Wednesday, January 10, 2007

CAPITULO 10

CAPITULO 10

Pensaba en que quería estar sola, la situación era tensa e incomoda para todos. El profesor se había curado de sus heridas y comió junto a ellos por la tarde. Para Daichi le parecía que Kaze se portó con valentía en su momento, pero una vez volvió con el profesor se le notaba incomodo por todo, y con miedo de seguir con vida. El pequeño Inabi tardó en bajar a comer, no estaba orgulloso de haberle visto, aunque Daichi no sabía porque la sonrisa del más pequeño no estaba en su lugar correspondiente. A Haka la notaba ausente, y sobre todo bastante borde ya no solo con Zen sino con todos. Zen era el único activo y que mantenía la calma, como ella. Se les veía preocupado al principio, pero tras comer y escuchar la conversación que hubo vio como Zen mas que asustado estaba intrigado y a su vez emocionado por lo que podría pasar.

- La herida no ha sido grave.- dijo el profesor tras comer- Si la intención de aquella persona era matarme lo hubiera podido conseguir si quisiera.

- Ese capullo dijo que vendría- contestó Haka- ¿puede alguien como él atravesar el escudo?

- Solamente si su motivo para venir hacia aquí es puro y de corazón. – dijo el profesor con una sonrisa- y aunque fuese así su intención no creo que pueda entrar, de echo ya ha intentado entrar varias veces en todo el día.

- ¿Cómo sabes tu eso?- quiso saber Kaze preguntándole a Haka- ¿Cuándo has hablado con él?

- Le vimos por la ventana y nos transportamos a verle- respondió Inabi- pero ya hubiese llegado si pudiera. El profesor dice la verdad.

- Relajaos, no llegará a nosotros.- explicó el profesor seguro.

Tras un tiempo y esas palabras tan seguras del profesor, todos se fueron del comedor y se dirigieron cada uno a hacer sus quehaceres. Daichi se había levantado y acercado a la ventana. Fue entonces cuando le vio. Era un joven con una larga melena negra, vestido con una sudadera de color azul oscuro, pantalones del mismo color, y que portaba una varoja cristalina con el mango negro en su mano derecha. Veía al tipo intentar avanzar y como unos rayos de energía se lo impedían. Ese era el famoso escudo que protegía a la casa. Entonces vio como el joven le devolvía la mirada, una mirada negra y fría que le hizo correr la cortina para no ser vista, aunque sabía perfectamente que él la había visto.

- ¿Qué miras? – dijo de pronto una voz tras ella.- ¿estás bien Daichi?

- ¡Ah…!- se sobresaltó ella- Zen… eres tu… ¿Qué haces aquí?

- Me preguntaba que estarías haciendo- sonrió él- ¿sabes que? Tú y yo somos los únicos que no sabemos nada de ese tipo. Yo tengo intriga por saber como será. ¿Y tu?

- … la verdad que mejor no saber nada de él- Daichi le dirigió miedo en una mirada y pudo ver la mirada del asesino en los ojos de Zen, la misma negrura como dijo Haka, pero en cambio de unos ojos fríos, Zen respondía con un calor que la llenaba de seguridad. No, para nada tenían los ojos igual, Haka se equivocaba, solamente eran del mismo color, Zen no tiene nada que ver con ese asesino.

- Ya lo sé- sonrió Zen acercándose a la ventana y abriendo la cortina.

Daichi miró a través de la ventana pero ya no había nadie allí. Zen en cambio dirigió la mirada a un árbol del jardín.

- ¿estabas comunicándote con ese árbol? – dijo Zen sonriente- se que puedes hablar con las plantas, es tu poder al fin y al cabo.

- No, no era eso…

- ¿Entonces cual es el problema?- la examinó Zen- te noto nerviosa, ¿Qué te pasa?

- Estaba aquí, ese hombre estaba aquí, el tipo del que todos hablan… ¿Cómo se llamaba?

- “Ese capullo”,- respondió el chico- la verdad que no he llegado a escuchar su verdadero nombre, pero es como le llama Haka.

- Pues ese capullo estaba aquí, en la ventana, intentando atravesar el escudo, pero no podía.

- Entonces no tengas miedo- sonrió Zen con una nueva sonrisa que animó a Daichi- ya sabes que no podrá pasar si no tiene un motivo puro y de corazón para venir aquí. ¿Y que es lo que ese tipo querrá? Seguro que viene a robar algo del viejo. No será más que un ladrón.

