankoku- estos que veréis son los últimos que quedan.


- ¿Y cuanto falta? -Se preguntó Daichi que ya tenía los pies doloridos de caminar y ante sus ojos sol se extendía una amplia llanura de tierra fértil pero donde empezaba a escasear la vegetación.


- Muy poco.- dijo Ankoku agachándose a examinar un puñado de tierra que había tomado.



Ankoku se desvió un par de pasos al norte y tomó un puñado diferente de tierra que examinó. Zen y Daichi le miraban sin saber que hacía, pero él tenía la cara convencida de lo que estaba haciendo y decidieron no preguntar hasta que hiciese realmente algo. Ankoku caminó doce pasos mas al norte, y ellos le siguieron sin musitar palabra. La tierra era mucho mas numerosa y se encontraban donde el último hierbajo sobresalía.


- Aquí es- dijo Ankoku seguro de si mismo. - espero no estar equivocado.



Ankoku introdujo su mano en la tierra hasta la muñeca. Cuando la sacó, llevaba consigo algo parecido a una rama. Tiró mas todavía y resultó no ser una rama, si no un ser que aterrizó en el suelo. Un gaza. Era un hombrecillo pequeño, con una cabeza bastante grande y de un color verdoso, pero a Daichi no le pareció para nada que tuviese cara de babosa, más bien le parecía que tenía la cara como un perro sin hocico y sin orejas. En cambio, sus ojos eran saltones y tenía muy poco pelo en su cabeza. Sus brazos y piernas eran cortas y delgados como ramas de un árbol. Sus ojos eran de color azul y vestía una túnica negra.


- ¿Eres tu, Ankoku?- preguntó el ser incorporándose.


- ¡Cuanto tiempo sin verte Badí!- saludó Ankoku con una sonrisa.- ¿Tienes alojamiento para tres?


- Por supuesto- comentó Badí apoyando su mano en la tierra. Acto seguido susurró algo que no parecía tener nada que ver con ellos, mas bien hablaba con otra persona- abre las puertas y deja pasar estos invitados.



Acto seguido, la tierra bramó con un movimiento y se vislumbraron unas escaleras de tierra que bajan a la profundidad terrestre. Badí les invitó a entrar.



- Nos a gustado mucho esta llanura y es posible que nos quedemos por aquí un tiempo. -comentó Badí- Alguno de los nuestros ha empezado a construir casas subterráneas.



Daichi se lo pensó dos veces antes de entrar, pero al ver que Ankoku mientras bajaba les apremió a entrar Zen le siguió y ella no quiso quedarse atrás. Ante sus ojos, una gran caverna subterránea se hallaba ante sus ojos, y podían ver en ella muchas tiendas de acampada, e incluso alguna casa de arcilla no muy grande pero si lo suficientemente acogedora para un Gaza. Había bastante ruido por ahí, y había muchos seres parecidos a Badí. Los había mas altos, mas bajos, pero como Ankoku le había dicho todos de una estatura aproximada al metro. También los había con la piel mas clara, o mas oscura, mas amarillenta, o mas verde, pero no era el mismo color de piel de los seres que Daichi acostumbraba a ver. También pudo comprobar que efectivamente ella tenía razón y más bien su cara tenía forma de perro que de babosa, ya que algunos tenían el hocico hacia fuera. Pero todos tenían la cabeza casi tan grande como el cuerpo y los ojos grandes y saltones. También vio que no tenían pelo, si no raíces. Calculó que Badí debía de ser muy joven y que lo que ella al principio pensó que era pelo resultaron ser brotes de raíz que apenas ha nacido. A Daichi les pareció seres simpáticos, después de todo, aunque la cara de Zen parecía que no les tenía mucho agrado, pero no era que les cayesen mal, si no más bien que le diera asco ver tales personajes.



- Por aquí- dijo Badí corriendo hacia la puerta de una casa de arcilla- esta es la posada, mi padre os espera dentro.


- Gracias Badí.- le sonrió Ankoku mientras entraba en la posada.


- Bienvenidos seáis- dijo el posadero recibiéndoles cuando apenas habían entrado, abrazando fuertemente a Zen y acto seguido a Daichi. En cambio, no lo hizo con Ankoku.


- Los elegidos siempre tendrán un hogar entre nosotros- sonrió el gaza con las raíces de su cabeza bastante bien cuidadas y peinadas hacia atrás.


- Muchas gracias- agradeció Daichi sin saber que decir, nunca la habían tratado tan bien por ser elegida de algo que no tenía ni idea a que se debía.


