CAPITULO XIV
Kirei llevaba un uniforme blanco, con un cinturón negro en su cintura y le había llevado al gimnasio para algo. El brillo azul de su oscuro cabello relucía mas que nunca, y sus dos ojos se tornaban mas verdes que nunca con una minuscula chispa azul. Inabi no sabía porque pero no tardó en averiguarlo, ya que Kirei respondió inmediatamente a su pregunta antes de que él preguntase nada.
El profesor Tsuyoi me ha pedido que te imparta clases de artes marciales.- explico la joven descalzándose dos finas zapatillas de color negro.- para empezar quiero ver lo que eres capaz de hacer.
¿Que es lo que tengo que hacer?- preguntó él un poco confuso.
¡Defiende!- Gritó Kirei corriendo ferozmente hacia Inabi.
El muchacho sorprendido no pudo evitar un golpe en su pierna izquierda que Kirei le asestó con una patada baja. El joven perdiendo el equilibrio calló bruces sobre su hombro derecho dando una vuelta y reincorporándose.
¡Ey! ¡Eso no es justo!
Apenas te he tocado.- indicó ella con la cara igual de seria.
¡Pero espera! ¿Porque esto a mi? -quiso saber él- ¿Donde están Haka y Kaze?
Porque tu naturaleza de rayo tiene un mayor uso si se desarrolla tus habilidades en combate.
¿Porque? No entiendo.
El rayo es un elemento de velocidad y fuerza.-explicó ella- ¿De que te sirve tal velocidad y fuerza si no te sabes defender?
Pero tu elemento no es el rayo ¿verdad?
No, pero practiqué artes marciales desde algo más joven que tu y me enfrenté a muchos rivales que dominan tu mismo poder.
Entonces no podrás enseñarme mucho.- Protestó Inabi con desilusión- Bueno, adiós.
¿Como que adiós?
Inabi se disponía a marcharse, pero Kirei le sujetó por el cuello de su camiseta y le lanzó por los aires haciéndole caer con la espalda sobre una colchoneta. Acto seguido, se arrodilló sobre él inmovilizando sus brazos con la presión de sus piernas. El chico podía patalear con las piernas, pero no podía quitársela de encima.
Norma número uno- dijo ella- no subestimes nunca a quién te enseña. El profesor os podía haber derrotado en vuestro combate mágico de antes si hubiese querido. Yo te puedo matar ahora si quiero. ¿Entendido?
Todavía no me has derrotado.
Un rayo hizo desaparecer a Inabi de bajo las piernas de Kirei y reaparecer tumbado en el suelo en otra parte del gimnasio. Al instante una planta brotó del suelo y ató Inabi de pies y manos sobre el suelo.
Se me olvidó mencionar que huir no te sirve conmigo.
Eso es lo que tu crees.- Se transportó con un segundo rayo a una esquina, donde pudo ponerse en pié.
No quiero hacer esto pero no me dejas otra opción.
Kirei cerró los ojos y empezó a desprender vapor de su cuerpo. El vapor se arremolinó en una inmensa nube que se acumuló sobre Inabi. y acto seguido se convirtió en un chaparrón de agua que calló con fuerza sobre Inabi mojándole las manos, los pies, la cara, y su cuerpo.
¿Que es esto? - preguntó extrañado- ¿has hecho que llueva aquí dentro?
Exactamente.- dijo ella.
¿Y para que? ¡Posiblemente con lluvia puedo transportarme mas allá! Las tormentas de rayos hacen que los rayos sean mas poderosos.
Y también destructivos. - añadió ella con una mueca- Si te transportas ahora, aunque domines el rayo... estás empapado, te electrocutarás y perderás el sentido.
¿Puedo perder así?- preguntó él- pensé que los rayos no me afectaban.
Esas chispas con las que te transportas no son dañinas pero si estás empapado pueden incluso ser mortales. ¿Quieres huir? - sonrió ella interponiéndose entre él y la puerta- intenta llegar hasta la puerta.
Con un gruñido, se lanzó a por ella de cabeza, pero ella colocó su pie derecho sobre el hombro izquierdo de él frenándole el paso. Queriendo alcanzarla agarró la pierna de Kirei pero ella con un simple movimiento de su pierna hacia la derecha le hizo caerse de bruces estampando la cara con el suelo.
¡No vale! -protestó desde el suelo- ¡Eres mas mayor y mas fuerte!
Norma número dos: la edad y la fuerza no tienen nada que ver. Tampoco el peso o la altura.
Pero entonces no puedo derrotarte nunca.
Norma número tres- le dedicó una débil sonrisa- no te rindas nunca.
¿Que no me rinda? ¿Como puedes decirme eso? ¿No ves mi situación?
Tengo mas años que tu por lo que me puedo fatigar antes. Tengo fuerza que no quiero usarla toda contra ti porque puedo romperte algún hueso. Puedo pesar mas, pero eso posiblemente te haga mas ágil que yo. Si soy mas alta que tu, puedes alcanzar mas fácilmente puntos bajos y débiles de mi cuerpo, cosa que a mi me cuesta mas trabajo.
