CAPITULO XI
¿Qué hacía Ankoku allí? ¿Qué era eso de entrenarle personalmente? ¿Y porque todo el mundo reaccionaba así contra él? Zen conocía a su hermano y sabía una cosa segura, y es que Ankoku no era un asesino. No sabía que eran todas esas cosas de las que temían los demás, pero si realmente Ankoku atacó al profesor, seguro que fue por un motivo.
- ¿Y que decides Zen?- preguntó Ankoku- ¿vendrás conmigo? Yo puedo enseñarte mas cosas que el profesor.
- Espera Ankoku, Hay muchas cosas que quiero averiguar primero.... – dijo Zen confuso- ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Porque…?
- Haces muchas preguntas, y todas tienen una respuesta.- respondió Ankoku- pero supongo que no esperabas mi llegada y no puedes dar una respuesta inmediata. Esperaré fuera ya que no puedo quedarme mucho tiempo aquí… -intercambió una mirada hacia los presentes, viendo como los mas pequeños le dirigían miradas de odio, como el profesor se mantenía con una sonrisa que parecía permanente, o una fría mirada de indiferencia que le ofrecía Kirei- Mis pensamientos no me lo permiten.
- De acuerdo Ank, en cuanto solucione unos problemas te informaré de mi decisión. – dijo Zen sin saber bien lo que estaba pasando.
Ankoku afirmó con la cabeza y salió de la casa cerrando la puerta. Zen miró por la ventana y comprobó como su hermano se apoya junto a un árbol, de la misma forma que él siempre solía hacer: con una pierna encogida apoyada sobre el tronco y apoyado sobre la otra pierna mientras permanecía con los brazos cruzados y la cabeza agachada esperando sin prisas. Fue entonces cuando volvió su mirada a sus compañeros. Daichi estaba junto a él, confusa y con cara de no saber que hacer. Al lado de ella estaban Inabi y Haka que le miraban con odio, miradas que esperaba en ese momento y que le dolían, aunque mas la de Inabi que la de Haka la cual era su enemiga dentro del grupo. Kaze permanecía quieto, y no le miraba, mantenía la mirada fija en el profesor y fue el que rompió el silencio.
- Profesor, ¿Qué está pasando? – preguntó Kaze- ¿no cree que ya es hora de explicarnos porque estamos aquí? Creo que la excusa de aprender magia ya no sirve… ¿Qué es lo que somos?
- Sois magos mi pequeño Kaze- sonrió el profesor.- Pero efectivamente, no sóis unos magos normales.
- ¿no somos magos normales? ¿Qué quiere decir eso?- preguntó Haka.
- Que sois los cinco magos elegidos.
- ¿Los que? ¿Elegidos de que? –preguntó Inabi confuso.
- Sois conscientes de que existen 5 oráculos en el mundo ¿no es cierto? Y que esos 5 oráculos nunca se equivocan en sus predicciones del futuro. Pues vosotros habéis sido elegidos como los 5 magos que salvarán el mundo.
- ¿Salvar el mundo de que?- preguntó Kaze.
- De otros 5 elegidos malignos.- explicó Tsuyoi.
- ¿Malignos? ¿Por qué malignos?- preguntó Zen.
- Hace veinte años, un hombre malvado conocido como “Moholva, el devorador de magia” quiso gobernar el mundo. No le salió bien, pero si que consiguió dividir el mundo en dos mitades, el norte y el sur.
- ¿En dos mitades?- quiso saber Daichi.
- Efectivamente.- concluyó el anciano- La zona inferior al gran mar apoya a Moholva. El norte, en cambio, en cuanto surgió la profecía se revelo. Los 5 oráculos profetizaron entonces vuestra llegada, aunque no os dieron a conocer, y la esperanza de los ciudadanos brillo e impidió las fuerzas enemigas. El sur por supuesto, está cubierto de ciudades que ahora son del reino de Moholva. Sin embargo, una ciudad del sur, Detham, permaneció en resistencia constante y es de ella donde proviene…
- Yo- cortó Kaze.- Provengo de la ciudad de Detham, la conocida como el muro del desierto.