- Los agradecidos somos nosotros- sonrió el ser- gracias por venir, por allí está una habitación para ustedes, es la mejor habitación que poseemos.


- Gracias nuevamente.- dijo Ankoku fríamente tomando unas llaves que el posadero aguantaba en sus delgadas manos- Vamos.



Ankoku se dirigió a la habitación y ellos le siguieron. La habitación era muy pequeña, pero al fin y al cabo les había salido gratis. Había tres camas, separadas por dos mesillas con una lamparilla cada una. En silencio Ankoku se tumbó sobre una cama boca a bajo y dijo.


- Dormid cuanto podáis, mañana hay que desayunar fuertemente y llegar a Detham al cabo del día.


- De acuerdo- aceptó Zen bastante agotado, imitando a su hermano.



Al ver que Zen y Ankoku se tumbaban en dos de las camas, Daichi se tumbó sobre la restante. Le sorprendió verles dormir con ropa, sin taparse ni nada con las mantas, y le daba algo de vergüenza cambiarse allí porque no sabía si estaban ya dormidos o que. Tomó su camisón y salió de la habitación para buscar un cuarto donde poder cambiarse a solas. Encontró un baño en la puerta conjunta y pudo cambiarse la ropa por su camisón. Volvió a la habitación y abrió su maleta de comida. Tomó un sándwich que había preparado. Mientras comía, miraba a Zen, que estaba en la cama del medio durmiendo, iluminado por la lampara de la mesita que estaba entre su cama y la de él. El chico había soltado sus dos coletas y mostraba una melena corta pero azul. Su cara permanecía de lado, con los ojos abiertos, mirándola. Fue entonces cuando ella se dio cuenta de que realmente no estaba dormido.


- ¿Está bueno?- preguntó Zen- debí haberme traído algo de comida.


- No te preocupes- Daichi rebuscó en la maleta y sacó un segundo sándwich- este es para ti.


- Gracias- dijo Zen incorporándose y cogiendo el bocadillo.- Por cierto, te agradezco que vengas con nosotros, a mi personalmente me haces mucha compañía. Llevo mucho tiempo sin saber de mi hermano y...


- No tienes nada que agradecer.- le corto ella- Tu dijiste que estaríamos juntos ¿no es así?


- Si, así es. Pero no esperaba que vinieses.- le dedicó una sonrisa y mordió el sándwich.


- ¿Está rico?- preguntó ella con curiosidad. - Lo he hecho yo.


- Está normal- dijo él- es un sándwich, no tiene nada de espectacular hacer un sándwich.


- ...comprendo- dijo ella un poco dolida. Había hecho ese sándwich para él y así se le agradeció.


- No obstante, tiene un toque especial- añadió él mordiéndolo otra vez- y me gusta especialmente por eso.


- ¿Toque especial?- preguntó ella sin saber- no lleva nada especial, pan, jamón y queso.


- Pero lo has hecho tu, eso lo hace especial.- Le respondió Zen dejándola sonrojada.


- Gra...gracias- le agradeció sorprendida.



Hubo un silencio y se acabaron sus cenas. Tras darse las buenas noches, Zen se tumbó en la cama, mientras la miraba en la cama de al lado. Daichi estaba boca arriba, y apagó la lamparilla.



- Si apagas la luz no puedo mirarte.- dijo la voz de Zen en un susurro.


- Pero con la luz encendida no puedo dormir- respondió Daichi tras meditarlo bien, sonrojada con otro susurro. Esa frase de Zen le llegó muy hondo y no sabía como reaccionar.



Tras eso hubo un buen silencio, y el sueño empezaba a embargar a Daichi, pero un grito llegó a los oídos de Daichi, un gritó que la sobresaltó y la hizo incorporarse y encender la lamparilla de su mesita.


- ¿que pasa?- dijo Zen deslumbrado por la luz.- Vas a despertar a mi hermano.


- ¿no has oído ese grito?- dijo Daichi sobresaltada.


- No he escuchado nada.- dijo él.- ¿estás segura que no ha sido un sueño tuyo?


- No, ni siquiera me había llegado a dormir.- explicó.



Un segundo grito llegó a la mente de Daichi. Esta vez mucho mas fuerte que la anterior, pero Zen no escuchó nada.



- ¿No lo oyes? ¡Está gritando!- le dijo ella.


- Yo no escucho nada- dijo Zen- ¿Estás bien? Deberías dormir.


- ¡No! ¡No estoy bien! ¡Esos gritos no me dejan dormir!


