- ¿No lo ves?- preguntó Tsuyoi. Kaze se limitó a negar con la cabeza. El viejo preguntó otra cosa – ¿Pero puedes comprender al menos porque al levantarte podías elevarte en el aire?
- No.- dijo Kaze- ayer también estuve en este lugar y no entiendo nada, pude levitar por la mañana, pero no ahora, ni antes.
- Has soñado esta noche con el viento ¿verdad?- preguntó el anciano.
- ¿Cómo lo sabe?
- Cuando dedicas una larga jornada a algo, acabas soñando con ello. Tanto Daichi, como Zen también han soñado con sus respectivos elementos y ya ves como estaban sus habitaciones por la mañana.
- Pero Haka e Inabi…
- Sus elementos no requieren tanta concentración. Ayer hablé de que los 5 elementos requieren a uno de los 5 sentidos. Pero también hay más cosas que ayudan a estos elementos. Por ejemplo, Inabi, ya ha llegado a comprender que con su olfato y su odio puede dominar sus poderes.
- ¿Ese crío ya puede dominarlos?- pregunto Kaze sorprendido.
- Es un crío sorprendente, pero al fin y al cabo es hijo de sus padres.
- ¿Quién son sus padres? – Preguntó Kaze sorprendido.
- No soy la persona mas idónea para hablarte de ellos,- sonrió el profesor Sugüi - ¿Por qué no le preguntas a Inabi o a Haka? Seguramente los conozcan mejor que yo.
- Ahora me llena la curiosidad.- confirmó Kaze- De todos modos, profesor, y volviendo al tema ¿Qué otras cosas ayudan a los elementos?
- Vuestros sentimientos. El odio hace que Inabi pueda desatar más fácilmente su poder. Es muy joven, pero tiene un pasado muy oscuro. –Tsuyoi tomó aire y suspiró- A diferencia de él, su hermana Haka tiene que desatar sus poderes mediante el miedo. Solamente cuando se sintió amenazada por una rama pudo usar su fuego.
- ¿Y yo que sentimiento tengo que desarrollar?
- Kaze, empieza a ver el viento. Mira ante ti, y dime ¿que ves?
Kaze cerró los ojos, dirigió su cabeza hacia la espesa llanura donde el viento soplaba con tremenda fuerza, y cuando volvió a abrirlos, pudo examinar una figura de un joven algo mayor que él, de unos 19 años, quizás 20. Iba vestido con una sudadera color azul oscuro, y cuyo pelo era negro, largo y ondulado y se elevaba en el aire por el inmenso viento. Llevaba unos pantalones negros y estrechos, y a sus pies unas cómodas deportivas azules que pisaban el suelo hacia él. Miró como en cinturón colgaba algo largo, quizás una espada.
- Pues veo a un chico.- dijo Kaze- ¿Es real? Está caminando hacia aquí.
- No debería estar aquí- dijo el profesor- esto se está complicando, vuelve a la casa, yo me ocuparé de él.
- ¿Quién es? ¿Algún conocido?
- ¡Vete de aquí!- ordenó el anciano- ¡Es peligroso, vete!
- ¿Peligroso? ¡No pienso dejarle solo ante él!- protestó Kaze.
- Soy un mago muy experimentado, podré con él.-el anciano tomó su bastón con ambas manos- ¡Vete a casa!
- …de acuerdo.
Pero Kaze sabía que no debía irse, sabía que no era bueno quedarse ahí, pero también algo le decía que el profesor no estaba seguro de si mismo. Nunca le había visto ponerse tan serio, y algo le empujó a quedarse allí, pero quería respetar al profesor. No había cobardía en el corazón de Kaze, justamente al contrario, lleno de valor estaba dispuesto a quedarse para luchar junto al profesor, por eso, caminó tras el profesor, intentando buscar un lugar donde poder ver el combate y ayudar al profesor si fuese necesario. Ya había caminado unos metros, y vio como su mentor estaba entablando una conversación con aquel extraño. Miró a un lado, y solo vio la llanura, y el cielo. Miró al otro lado y vio lo mismo. Miró a sus pies, y vio entonces como un único escalón transparente estaba a sus pies esperando que él lo subiese. No hubo miedo, tampoco duda. Solo valor para no caerse, el mismo valor que también tenía para enfrentarse al tipo que se acercaba al profesor, el mismo valor que sintió la noche anterior cuando ninguno de sus compañeros se atrevió a probar la sopa y fue el primero en intentarlo. Así que pudo comprenderlo, estaba viendo el escalón que le ayudaba a levitar, un escalón invisible que le empujaría hacia los cielos, y pudo entonces entender que ese valor le ayudaba a ver, y podía ver el aire.