Entiendo, puntos débiles. - Ríe Inabi poniéndose en pie.- ¿Como este?
Inabi le lanzó una patada a la entrepierna pero ella le bloqueó el pie agarrándole la pierna con ambas manos. Acto seguido y con la pierna derecha en el aire él intentó un segundo movimiento con la otra pierna levantándola hasta la cabeza pero ella pasó a sujetar el pié con una sola mano y bloquear la segunda pierna con la mano ahora libre. Tras tener las dos piernas en el aire alzó sus manos hasta la cara de Kirei que apartó su cabeza hacia atrás. Inabi, perdiendo el equilibrio hacia atrás y en el aire, se agarró con cada una de sus manos a cada uno de los brazos de ella.
Esto no está tan mal.- sonrió ella sujetándolo en el aire- ¿Que crees que pasará si suelto tus piernas?
Que perderemos los dos.- dijo él cerrando los ojos.- Si no puedo transportarme, tampoco te podré transportar conmigo.
Un rayo impactó en el cuerpo de Inabi y lanzó a cada uno de los dos con un poderoso chispazo hacia cada lado de la habitación. El dolor que Inabi sentía en el suelo era demasiado, podía con él. Sentía que sus manos le hormigueaban y que ese hormigueo le recorría todo el cuerpo. Era doloroso, y ahora sabía porque no podían transportarse en contacto con el agua. Kirei no sabía como ayudarle, llamó al profesor inmediatamente y este acudió al instante a ver que ocurría. Cuando el profesor llegó a la habitación Inabi estaba intentando mantener el hormigueo solamente en sus manos, pero se escapaba hacia todo el cuerpo. Había mucha electricidad vagando de arriba a abajo por su columna vertebral, por sus piernas, y por su cráneo, pero ante todo sentía mucho mas dolor en sus manos donde sus dedos destellaban rayos a su alrededor, cargados de electricidad que se podía ver incluso desde los ojos de Kirei y Tsuyoi. Con un grito ensordecedor fluyó de sus manos dos esferas de energía eléctrica y su hormigueo cesó. Sorprendido por su poder se encontraba confuso, pero el profesor le sonrió y comentó:
¡Destruye con eso los enemigos que encuentres a tu paso Inabi!
¿como? - dijo él sin saber que hacer, con miedo de si mismo por un momento- ¿Que enemigos?
Kirei, por favor- le ordenó el profesor.
Kirei asentó con la cabeza. Al segundo, dos torres de arena surgieron del suelo levantándose más altas que Inabi y clavándolas en el techo formando columnas de arena. Cuando pareció que Kirei había usado ya su poder, le dio una señal al joven guiñando uno de sus ojos azules verdosos. Él miró las dos esferas y arrojó cada una a una columna, con fuerza. Ambas se empotraron en la arena haciendo derrumbar las torres que Kirei había construido.
Que fuerza mas increíble- dijo Inabi sin poder creerlo. - ¡Tengo que ir a contárselo a Haka y a Kaze!
Esto...- el profesor tenía algo que decirle, lo notó al instante.
¿Que pasa?- preguntó él con miedo.
Se han ido a buscar a Zen y a Daichi- dijo el profesor. No les he podido parar.
¿Como? - dijo Inabi sorprendido- ¡Voy a buscarles!
No.- dijo solamente el profesor.
Profesor ¿como ha permitido algo así?- preguntó Kirei- ¡a saber a donde han podido ir! Al fin y al cabo, Zen y Daichi estaban con Ankoku pero ellos son solamente...
Si lo sé. - dijo Tsuyoi- Pero se han escapado aunque se lo haya prohibido.
Yo iré a buscarles al noroeste- dijo Kirei.- Y me llevaré a Inabi conmigo, así no descuidaré su entrenamiento de artes marciales.
¿Como? ¿Que? ¿Que? ¿Que?- preguntó Inabi sorprendido.
Está bien, yo me dirigiré al sur entonces, siguiendo el rumbo de Ankoku, quizás así le pueda poner en alerta.- añadió el profesor.
Inabi, ve a hacer tu equipaje, nos vamos.
Ya es tarde Kirei- dijo el profesor- es mejor descansar y partir mañana.
No creo que Haka o Kaze vayan a esperar a que les alcancemos.- añadió Kirei.
Yo opto por descansar, los dos entrenamientos del día me han dejado más que exhausto.
... está bien, ve a dormir Inabi- le permitió Kirei- al alba te despertaré y partiremos con el primer rayo de sol.
Gracias por todo Kirei- sonrió el profesor- no pensé que te importasen tanto los chicos de la profecía ¿no decías que no creías en ella?
Y sigo sin creer ¡pero son unos críos en un mundo enorme! No puedo dejar que les pase algo.
Tu también eres aún una cría, solo tienes 20 años.- le recordó el profesor.
Pero usted sabe que quiero estirar las piernas ya que hay alguien allá afuera con quien comparto una deuda pendiente.
Ve a dormir Kirei. Y tu también Inabi.- sentenció el profesor. Mañana os espera un gran día.
FIN DEL CAPITULO XIV

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