- Dai, cielo, yo no escucho nada, pero creo que lo mejor es que demos una vuelta por el pueblo.-miró a su hermano- Tal vez te ayude a relajarte y a calmarte, si sigues así despertarás a Ankoku.


- Está bien.- aceptó ella.- Me cambio y nos vemos en la puerta de la posada.



Daichi salió de la habitación y volvió al baño. Se puso unos pantalones grises y una blusa azul. Mientras se cambiaba, la voz continuaba gritando. Llegó a entender algunas palabras entre los gritos de dolor de esa voz.


- Vete... me haces daño... -decía. la voz.


Se echó agua en la cara para intentar despejarse, pero esos gritos continuaban ahí.



Daichi salió afuera para reunirse con Zen. El chico ya había atado sus dos coletas. Cuando llegaron afuera muchos gazas estaban despiertos, quejándose de los oídos, de un ruido molesto.


- No entiendo nada- dijo Zen sorprendido- ¿todo el mundo lo oye menos yo?


- Tu hermano tampoco- dijo Daichi- si él lo pudiese escuchar se habría despertado seguramente.


- ¡Proviene del cristal!- dijo uno de los gazas.


- ¿Cristal?-dijo Daichi con las manos en la cabeza- Vayamos a ver.



Caminaron por la caverna llegando a unos túneles que bajaban mas abajo. Los gritos se hacían mucho mas fuertes en la mente de Daichi y sentía que su cabeza le iba a estallar de un momento a otro. Pensó que si se acercaba no lo soportaría, pero quería acercarse de todos modos.



- ¡Demasiado poder!- gritó la voz en la cabeza de Daichi y los gazas.


- Dice algo así como demasiado poder- le explicó Daichi a Zen.


- ¡La elegida tiene la culpa!- dijo un gaza detrás de ellos.- ¡Su gran poder está sobrecargando el cristal!


- ¿Que es el cristal?- preguntó Daichi.


- ¡El cristal que nos permite vivir bajo tierra, en este lugar seguro!- explicó el gaza dando saltos- ¡Has de irte de aquí inmediatamente!


- ¿Porque? ¿Porque está gritando ese cristal? Voy a ir a verlo.- sentenció Daichi adentrándose por un túnel.


- ¡No! ¡No vayas!- dijo uno de los gazas.



Daichi dio un paso dentro del túnel y la tierra vibró. Daichi sintió mayor el grito en su mente.


- ¡no grites más! ¡No voy a hacerte daño!- dijo Daichi en voz alta intentando hablar con el cristal.


- ¡Estás demasiado cerca!- gritó la voz.- ¡Vete!


- ...está diciéndome a mi...- susurró Daichi- le estoy haciendo daño... ¡solo quiero ayudarle!


- ¡Vete de aquí elegida!- dijo otro más de los gazas- ¡destruirás todo!


- ¡La elegida debe irse!- añadió uno más llegando.


- ¡Demasiado tarde!- gritó una voz a lo profundo del túnel- ¡El cristal se ha quebrado!


- ¡Todo se vendrá abajo!- dijo un gaza más.



Las paredes de la caverna empezaron a vibrar. Los gazas alterados empezaron a correr de un lado a otro. Ankoku salió de la caverna con cara de sueño preguntándose que pasa. Se encontró con Daichi y Zen en la entrada del túnel.


- Los gazas están escapando de aquí, tenemos que salir de aquí antes de que esto se derrumbe.- explicó Ankoku sin perder la calma.


- Está bien, vamos Daichi.- afirmó Zen.


- ¡No! ¡Quiero ver a ese cristal! -protestó- ¡No puede ser por mi culpa!


- ¡Vámonos de aquí ahora mismo!- dijo Ankoku. -Zen, tu vienes conmigo, si ella quiere morir es su problema.



Daichi partió corriendo al interior del túnel. Vio como la tierra se desmoronaba y el túnel se deshacía a su paso, pero pronto llegó a una sala donde halló únicamente el cristal, grande, verde, flotante, en medio de la sala, del tamaño de un melón, con una grieta en él, por donde escapaba una luz amarillenta. Los gritos eran mas fuertes allí, pero Daichi se acercó un poco más.



- No puedo con tanto poder elegida- dijo la voz en su interior, sin duda era el cristal quién le hablaba, el cual recibió una nueva grieta- esto se viene abajo, dejaré de existir.


- ¡Espera!- dijo Daichi- ¡Tu puedes ofrecerme muchas respuestas!


- ¿Espera?- se burló el cristal- yo no elijo irme, te dije que te alejases de mi...


- pero yo no quiero...