- Exactamente. Hace 5 días, la gran guerra volvió a reanudarse, debido a que los oráculos han dado con vosotros. –explicó Sugüi- Por eso estáis aquí, mientras las fuerzas del norte han partido hacia Detham, y a Volcat y a los barcos del gran océano interior para impedir cualquier tipo de acercamiento enemigo a nosotros y combatir si es necesario. Y por eso vosotros debéis sobrevivir hasta que la profecía indique que sea hora de luchar. Y soy yo quien debe hacer poderosos magos a partir de vuestros conocimientos.
- ¿Así que nuestros padres realmente han partido a una guerra?- pregunto Daichi preocupada.- Pero… yo no quiero que mi padre…
- Ni yo tampoco quiero que mis padres luchen por protegerme- respondió Zen- Nadie debe morir por mi.
- Es por eso que debéis entrenar cuanto mas os sea posible, - Tsuyoi sonrió- mis pequeños magos.
- ¡Si! ¡Vamos a entrenar! – animó Inabi- ¡Kaze, Haka, Dai, Zen! ¿Nos quedaremos con los brazos cruzados?
- Supongo que el enano tiene razón- dijo Kaze- no tenemos tiempo que perder.
- … Si… es lo único que podemos hacer- titubeó Haka subiendo las escaleras.
- ¿Pero que hay de Ankoku…?- preguntó Kaze curioso.
- Eso es cosa de Zen, y es algo que creo que es de su privacidad saberlo.- dijo Tsuyoi.
Zen miró a Inabi que se transportó de la base de las escaleras a la parte superior de estas, y comprendió que era el método de entrenar de él. También vio como Kaze subia las escaleras levitando. Al verles crecer se sintió un poco débil. Por eso también recordó como Daichi bloqueó la puerta hacía un momento y como Haka arrojó un misil de fuego contra su hermano. Vio como se habían ido al piso de arriba, excepto a Daichi que permaneció a su lado.
- Maestro…-interrumpió Zen- hasta ahora yo he sido el que menos progresos ha hecho… lo mas que he conseguido hacer ni siquiera se como lo he podido hacer.
- Por eso ha venido Ankoku. El poder de agua no es el elemento más fácil, y por ello eres el alumno que mas trabajo me supone.-dijo Tsuyoi- tu hermano combatió contra mí, y me ha mostrado que su poder de agua es elevado y puede enseñarte muchas cosas. Yo y Kirei podemos usar el agua, pero no somos los mejores tutores para enseñarte a utilizar tal magia, a diferencia de Ankoku.
- Maestro – dijo Daichi sorprendida- ¿está sugiriendo que Zen nos deje?
- Tu hermano ha vivido cosas muy duras en el último año, Zen.-dijo Tsuyoi- no se que tipo de persona es, no podía entrar aquí. Pero también se que pudo matarme a mí y a Kaze esta mañana si hubiese querido y no lo ha hecho. También ha dejado vivos a Inabi y a Haka que tuvieron un encontronazo con él allá fuera, a pesar de que no me hayan querido decir nada.
- …- Ese comentario dejó un poco boquiabierto a Zen- Entonces mi hermano no puede ser un asesino como ellos dicen- dijo Zen- le conozco, y no haría nunca algo así. No tengo ni idea de porque motivos no puede entrar en esta casa, pero solo se una cosa, que finalmente ha entrado.
- Si. El deseo de tu hermano de querer entrenarte es bastante fuerte, y ese amor fraternal por ti le permitió entrar.- sentenció el viejo.- No se en que asuntos andará, pero estoy seguro de una cosa, él te va a proteger, y puede hacer de ti el mejor mago de agua.
- Entonces iré con él.- sentenció Zen- supongo que es lo mejor.