- Pero de todos modos tengo miedo de que pueda hacer algo y entrar-en este momento las lágrimas de Daichi explotaron y se abrazó a Zen- tengo miedo de perderos a todos.

- Yo voy a estar contigo.- dijo Zen devolviéndole el abrazo y no perdiendo nunca la sonrisa.

- “No estás sola”- recordó Daichi en su mente las palabras de las plantas.

- “No pienso perder a mis compañeros”- se dijo en pensamientos Daichi mientras se abrazaba mas fuertemente- “y quiero proteger a Zen y los demás como sea.”

- Venga, Dai, cálmate…- intentó calmarla Zen al sentir el abrazo mas fuerte- confía en nosotros, estaremos contigo, yo por lo menos.

- “Toma esto”- respondieron las plantas mentalmente a la joven que sintió aparecer algo en su mano- “dásela a este chico y siempre que esté en apuros podremos saberlo para ayudarle, si tu estás lejos o indispuesta”.

- Zen…-dijo Daichi- quiero darte esto…- dijo entregándole una flor que ni ella misma sabía como llegó a su mano.

- Vaya…-dijo Zen confuso- la iré a poner en agua y la regaré todos los días.

- No, no –dijo Daichi colgándosela del cinturón- con esta flor podré protegerte siempre que no estés cerca.

- Siempre estaré cerca- le respondió.- Además que Haka, Inabi, Kaze, el profesor o Kirei van a seguir a nuestro lado también mientras tengamos que entrenar en esta casa.

- Nunca se sabe- suspiró ella- por eso mismo quiero que la tengas.

- Está bien- dijo él- yo no tengo nada para saber cuando estás en peligro pero aún así vendré. ¿vale?

- ¡Vale…!- sonrió ella abrazándole mas cariñosamente.

Pero fueron interrumpidos por algo que sonó: DING DONG. ¿No se supone que no podía pasar el escudo? Será otra persona, eso es lo que pensó Daichi, pero todo el mundo corrió al recibidor a saber quién era esa persona. A todos les hervía la sangre, a unos el odio, a otros el miedo, a otros la intriga, y a otros simplemente porque esa puerta tenía que ser abierta simplemente por cortesía de no hacer esperar a la persona que estaba al otro lado. Por supuesto, fueron camino al recibidor, pero ninguno se atrevió a salir de su escondrijo. Haka e Inabi miraban a través de las escaleras, asomando sus cabezas con intriga e irritación, preparados para cualquier cosa. Kaze sin embargo se mantenía junto a la puerta del baño con los brazos cruzados y con cara de seguridad. Mientras que ella y Zen se habían limitado a asomar su cabeza entre las dos puertas corredizas del gran comedor.

- Dejadme paso- dijo Kirei tras Daichi y Zen- tengo que abrir la puerta.

- Per…perdona- dijo Daichi haciéndole un hueco.

Una vez pasó, volvieron ella y Zen a su posición y observaron como el profesor bajaba las escaleras sin prisa.

- Puedes abrir la puerta, Kirei.- dijo el anciano.

- De acuerdo.

Lo siguiente fue todo demasiado rápido. Al instante que la criada Kirei abrió la puerta y se retiró unos pasos para dejar entrar al invitado, Inabi apareció junto a un trueno ante la puerta, y llevando con él a su hermana que disparó con fiereza una poderosa bola de fuego que golpeó en la persona que ni Daichi ni Zen pudieron ver, pero que dedujeron quien era. Acto seguido, los dos hermanos volvieron hacia atrás con un segundo rayo y Kaze se ocupó de volar raudamente empujando al invitado hacia atrás que volvía a intentar entrar y cerrando la puerta de un golpe. El brazo de la perdona hizo ver a Daichi de quién se trataba, y sorprendida y asustada se vio pidiendo ayuda y un arbusto nacía de la nada tapando la entrada y que no tardó en cubrir la puerta impidiendo así que la puerta se pudiese abrir.

- “que no entre, por favor”- había dicho Daichi en su subconsciente- “que no entre”.

- ¿Lo has visto? – preguntó Zen a Daichi- yo no he podido verle…

- Muchas gracias por demostrar vuestros aprendizajes con el invitado- dijo serio y ha la vez enfadado el profesor- ahora dejémosle entrar.

- ¡Pero profesor!- se quejó Haka bajando las escaleras- ¡Ya has visto quien era!