- Mi poder se extingue ya...- bramó el cristal agrietándose mas y más.



Un gran pedrusco de tierra calló sobre el hombro de Daichi, provocándole un gran rasguño en su mejilla derecha y que esta cayera al suelo. No obstante, Daichi consiguió ponerse nuevamente en pie. Buscó con la mirada la salida del túnel pero estaba había sido bloqueada por la tierra que había caído. Esquivó una nueva avalancha de tierra que estuvo a punto de aplastarla y alcanzó al cristal con sus propias manos bloqueando con sus manos las grietas.


- Aguanta un poco más, intentaré sacarte de aquí.- dijo ella.



Pero el cristal no aguantó, se desintegró ella entró en contacto con él, y ya lo poco que quedaba de cueva se vino abajo...



...con ella dentro.



FIN DEL CAPITULO XV


Thursday, May 03, 2007

Capitulo 14

CAPITULO XIV


Kirei llevaba un uniforme blanco, con un cinturón negro en su cintura y le había llevado al gimnasio para algo. El brillo azul de su oscuro cabello relucía mas que nunca, y sus dos ojos se tornaban mas verdes que nunca con una minuscula chispa azul. Inabi no sabía porque pero no tardó en averiguarlo, ya que Kirei respondió inmediatamente a su pregunta antes de que él preguntase nada.


  • El profesor Tsuyoi me ha pedido que te imparta clases de artes marciales.- explico la joven descalzándose dos finas zapatillas de color negro.- para empezar quiero ver lo que eres capaz de hacer.

  • ¿Que es lo que tengo que hacer?- preguntó él un poco confuso.

  • ¡Defiende!- Gritó Kirei corriendo ferozmente hacia Inabi.


El muchacho sorprendido no pudo evitar un golpe en su pierna izquierda que Kirei le asestó con una patada baja. El joven perdiendo el equilibrio calló bruces sobre su hombro derecho dando una vuelta y reincorporándose.


  • ¡Ey! ¡Eso no es justo!

  • Apenas te he tocado.- indicó ella con la cara igual de seria.

  • ¡Pero espera! ¿Porque esto a mi? -quiso saber él- ¿Donde están Haka y Kaze?

  • Porque tu naturaleza de rayo tiene un mayor uso si se desarrolla tus habilidades en combate.

  • ¿Porque? No entiendo.

  • El rayo es un elemento de velocidad y fuerza.-explicó ella- ¿De que te sirve tal velocidad y fuerza si no te sabes defender?

  • Pero tu elemento no es el rayo ¿verdad?

  • No, pero practiqué artes marciales desde algo más joven que tu y me enfrenté a muchos rivales que dominan tu mismo poder.

  • Entonces no podrás enseñarme mucho.- Protestó Inabi con desilusión- Bueno, adiós.

  • ¿Como que adiós?


Inabi se disponía a marcharse, pero Kirei le sujetó por el cuello de su camiseta y le lanzó por los aires haciéndole caer con la espalda sobre una colchoneta. Acto seguido, se arrodilló sobre él inmovilizando sus brazos con la presión de sus piernas. El chico podía patalear con las piernas, pero no podía quitársela de encima.


  • Norma número uno- dijo ella- no subestimes nunca a quién te enseña. El profesor os podía haber derrotado en vuestro combate mágico de antes si hubiese querido. Yo te puedo matar ahora si quiero. ¿Entendido?

  • Todavía no me has derrotado.


Un rayo hizo desaparecer a Inabi de bajo las piernas de Kirei y reaparecer tumbado en el suelo en otra parte del gimnasio. Al instante una planta brotó del suelo y ató Inabi de pies y manos sobre el suelo.


  • Se me olvidó mencionar que huir no te sirve conmigo.

  • Eso es lo que tu crees.- Se transportó con un segundo rayo a una esquina, donde pudo ponerse en pié.

  • No quiero hacer esto pero no me dejas otra opción.


Kirei cerró los ojos y empezó a desprender vapor de su cuerpo. El vapor se arremolinó en una inmensa nube que se acumuló sobre Inabi. y acto seguido se convirtió en un chaparrón de agua que calló con fuerza sobre Inabi mojándole las manos, los pies, la cara, y su cuerpo.


  • ¿Que es esto? - preguntó extrañado- ¿has hecho que llueva aquí dentro?

  • Exactamente.- dijo ella.

  • ¿Y para que? ¡Posiblemente con lluvia puedo transportarme mas allá! Las tormentas de rayos hacen que los rayos sean mas poderosos.