- …pero…- los ojos de Daichi se iluminaron en tristeza. La chica vio como la flor que le había dado permanecía sobresaliendo del bolsillo trasero del pantalón de Zen, así que recuperó parte del espíritu- nada…
- Daichi- dijo Zen- te dije que siempre estaré cerca ¿no es así?
- Veo que lo recuerdas… ¿Pero te irás con tu hermano?
- Pienso mantener mi promesa- sonrió Zen- aunque me vaya.
- ¿Entonces finalmente vas a irte?- preguntó Daichi.
- Compréndeme Dai, soy el peor de los cinco. Tenemos que ser mejores magos, tenemos que proteger el mundo.- dijo Zen mirándola con culpabilidad.- Pero estaré a tu lado, pienso volver para luchar juntos.
- Kirei, acompañe al joven Zen a hacer las maletas.- ordenó el profesor- no obstante, Zen, sabes que esta es tu casa y puedes volver cuando gustes.
- Gracias, profesor.
La verdad, que todo estaba pasando demasiado rápido para Zen. La historia de que era uno de los 5 elegidos que salvarían el mundo, irse de aquella casa para entrenar con su hermano, al cual hacia tiempo que no veía, y despedirse de sus compañeros. Subió a su cuarto para preparar las maletas. Daichi y Kirei subieron con él. Kirei se dirigió a su habitación, aunque él se encontró a sus compañeros en el pasillo.
- ¿Es cierto que te vas?- preguntó Inabi sorprendido.
- Si.- dijo Zen- pero volveré para veros.
- Esto no va a ser lo mismo sin ti- afirmó Haka- ¿con quien voy a discutir?
- Puedes hacerlo con Kaze, seguro que consigue suplantarme.
- ¡Oye! Yo no puedo cumplir con mi papel y con el tuyo- protestó Kaze- deberías quedarte aquí y ayudarme.
- Espero que me puedas perdonar, Kaze.- sonrió Zen.
- Claro, eres mi mejor amigo, así que espero tu vuelta muy pronto.- sonrió Kaze.
- Por cierto- añadió Haka- ese capullo es tu hermano y no creo que te haga nada, pero si tengo que ir a salvarte de él avísame cuando puedas ¿vale?
- ¿Después de que casi le matas- preguntó Inabi- piensas salvarle la vida si le ocurriese algo?
- Claro.- Afirmó Haka- Zen, no se te ocurra morir, a ti te mataré yo ¿vale?
- Tranquila Haka- sonrió Zen- serás tu la que mueras ahogada por el poder de mi agua cuando lo consiga dominar.
- Está bien, me conformo.-dijo la pelirroja- si no te mato yo, me matarás tu a mi, pero que no interfiera un tercero.
- Siempre estáis igual incluso en momentos así- cortó Kaze.
- De algún modo tengo que asegurarme que os pueda volver a ver- dijo Zen.
En ese momento, Kirei salió de la habitación de Zen con una bolsa de viaje de Zen. Ese era todo el equipaje. Zen sonrió a sus amigos, cogió su maleta y bajó las escaleras. Así le vieron partir Kaze, Inabi y Haka, y también Daichi con lágrimas en los ojos.
- ¿estás bien Dai?- preguntó Kaze viendola encogida sobre su cuerpo y con una lágrima corriéndole por la mejilla.
- Me… me había prometido que siempre estaríamos juntos y… se… se va…
- Bueno, pero esto no es un adiós - sonrió Inabi- esto es un hasta pronto.
- No… esto es un hasta nunca. Se que no regresará…-sentenció Daichi.
- ¡Claro que regresará mujer! – se unió Haka a animarla- Y tenemos que entrenar para que no solo sea él quien se haga mas fuerte.
- ¿Qué regresará? ¡Igual que nuestros padres! ¡Seguro que ya han muerto en esa guerra! ¡Pero si cada vez estamos más solos! – Daichi corrió a su cuarto y se encerró en él.