Bastó pisar ese escalón para poder comprender que estaba volando, que había encontrado su esencia. Recordó que para bajar solo tenía que poner la punta de sus pies hacia arriba, de modo que sus talones se situasen en la parte baja, y recordó que cuando voló ascendía cuando intentaba tocar el suelo con sus punteras. Con esos principios, no le costó mucho trabajo aprender a volar. Para desplazarse comprobó como también comprobó en su anterior vuelo, que debía dirigir sus brazos hacia delante, o atrás para avanzar y que para girar era como hacerlo en tierra. Decidió elevarse y mirar desde arriba el combate del profesor, porque sabía que si le había pedido que se fuera era porque iba a combatir y podía salir dañado. ¿O no?
Pudo comprobar entonces que efectivamente, el combate había dado comienzo. El profesor tenía al atacante al suelo, pero ese extraño muchacho estaba sonriendo. Se levantó rápidamente y desenfundó su arma. Kaze lo pudo comprobar entonces, no era un bastón de mago, tampoco una espada, si no que era una varoja, una de esos bastones mágicos con una potente hoja que podía rebanar cuellos como un cuchillo el pan. Era la primera vez que Kaze veía una de esas armas, pero en cambio, el profesor acostumbrado a combatir por sus aventuras de juventud, saltó velozmente hacia arriba y se colocó tras su enemigo, que sorprendido, fue golpeado por el bastón del viejo y viéndose otra vez en el suelo. Kaze fue más sorprendido aún, no sabía que el profesor podría saltar tan alto, de hecho, le pareció incluso que voló. Su enemigo, llevó su mano al arma y pronto un charco de agua se arremolinó frente al anciano que cubierto de agua en los pies, no podía desplazarse, así que su enemigo volvió a ponerse en pie y sin miedo de que Tsuyoi escapase, le puso la varoja frente a su cara.
- Muere, viejo- dijo.
- Lo siento, Ankoku- Tsuyoi le miró con desprecio.
El viejo acarició su bastón y entonces un rayo cayó en la varoja haciendo que el joven fuese nuevamente derribado, y Tsuyoi volvió a rozar su bastón, y ahora un montón de plantas surgieron atando al joven y cubriéndole de matorrales de forma que Kaze no pudo verle. El profesor Sugüi hizo una nueva caricia al bastón para que el agua dejase de arremolinársele a los pies, y colocarse en círculo alrededor de las plantas. Con una cuarta caricia al bastón, lanzó una gran llama de fuego con su mano haciendo arder las plantas que envolvían al enemigo, y de seguro el fuego hubiese hecho arder toda la llanura si no fuese por haber colocado ese pequeño círculo de agua. Cuando el fuego cesó, no había nadie ahí. Ankoku había huido, o eso pensó Kaze, pero entonces del charco de agua saltó el joven armado y le arrebató de un mandoble el bastón al viejo.
- ¡Te he pillado el truco! Sin tu bastón no puedes usar tu magia ¿verdad? – rió el joven.
- … me has descubierto- contestó Tsuyoi- Tu ganas, Ankoku.
- ¡Muere!- gritó Ankoku.
Kaze vio como el profesor caía derrotado con un gran tajo en su pecho. Sorprendido, le daba por muerto, pero le vio moverse en el suelo. Comprobó que estaba vivo. Se acercó sigilosamente, agarró el bastón del viejo y se lanzó por la espalda volando a gran velocidad hacia Ankoku al que tumbó al suelo de una patada en la cabeza.
- ¿Pero quién…?- Ankoku volvió la mirada para ver a Kaze.
Kaze, ya se había aproximado velozmente en su vuelo al profesor, y lo cargaba medio inconsciente en su espalda, pudo esquivar con su vuelo una bola de agua que el enemigo le había arrojado desde el suelo, y huir volando hacia la casa.
- Profesor…- dijo Kaze- Aguante, por favor…
FIN DEL CAPÍTULO 7
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