  • Y también destructivos. - añadió ella con una mueca- Si te transportas ahora, aunque domines el rayo... estás empapado, te electrocutarás y perderás el sentido.

  • ¿Puedo perder así?- preguntó él- pensé que los rayos no me afectaban.

  • Esas chispas con las que te transportas no son dañinas pero si estás empapado pueden incluso ser mortales. ¿Quieres huir? - sonrió ella interponiéndose entre él y la puerta- intenta llegar hasta la puerta.


Con un gruñido, se lanzó a por ella de cabeza, pero ella colocó su pie derecho sobre el hombro izquierdo de él frenándole el paso. Queriendo alcanzarla agarró la pierna de Kirei pero ella con un simple movimiento de su pierna hacia la derecha le hizo caerse de bruces estampando la cara con el suelo.

  • ¡No vale! -protestó desde el suelo- ¡Eres mas mayor y mas fuerte!

  • Norma número dos: la edad y la fuerza no tienen nada que ver. Tampoco el peso o la altura.

  • Pero entonces no puedo derrotarte nunca.

  • Norma número tres- le dedicó una débil sonrisa- no te rindas nunca.

  • ¿Que no me rinda? ¿Como puedes decirme eso? ¿No ves mi situación?

  • Tengo mas años que tu por lo que me puedo fatigar antes. Tengo fuerza que no quiero usarla toda contra ti porque puedo romperte algún hueso. Puedo pesar mas, pero eso posiblemente te haga mas ágil que yo. Si soy mas alta que tu, puedes alcanzar mas fácilmente puntos bajos y débiles de mi cuerpo, cosa que a mi me cuesta mas trabajo.

  • Entiendo, puntos débiles. - Ríe Inabi poniéndose en pie.- ¿Como este?

Inabi le lanzó una patada a la entrepierna pero ella le bloqueó el pie agarrándole la pierna con ambas manos. Acto seguido y con la pierna derecha en el aire él intentó un segundo movimiento con la otra pierna levantándola hasta la cabeza pero ella pasó a sujetar el pié con una sola mano y bloquear la segunda pierna con la mano ahora libre. Tras tener las dos piernas en el aire alzó sus manos hasta la cara de Kirei que apartó su cabeza hacia atrás. Inabi, perdiendo el equilibrio hacia atrás y en el aire, se agarró con cada una de sus manos a cada uno de los brazos de ella.


  • Esto no está tan mal.- sonrió ella sujetándolo en el aire- ¿Que crees que pasará si suelto tus piernas?

  • Que perderemos los dos.- dijo él cerrando los ojos.- Si no puedo transportarme, tampoco te podré transportar conmigo.


Un rayo impactó en el cuerpo de Inabi y lanzó a cada uno de los dos con un poderoso chispazo hacia cada lado de la habitación. El dolor que Inabi sentía en el suelo era demasiado, podía con él. Sentía que sus manos le hormigueaban y que ese hormigueo le recorría todo el cuerpo. Era doloroso, y ahora sabía porque no podían transportarse en contacto con el agua. Kirei no sabía como ayudarle, llamó al profesor inmediatamente y este acudió al instante a ver que ocurría. Cuando el profesor llegó a la habitación Inabi estaba intentando mantener el hormigueo solamente en sus manos, pero se escapaba hacia todo el cuerpo. Había mucha electricidad vagando de arriba a abajo por su columna vertebral, por sus piernas, y por su cráneo, pero ante todo sentía mucho mas dolor en sus manos donde sus dedos destellaban rayos a su alrededor, cargados de electricidad que se podía ver incluso desde los ojos de Kirei y Tsuyoi. Con un grito ensordecedor fluyó de sus manos dos esferas de energía eléctrica y su hormigueo cesó. Sorprendido por su poder se encontraba confuso, pero el profesor le sonrió y comentó:

  • ¡Destruye con eso los enemigos que encuentres a tu paso Inabi!

  • ¿como? - dijo él sin saber que hacer, con miedo de si mismo por un momento- ¿Que enemigos?

  • Kirei, por favor- le ordenó el profesor.


Kirei asentó con la cabeza. Al segundo, dos torres de arena surgieron del suelo levantándose más altas que Inabi y clavándolas en el techo formando columnas de arena. Cuando pareció que Kirei había usado ya su poder, le dio una señal al joven guiñando uno de sus ojos azules verdosos. Él miró las dos esferas y arrojó cada una a una columna, con fuerza. Ambas se empotraron en la arena haciendo derrumbar las torres que Kirei había construido.