- Creo que tiene razón- dijo Kaze- Hoy pensé que perdíamos al profesor, pero por suerte solo fue un susto. Al final al que hemos perdido es ha Zen.
- Volverá.- dijo Haka- Ankoku quiere mucho a su hermano, y por eso ha podido entrar en la casa. Se que ese hombre ha matado personas, pero a los que quiso siempre les protegió. Les hizo daño mental, pero nunca… al menos a mi nunca… nunca me puso una mano encima… siempre pensé que nunca quiso hacer daño realmente.
Haka recordó en ese momento las palabras que Ankoku le había dicho esa mañana: “la muerte de Denki ha sido la muestra mas pura con la que he podido mostrar mi amor hacia ti.” ¿Qué significaba aquello? El profesor seguro que sabía el porque… eso dijo Ankoku. Quizás ya iba siendo hora de hablar con el profesor.
Mientras, Zen había salido por la puerta. Ankoku le esperaba junto al árbol, y miró la maleta.
- ¿Al final vendrás conmigo? No pensé que fuera tan fácil.
- Ank… hay muchas cosas que quiero saber primero.- añadió Zen.- ¿Dónde has estado y porque? ¿Es cierto que has matado?
- En el sur.-respondió Ankoku- El mejor mago de agua me ha dado lecciones de magia, pero tu no puedes ir allí, Moholva te mataría y a mi si estoy contigo. Por eso, he ido a aprender la magia del mismísimo Wasser para traerte sus enseñanzas.
- ¿Pero has matado o no?- quiso saber Zen.
- No hablaré de eso ahora- dijo Ankoku- Por cierto, ¿quién es esa?
- ¿Quién?
Zen vio como una gran rama salía de una ventana y por ella bajaba Daichi, Llevaba con ella dos maletas llenas, una de ropa y otra con comida.
- ¡Zen! ¡Me voy contigo!- dijo Daichi a medida que se acercaba a ellos- No pienso dejar que estés tu solo.
- Pero Daichi, tu también necesitarás entrenar y...- Zen no sabía que decir.
- Mi poder ya me permite comunicarme con las plantas, ellas me enseñaran a utilizarlo y evolucionarlo.- explicó ella.
- Pero quizás te aburras con nosotros- dijo Ankoku.- ¿Seguro que quieres venir?
- Si, estoy segura. Se que Kaze, Inabi y Haka estarán bien porque dentro hay el escudo, así que quiero ir con Zen.
- Pero yo no puedo permitir que vengas,- se disculpó Zen- Daichi, esto es algo personal y…
- ¡Cállate Zen-utrio! –ordenó Ankoku dandole un pequeño golpe a su hermano- niña, ¿sabes cocinar?
- ¿Que…? – preguntó Daichi extrañada por la pregunta- S…si…
- Pues bienvenida a bordo.- Sonrió Ankoku- ¡Partamos los tres!
- Oye Zen – susurró Daichi- ¿Seguro que tu hermano es un asesino? Cuando le he visto la primera vez tuve esa sensación, pero parece majo…
- Yo también opino que tiene que ser un error. No me ha querido hablar de ello.
- Bueno, vayamos a donde nos lleve. Hoy os haré un menú especial que os chuparéis los dedos- sonrió Daichi.
- ¿A sí? Tengo ganas de probar tu menú.- respondió Zen.- ¿Pero no deberías haber informado al profesor de tu partida, o algo?
- Ah… bueno, temía porque me obligase a quedarme, así que me ocupé de despedirme a mi manera.
FIN DEL CAPÍTULO XI
1 comment:
Lo de llevar a Daichi con Zen y Ankoku fue mas por cuestión de que si no Zen a partir de ahora va a tener ke salir muchisimo menos, y si va Daichi con ellos saldrá un pokitop más.
Pobrecito Zen, todavía no ha sido explotado lo suficiente...
Post a Comment