- No podemos abrirle la puerta bajo ninguna circunstancia- protestó Kaze.

- ¿Y porque no? Solo puede atravesar ese escudo con una razón pura y de corazón.- sentenció el profesor.

- ¡Pues entonces será que nos quiere matar de todo corazón! – se lanzó Inabi a la defensa de sus compañeros.

- En ese pensamiento no hay pureza.- explicó el profesor- Y el escudo está activado por toda la casa también, en el momento en que piense en mataros, haceros daño, o algo similar el escudo le rechazará y será nuevamente expulsado de esta casa automáticamente.

- Pero eso no funciona nunca con nosotros- razonó Haka- y yo he querido matar a Zen, y continúo aquí dentro.

- Con vosotros cinco no funciona el hechizo, tampoco contra mi ni contra Kirei.- comentó Tsuyoi- Daichi, aparta esas plantas.

- Pero profesor…- ella y Zen se acercaron también al recibidor, donde estaban todos- si…

- Escuchémosle, quizás tenga algo que contar.-dijo Kirei- Confiad en lo que el profesor Sugüi, antes de que empuñe su varoja sería expulsado por el escudo de la casa.

- …está bien- dijo Kaze cediendo.

- De acuerdo- dijo Haka bajando la cabeza.

- Pues…- Inabi sacó de su bolsillo un cuchillo que consiguió en la cocina, con la punta redondeada y con el que sería difícil matar a alguien- pero si ese ser se acerca a mí, le mato ¿está claro?

- “apartaos”- pidió Daichi a las plantas con el poder de su mente.

Todos permanecían mucho más tensos. Se habían sentado Daichi, Inabi, y Haka en los escalones de la casa cubriéndole las espaldas al profesor, mientras que Kaze volvía a adoptar una postura segura, apoyado en un marco de las escaleras y sostenido sobre un pie y con los brazos cruzados, como siempre solía ponerse, con los ojos cerrados y seguro que los problemas no habían hecho mas que empezar. Zen en cambio se mantenía sujetando el otro marco de las escaleras mientras miraba hacia la puerta con seguridad, pero aún intrigado de saber quien estaba por entrar. Cuando el arbusto desapareció volviéndose a enterrar bajo la tierra. El suelo de la casa volvió a auto azulejarse por su propia cuenta mientras que el profesor que lo examinó sonrió con orgullo de un hechizo que posiblemente haya echado a la casa para que se auto repare por su cuenta.

- Abre la puerta, Kirei- dijo el profesor.- Y vosotros, espero que no volváis a causar otro accidente como el de ahora.

- Lo sentimos mucho profesor- contestaron todos al unísono, incluido Zen que sin haber hecho nada, se sentía tan culpable como sus compañeros.

- Pase.- dijo Kirei abriendo la puerta.

Y allí estaba, Ankoku, con su negra mirada y fría, en la puerta. Tenía una gran herida en su hombro izquierdo, que seguramente le acababa de causar Haka con su bola de fuego pero que él mismo se estaba curando: sujetando una esfera de agua en su mano y apoyándosela sobre la parte dañada. Se había recogido el pelo en una coleta, para parecer más formal, quizás, pero su mirada seguía siendo la misma, igual de fría y heladora.

- Hola a todos. – Saludo Ankoku con una débil sonrisa- he venido a buscar a mi hermano, a partir de ahora quiero entrenarle personalmente. ¿Estás de acuerdo, Zen?

FIN DEL CAPÍTULO 10

·o· NOTA DEL CAPITULO: ¡Menos mal! ¡Por fin escribí este capítulo! ¿Os a sorprendido? La verdad que llevaba esperando este capítulo desde hace tiempo y por ese motivo no tardé en escribirlo a diferencia del último XD. Tenía muchas ganas de escribir este en concreto, y no pude antes porque estuve ocupado pero deseaba escribir este capítulo desde hace tiempo. Espero que hayais disfrutado de él, y también espero comentarios de todo el que quiera comentar algo.

·o· Por otro lado, me gustaría recibir opiniones de si os gusta que cada capítulo vaya más desde el punto de vista con uno de los 5 personajes o preferís que vaya saltando de personaje en personaje como en otra historia diferente.

·o· También podéis visitar la web, que aunque en proceso, poco a poco va creciendo:
http://www.galeon.com/5magos

·o· Muchas gracias por todo.

Pol Loirendil

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