  • Que fuerza mas increíble- dijo Inabi sin poder creerlo. - ¡Tengo que ir a contárselo a Haka y a Kaze!

  • Esto...- el profesor tenía algo que decirle, lo notó al instante.

  • ¿Que pasa?- preguntó él con miedo.

  • Se han ido a buscar a Zen y a Daichi- dijo el profesor. No les he podido parar.

  • ¿Como? - dijo Inabi sorprendido- ¡Voy a buscarles!

  • No.- dijo solamente el profesor.

  • Profesor ¿como ha permitido algo así?- preguntó Kirei- ¡a saber a donde han podido ir! Al fin y al cabo, Zen y Daichi estaban con Ankoku pero ellos son solamente...

  • Si lo sé. - dijo Tsuyoi- Pero se han escapado aunque se lo haya prohibido.

  • Yo iré a buscarles al noroeste- dijo Kirei.- Y me llevaré a Inabi conmigo, así no descuidaré su entrenamiento de artes marciales.

  • ¿Como? ¿Que? ¿Que? ¿Que?- preguntó Inabi sorprendido.

  • Está bien, yo me dirigiré al sur entonces, siguiendo el rumbo de Ankoku, quizás así le pueda poner en alerta.- añadió el profesor.

  • Inabi, ve a hacer tu equipaje, nos vamos.

  • Ya es tarde Kirei- dijo el profesor- es mejor descansar y partir mañana.

  • No creo que Haka o Kaze vayan a esperar a que les alcancemos.- añadió Kirei.

  • Yo opto por descansar, los dos entrenamientos del día me han dejado más que exhausto.

  • ... está bien, ve a dormir Inabi- le permitió Kirei- al alba te despertaré y partiremos con el primer rayo de sol.

  • Gracias por todo Kirei- sonrió el profesor- no pensé que te importasen tanto los chicos de la profecía ¿no decías que no creías en ella?

  • Y sigo sin creer ¡pero son unos críos en un mundo enorme! No puedo dejar que les pase algo.

  • Tu también eres aún una cría, solo tienes 20 años.- le recordó el profesor.

  • Pero usted sabe que quiero estirar las piernas ya que hay alguien allá afuera con quien comparto una deuda pendiente.

  • Ve a dormir Kirei. Y tu también Inabi.- sentenció el profesor. Mañana os espera un gran día.


FIN DEL CAPITULO XIV

Tuesday, April 10, 2007

CAPITULO 13

CAPITULO XIII

Había pasado toda la noche cuando Haka pudo abrir los ojos, vio a Kaze a su lado en la cama. Estaba jugando a pasarse de una mano a otra una esfera de aire, la cual ella apenas podía ver pero que en cambio él si que podía y estaba empezando a acostumbrarse a ello como si fuese algo normal. Pudo comprobar que se encontraba en su propia cama, tumbada en la cama con un camisón puesto y con una colcha azul pálido por encima. Al ver que Kaze estaba tan concentrado no sabía si debería decir algo, pero fue él quien lo dijo.

- ¿Ya estás despierta, bella durmiente?- le dijo él sin dirigirle una sola mirada.

- Si… - afirmó ella confusa- ¿Qué ha pasado?

- El profesor de dejó inconsciente de un golpe.- Aclaró Kaze- También a Inabi, pero ya se ha recuperado y está por ahí causando problemas.

- Bueno, la próxima vez estaremos los cuatro.- dijo ella incorporándose- Tenemos que avisar a Daichi de que se una en el próximo combate, ha sido entretenido.

- Hay un problema respecto a Daichi…- dijo Kaze.

- ¿Qué pasa?- preguntó ella temiéndose lo peor- ¿Qué le ha pasado?

- Se ha marchado de la casa por su cuenta.- explicó Kaze- dejó una nota en su cuarto diciendo que iba con Zen. Ponía que no confiaba en Ankoku y que por ello iría con Zen a todas partes si fuera necesario.

- ¿Se ha vuelto loca? Ese capullo es demasiado para ella.- preguntó Haka- ¿Qué es lo que hará el profesor al respecto?

- Nada.- respondió secamente Kaze.

- ¿Cómo nada? ¿La ha dejado irse así sin más?

- Ella ha salido por la ventana a través de una planta que ella misma invocó.- Explicó Kaze- Pero no obstante, estoy seguro de que la hubiera dejado marchar igual.

- ¿Qué la hubiera dejado marchar igual?- preguntó ella.- Se supone que estamos aquí para aprender a dominar nuestra magia porque somos los elegidos. ¿Si nos vamos que nos queda?

- Nos queda el futuro. – Respondió Kaze- nosotros debemos salvar el mundo. Eso significa que no podemos morir hagamos lo que hagamos.

- Claro que podemos morir- cortó ella- La profecía dijo que debemos entrenar aquí y aprender la magia con el profesor. Si no cumplimos esa parte de la profecía lo cambiaremos todo, y entonces podemos morir antes de lo esperado.

- Quizás tengas razón pero tu y yo no podemos hacer nada, Haka.

- Claro que podemos- ella le dirigió una mirada con sus ardientes ojos- vamos a buscarles.

- ¿Estás loca? – respondió Kaze- Si hacemos eso nosotros mismos también correremos un peligro de poder morir.

- Debemos estar los cinco. Eso es lo importante para cumplir la profecía y desde que se fue Zen las cosas se están resolviendo de un modo diferente. Incluso podría haber muerto en el entrenamiento con el profesor, ese golpe ha estado a punto de matarme.

- El profesor no nos matará.- aclaró Kaze- Te ha golpeado secamente en un punto estratégico para dejarte inconsciente, nada más. Aquí estamos seguros.

- Piensa lo que quieras, yo me largo- sentenció Haka levantándose de la cama.

- Espera- Kaze se levantó de la silla y la sujetó firmemente. Sus ojos verde azulados se cruzaron con los ojos rojo fuego de Haka.- No puedo permitir que vayas.

- ¿Tienes idea de lo que puede pasarle a Daichi si la dejamos sola?- una llama de fuego se acumuló en la mano de la muchacha.- Si me lo vas a impedir te advierto que no te lo pondré fácil.

- No está en mis principios luchar contra mujer- explicó Kaze.- Pero no me dejas más remedio por lo que…- el muchacho cerró los ojos- Voy contigo.

- ¿Qué?- respondió anonadada Haka haciendo desaparecer su bola de fuego- ¿de verdad vas a venir?

- Si, voy contigo- dijo Kaze- vayamos a buscar a Inabi para que venga con nosotros e informemos al profesor.

- No quiero meter a Inabi en esto- dijo ella- odia demasiado a ese capullo como para dejarle ir con nosotros.

- Tienes razón, es mejor evitar peleas innecesarias.- razonó Kaze- pero no obstante es mejor avisar al profesor.

- No es necesario avisar a nadie- dijo el profesor desde la puerta.- Vosotros dos no iréis a ningún sitio solos.

- ¿Cómo?- preguntó Haka- ¿Y Daichi y Zen si pueden?

- Ellos están con Ankoku.- respondió el profesor- confío plenamente en él para la protección de Zen, y por lo tanto de Daichi.

- ¡Pero profesor!- reprochó Kaze- ¡Yo he visto el combate que efectuó contra él! ¿Cómo es posible que confíe en él?

- Tú viste el combate, pero no escuchaste porque se efectuó. Vino a pedirme que le dejase entrenar a Zen. Yo me negué a que se lo llevara porque no pensé que fuese tan buen mago, por eso combatimos, todos mis poderes contra solo su poder de agua. Me derrotó limpiamente, pero no obstante, como ya dije, nunca me hubiera matado.

- Pero no obstante está confiando en…- Haka quiso decir “ese capullo” pero el profesor la cortó con algo que la sorprendió.

- ¿En quien mató a Denki?- contestó Tsuyoi.

- ¿Cómo sabe eso? –preguntó Haka sorprendida- ¿Cómo sabe lo de mi hermano?

- Los oráculos profetizaron que Denki podría ser uno de los cinco elegidos del mal. Por eso tu padre ordenó a Ankoku que Denki muriese.

- ¿Qué mi padre hizo…?- Haka no paraba de estar sorprendida por las cosas que escuchaba.

- Oye, no me estoy empanando bien de la movida… ¿Quién es el tal Denki?- preguntó Kaze.

- “Haka la mayor, Denki el mediano, e Inabi el pequeño. El fuego y el rayo, son elementos hermanos por naturaleza, ¿Pero quien sería el tercer hermano? El enviado de Moholva.” Así fue como los oráculos profetizaron el mal que habitaba en él.- explicó el profesor.- El pueblo se levantó en revueltas pidiendo al señor Funken que le matase. Pero tu padre, Haka, no tubo el valor de hacerlo, por eso le pidió a Ankoku que lo hiciera. Creyó conveniente que debía ser alguien cercano a la familia para que ni tu, ni Inabi sospecharais.

- Pero Denki no podía ser…- ella no podía creerlo todavía.

Haka empezaba a sentirse eufórica, parecía que por fin la persona que le había traicionado lo había hecho por una buena causa, por ella. Todo era como si en un puzzle, del cual acababa de reunir todas las piezas, se encajaran solas, para ella. Estaba temblando, los nervios le podían, nunca ella se paró a pensar porque había matado a Denki, y en cambio ahora todo encajaba, las palabras de Ankoku: “Si, le maté. Pero lo hice por vuestro bien. El viejo no os ha explicado muchas cosas, seguro que él sabe porque Denki tenía que morir.”

- Los oráculos nunca dijeron que él fuese un elegido del mal, pero si un aliado al que no podríais enfrentaros fácilmente. – aclaró el profesor.

- Pues ya es un motivo más para que vaya- finalizó Haka- Llevo mucho tiempo equivocándome con Ankoku, tengo que pedirle perdón por todas las veces que le he llamado “ese capullo”.

- Y yo iré con ella, profesor- sentenció Kaze- si confía en nosotros déjenos ir.

- Sois todavía dos niños y apenas sabéis nada de la magia que albergáis dentro.

- Somos jóvenes- retocó Kaze- y como jóvenes tenemos que hacer locuras en la vida para aprender de nuestros errores.

- Tú mismo lo has dicho, es una locura- respondió Tsuyoi- ¿Por qué os voy a permitir ir?

- Porque te derrotamos en el entrenamiento.- sonrió Kaze.

- ¡Apenas estaba aplicándome al 100%! –protestó el anciano- y no podríais hacer nada si no os hubiera ayudado Kirei.

- Eso es cierto- amortiguó Kaze- pero ¿a quién le importa? ¡La victoria fue nuestra! Déjanos irnos como premio por haberte derrotado.

- Yo ya he dicho mi respuesta.

- ¡Si no nos deja ir nos fugaremos!- amenazó Haka.

- Vigilaré la puerta noche y día para que no salgáis de esta casa.- dijo el profesor abandonando la habitación con un portazo.

- Bueno, ya está avisado… ¿Nos vamos?- dijo Haka abriendo la ventana.

- ¿No has oído que no…?- preguntó Kaze.

- Le avisamos, ¡el que avisa no es traidor.- Aclaró Haka.- Puedes volar, ¿no es así? Pues vuela por la ventana.

- ¿Y tu?- ¡Tu no puedes volar!- respondió Kaze.- Y no puedo llevarte en brazos, el peso es demasiado, no creo que pueda.

- Saltaré, y tú me cogerás.- aseguró Haka.

- Está bien, lo intentaré…

Kaze voló por la ventana, como ya estaba aprendiendo a hacer y consiguió salir al exterior. Apoyó sus dos pies en la fina hierba y vio que no había moros en la costa. Haka, aprovechó que Kaze había salido para cambiarse. Se puso una camiseta negra de tirantes con la cual iba enseñando gran parte de su espalda y unos vaqueros ajustados que hacían remarcar su trasero. Se puso las botas más cómodas que encontró en su armario y asomó su cuerpo por la ventana. Se apoyó sobre el alfeizar y miró hacia abajo. El miedo le podía, y no se atrevía a saltar, pero Kaze la incitaba a ello porque podían ser descubiertos de un momento a otro. El fuego ardía en su interior, cerró los ojos e intentó volver atrás, pero entonces su pié trastabilló y vio como su cabeza iba a estamparse contra el suelo cuando entonces todo se iluminó en luz, fuego, y se mantenía sostenida en el aire. Kaze la miraba boquiabierto. Dos luminosas alas de fuego brotaban de la espalda de Haka y la mantenían flotando. Sin saber porque, Haka se alegró de haber escogido esa camiseta con la que enseñaba media espalda; quizás esas alas le hubieran quemado otra camiseta y hubiera sido terrible, sobre todo delante de Kaze. Planeó hasta el suelo y su miedo se desvaneció, las alas de fuego desaparecieron al instante.

- ¿Cómo has hecho eso?- preguntó Kaze que no daba crédito a lo que acababa de ver.

- ¿Si te digo que no tengo ni idea me crees?-respondió ella.

- El viaje nos ayudará a conocer mejor nuestros poderes- sentenció Kaze- ¿hacia donde nos dirigimos?

- Hacia el norte, a la ciudad de Ankoku y Zen. Seguro que han ido hacia allí.

- ¿estás segura que se dirigirán hacia allí?- preguntó Kaze.

- No. Pero hay cosas que me gustaría investigar.

FIN DEL CAPITULO XIII